Un caso de grooming que fue denunciado pero que no prosperó
La Justicia comodorense se negó a detener a un hombre de 30 años que era sospechado de abusar de una menor. El supuesto “groomer” la había conocido a través de Internet. La historia y las recomendaciones para prevenir el abuso sexual infantil.
Ella tiene 15 años, él 30. Ella vive en Comodoro Rivadavia, él en San Luis. Se conocieron a través de una red social y ella le robó plata a sus padres para pagarle el pasaje. Un caso de grooming que fue denunciado pero que no prosperó. El Ministerio Público Fiscal desestimó el pedido de detención del sospechoso al entender que no se había perpetrado delito alguno. Sin embargo, el año pasado el Congreso incorporó el “grooming” al Código Penal y los investigadores comodorenses aseguraron que descubrieron conversaciones de índole sexual.
Según publicó el diario Patagónico, la Brigada de Investigaciones de Comodoro Rivadavia intervino en el caso la semana pasada tras la denuncia de los padres de la menor que señalaron además que notaron una faltante de dinero en la vivienda, que presumieron habría sido utilizado por su hija para pagarle a escondidas el pasaje y alojamiento al supuesto “groomer”.
El “grooming” no es otra cosa que el abuso sexual infantil a través de Internet. Así, camuflados en el anonimato de la world wide web, los “groomers” buscan a sus víctimas, ganan su confianza –a veces haciéndose pasar por chicos de su misma edad– y buscan la manera de, o bien pautar un encuentro personal, para abusar de ellos después; o bien obligarlos vía web a enviarles fotos de contenido erótico que luego las utilizan para manipularlos.
En este caso, la policía comodorense, al mando del comisario Ricardo Cerda, constató chats de contenido sexual y pidieron al Ministerio Público Fiscal un permiso judicial para detener al sospechoso, que ya había conseguido incluso, encontrarse personalmente con la joven.
No obstante, la solicitud fue rechazada y entonces los investigadores se preguntaron si acaso “¿hay que esperar a que el delito sexual se concrete –como sucedió el año pasado en City Bell– para intervenir judicialmente o se puede prevenir de algún modo?”.
El caso que sacudió City Bell
A fines de 2013, una adolescente de 15 años quedó a merced de un hombre de 28 que la raptó y violó durante dos días. La ciudad bonaerense, pegada a La Plata, aún se recupera de lo sucedido entre ese jueves 12 de diciembre y el sábado 14, cuando la policía logró detener al supuesto pedófilo gracias a la ayuda de una amiga de la víctima que fingió darse cita con el sospechoso.
El supuesto “groomer”, estudiante universitario de La Plata se había camuflado en una identidad falsa –pretendía tener 16 años– y contactado con la joven a través de Facebook. Durante tres semanas chatearon periódicamente hasta que llegó la invitación de conocerse personalmente y allí se desató el infierno para la muchacha.
¿Cómo detectar y combatir el grooming?
El groomig o ciberacoso sexual infantil puede ser prevenido sin tener que tirar la computadora a la basura, basta una mirada atenta por parte de los adultos para detectar las luces de alerta.
En cuanto a los más chicos, se reedita la vieja recomendación de “no hablar con extraños” que en la era de la información y las telecomunicaciones se traduce en “no aceptar solicitudes de amistad de personas que no se conozcan en persona”. Y esto es válido para cualquier tipo de red social: Facebook, Twitter, blogs.
Aunque actualmente existe una legislación nacional que sanciona este tipo de delitos, hasta hace muy poco inclasificable, es necesario acompañar los cambios a nivel normativo con la difusión y la educación.
Para Natalia Zlachevsky de Chicos.net y Ricardo Saénz de Argentina Cibersegura, la comunicación es clave y la mayor parte del trabajo la tienen que hacer los adultos: “Generar confianza, fijar límites, interesarse por lo que hacen los chicos, preguntarles qué hacen, quiénes son sus amigos”. Y sobre todo, hacerles comprender que no tienen que pasar por una situación de abuso solos y que tampoco es culpa de ellos.
Con una mirada aguda los adultos pueden reconocer si los niños pasan por una situación de este tipo. Según un estudio del Instituto Nacional de Tecnología de la Comunicación de España, centrado en los perfiles psicológicos de los acosadores y acosados, “el cuerpo termina hablando”.
“Nos encontramos con estados emocionales negativos, tales como ansiedad, baja autoestima, depresión, indefensión, apariencia triste, mal humor y/o ideas suicidas. La víctima expresa disgusto, miedo, soledad, frustración, estrés, irritabilidad, somatizaciones, trastornos del sueño y/o altos niveles de estrés permanente. Al mismo tiempo, evita la escuela y presenta dificultades en concentrarse, experimenta una disminución en su rendimiento académico, pérdida de interés por las actividades sociales y tendencia al distanciamiento y al aislamiento”, sostiene el estudio.
Fuente: Rosario3
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