UN BANDONEÓN SÓNICO
LA OTRA CARA DE LA VANGUARDIA TANGUERA
A veces, la genialidad, el talento y el carisma de algunos artistas suelen opacar a sus pares contemporáneos, que esperan a la sombra del olvido el rescate justiciero de la historia del arte. Este es el caso de uno de los grandes compositores del tango argentino, que compartió con el mítico Astor Piazzolla, los caminos de la vanguardia. Según los especialistas, Eduardo Rovira, llevó a la música del arrabal a rupturas más osadas que el creador de “Adios Nonino” y algunos se animan a decir que pertenece a la etapa que le sigue a Piazzolla en la evolución tanguera.
El crítico musical del diario “La nación” Mauro Apicella describe a Rovira con estas palabras: “Casi siempre desprovisto de los estereotipos nostálgicos, supo mirar hacia el futuro: no sólo a partir de algún acercamiento a la composición camarística (en la que también incursionó), sino también desde la evolución propia que pudiera tener el género a través de tratamientos armónicos y, en ocasiones, con la búsqueda de sonoridades algo atrevidas para el tango de su época. Rockero sin proponérselo, usó un pedal de efectos para su fuelle un año antes de que Hendrix, Santana y varios otros músicos descargaran toda la distorsión de sus guitarras sobre el público de Woodstock”.
A diferencia de las búsquedas sonoras de Astor Piazzolla, Rovira propuso una mirada absolutamente racionalizadora del tango, despojada de cualquier coqueteo con los sentimientos. La melancolía que circula en lo profundo de sus creaciones, aparece tamizada por su sobriedad compositiva. Y sus canciones caminan por la cornisa, haciendo equilibrio entre las armonías y los contrapuntos heterodoxos y su denodado esfuerzo por hermanar la música contemporánea con los géneros populares.
UN MUCHACHO DE BARRIO DESLUMBRADO POR BACH, BARTOK, SCHÖNBERG
Los familiares de Rovira cuentan que el pequeño Eduardo nació en el seno de una familia de clase obrera y comenzó a relacionarse con la música de forma autodidacta. En los años de su juventud estudió armonía con el músico Pedro Ágilar y se fascinó con grandes compositores, de la talla de Bach, Mozart, Beethoven, Bartok, Schönberg. Por aquellos días comenzó a soñar con enriquecer el tango con algunos elementos de la música clásica. En sus primeras incursiones en el mundo de la música del arrabal, formó parte de las orquestas de Miguel Caló, Florindo Sassone, Orgando Goñi, Antonio Rodio, Osmar Maderna, José Basso, Roberto Caló y Alfredo Gobbi, y su estética caminó en aquellos tiempos por los carriles convencionales.
Hasta que en 1959, año de grandes revoluciones musicales, días en los que Miles Davis grababa el disco “Kind of blue” y John Coltrane editaba “Gian Steps”, Eduardo Rovira se hizo cargo de los arreglos del Octeto de La Plata y comenzó a experimentar con las armonías tangueras. Aquel octeto fue la base de la Agrupación de Tango Moderno, que Rovira creó a fines de 1961 y mantuvo hasta 1965.
Luego de Tango Moderno el bandoneonísta se concentró en un trío, con el que grabó el legendario LP “Tango en la universidad” en 1966, que por estos días EDUL remasterizó y volvió a editar.
Los ’60s fueron años donde Eduardo Rovira se comprometió fuertemente con la composición y la indagación sonora. Editó el disco “Sónico” en 1968 para Show Records y un año más tarde, el maestro Osvaldo Pugliese le grabó “A Evaristo Carriego”, tango del que realizó una versión profundamente conmovedora, que obligó a muchos a reparar en la importancia de la obra de Rovira.
Las biografías cuentan que sus últimos días los pasó trabajando para la banda de la Policía Bonaerense, cercado por la pobreza y la falta de reconocimiento. Hasta que una insuficiencia coronaria lo encontró a los cincuenta y cinco años y se llevó al bandoneón rabioso de Buenos Aires.
TANGOS, LITERATURA Y UNIVERSIDAD
Hace 40 años, el entonces Rector de la Universidad Nacional del Litoral, Ingeniero Cortés Plá con motivo de la inauguración de la Editorial Discográfica Universitaria, EDUL, decía: “…con el advenimiento de la reforma de 1918, a las dos finalidades perseguidas por las universidades argentinas: docencia e investigación, se había incorporado una tercera misión: la función social. Al comienzo, universidades populares, conferencias culturales o de divulgación, centraron el esfuerzo realizado. (…) Hubo también proyectos de difusión cultural mediante editoriales universitarias.(…) Hoy, surge una nueva editorial, pero esta vez y como precursora en esa orientación, es discográfica, con el propósito de producir discos long play de alta calidad artística y técnica, para difundir no sólo la música clásica y contemporánea internacional, sino, en forma marcadamente ostensible obras argentinas y latinoamericanas de auténtico valor artístico.”
Cuatro décadas después de aquellas palabras, la universidad retoma su compromiso con la edición musical volviendo a editar un disco muy caro a los sentimientos de los melómanos, como es “Tango en la Universidad” y redobla su apuesta con la selección de composiciones que integran “A Evaristo Carriego”.
“Tango en la Universidad”, es una grabación de 1966, donde Eduardo Rovira toca con el trío que formaba junto a Fernando Romano en bajo y Rodolfo Alchourron en guitarra eléctrica y con Pedro Cocchiararo en oboe. En este CD se puede disfrutar de temas como “Tango en tres”, “Solo en la multitud”, de una concepción más camarística, “Sanateando”, con toda su intrepidez, de otra versión de “A Evaristo Carriego” o del swingueo que imprime en los últimos tramos de “Ciudad triste”, de Osvaldo Tarantino.
Y “A Evaristo Carriego” es un compilado de registros de diferentes años que comienza con una bellísima versión del tema que da título al disco. Este álbum incluye un sentido homenaje del tango de Rovira a la literatura de Buenos Aires, a través de tres representantes de distintas épocas: la de Evaristo Carriego, la de Roberto Arlt y la de Luis Luchi.
Escuchar este disco nos propone un grato encuentro entre dos manifestaciones del arte: el tango y su poesía. En este compilado hay tangos interpretados por dos formaciones instrumentales, el trío que formó junto a Fernando Romano en bajo y Rodolfo Alchourron en guitarra eléctrica y la “Agrupación de Tango Moderno”: Eduardo Rovira, bandoneón, director y arreglador; Reynaldo Nichele, violín solista; Ernesto Citón y Héctor Ojeda, violín; Mario Lalli, viola; Enrique Lanoo, cello; Fernando Romano, bajo y Leopoldo Soria piano.
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