UN BESO QUE PROVOCÓ UNA CADENA
En 1950, el fotógrafo francés Robert Doisneau (1912-1994) tomó una de las fotos que lo hizo famoso. La imagen, que se convirtió en icono de esa década, se conoció en castellano como “El beso”, y muestra a una pareja besándose frente al imponente edificio del Ayuntamiento de París. Recién en 1992 se supo que esa foto, en la que el gesto de cariño posee una muy estudiada naturalidad, había sido preparada por el fotógrafo: la actriz Françoise Bonet había posado para la ocasión con su novio, Jacques Carteaud. Doisneau los había visto antes besándose en un bar, y les pidió que repitieran la escena posando para él. Igualmente preparados para la ocasión, los besos que decenas de parejas se regalaron mutuamente ayer en una esquina de Rosario tuvieron, sin embargo, un sentido que excedió lo meramente artístico-romántico. Fueron besos militantes, besos de protesta contra un acto de discriminación.
Vox Asociación Civil, organización que defiende los derechos de las minorías sexuales, organizó una “besada de la diversidad” frente a la cafetería y pool Allison, ubicada en Rioja 921, casi esquina Maipú. En ese lugar, el 12 de setiembre pasado, Jéssica, de 23 años, saludó con un beso a su novia Natalia, de 20. Y el encargado del lugar, incompleto émulo de Doisneau, les solicitó que se besaran en otro lugar, pero no para retratarlos, sino simplemente para que se fueran del bar: “Eso acá dentro no”, les dijo, pese a que otras parejas de novios hacían exactamente lo mismo que Jéssica y Natalia. Las chicas se retiraron del lugar y sí, fueron a besarse a otra parte. Por ejemplo, se besaron reiteradamente, y muy a gusto, en el hall de la Secretaría de Estado de Derechos Humanos de la provincia de Santa Fe, donde el 14 de setiembre a la mañana hicieron una denuncia por discriminación. Y ya ese día se empezó a manejar la idea de la besuqueada de protesta que finalmente se realizó ayer a partir de las 18 en Rioja casi esquina Maipú.
No será la fachada del Hotel de Ville (así se denomina en francés al edificio del Ayuntamiento de París), pero de todos modos, el frente de la pizzería, cafetería, bar, pub y pool Allison fue el escenario de una protesta que durante casi una hora interrumpió el tránsito por Rioja. Decenas de parejas se besaron los labios, se abrazaron, intercambiaron fluidos a través de sus lenguas, y se manifestaron con banderas y pancartas contra la discriminación.
Y pese a que esta suerte de escrache no incluyó otra “acción directa” más que los besos, quedó claro que las denominadas fuerzas de seguridad, y todos aquellos que sienten la necesidad de protegerse de las protestas, no renuevan sus métodos, como sí lo hacen los militantes que protestan. Ayer, un patrullero, adornado con un agente de policía muy aburrido y de pie junto al vehículo, permaneció frente a Allison hasta que los peligrosos besadores se retiraron del lugar. Y los ventanales y puertas de ese local estuvieron especialmente preparados para la ocasión: totalmente cubiertos con rejas, como para frenar la fuerza destructora, letal, de los besos que se ayer detonaron en ese lugar.
“Este es un acto pacífico. Nos llama la atención y nos da lástima ver estas rejas. Nosotros no generamos violencia, la violencia viene hasta nosotros. No tenemos nada contra la gente de Allison, simplemente eso que han hecho no se hace. A estas chicas las echaron sólo por expresar su afectividad. Esto yo mismo lo sufrí, lo sufrí en el pasado, hasta tuve que ir a la cárcel por ser gay”, señaló el titular de Vox, Guillermo Lovagnini, durante el acto de protesta que tuvo lugar ayer, que fue acompañado por música romántica, que obró como detonante de los besos. Hubo pancartas, la colorida bandera del movimiento gay, consignas escritas con lápiz de labio rojo sobre la piel, e innumerables manifestaciones de amor. “Esto no es un circo. Es para que vean que nos queremos, que nos amamos como cualquier otro ciudadano. Somos seres humanos como todos, somos médicos, policías, periodistas”, señaló Lovagnini, mientras un vehículo de Vox difundía temas románticos. Algunos transeúntes se detenían para preguntar qué estaba ocurriendo, otros se abrían paso con gesto torvo, visiblemente molestos. Y una joven pasó muy apurada, tapándose el rostro, temerosa de las cámaras o de los besos.
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