UN CHICO DE 14 AÑOS FUE A LA ESCUELA CON UN REVÓLVER
“Seño… vimos que trajeron una pistola al salón”. El aviso de dos alumnas que cursan el séptimo de la EGB permitió ayer a las autoridades de la Escuela Nº609 Florencio Zapata advertir a tiempo que en una de las mochilas de los pibes había un revólver calibre 32 corto, con cuatro proyectiles listos para ser disparados. Tanto la maestra como la directora reaccionaron con calma y buenos reflejos y permitieron que la situación no desbordara. El incidente generó el alerta en la comunidad educativa, por lo que mañana habrá una reunión con los padres.
Ya en la seccional 13, el portador del arma -un chico de 14 años que tendría antecedentes policiales- admitió que la compró “en la zona de Lima y Godoy por 90 pesos a unos pibes de La Cerámica”. El chico deberá declarar hoy, a las 11, acompañado de sus padres ante el juzgado de Menores a cargo de Leandro Artigas.
Fue un día de clase común y corriente. Eran las 9.40 y los 26 chicos del séptimo A de la EGB ya habían regresado del primer recreo. De pronto dos niñas se le acercaron a la maestra de matemáticas, “para decirle algo”.
“Apenas me dijeron, bajé para informarle a la directora mientras otra docente de séptimo se quedó a cargo del curso”, narró a La Capital María Laura Maragliano.
Un alumno de 14 años, que se incorporó a la Nº 609 a mediados de año, había exhibido a sus compañeritos un revólver calibre 32 corto, con cuatro balas en su interior. Primero lo había portado entre sus pertenencias, pero ante la situación, el pibe lo escondió en la mochila ubicada adelante de su pupitre y que pertenecía a un compañero suyo.
Con discreción y sin generar pánico, Maragliano y la directora Alicia Rivas esperaron el timbre del segundo recreo para corroborar los dichos de los alumnos. Mientras tanto, Rivas llamó a C. (el chico que tenía el revólver) fuera del salón para mantener una conversación.
“Decían la verdad, el arma efectivamente estaba ahí”, narró la maestra. De inmediato se citó a los padres de C., mientras que la mochila negra que pertenece a L. y donde se hallaba el 32 fue colocada en un armario de la sala de profesores y puesta bajo llave.
Hasta que pudieron sacar a los chicos al recreo, María Laura mantuvo la calma e incluso siguió dando clases. “El resto de los chicos en ningún momento vio el arma, ni tampoco amenazó ni apuntó a nadie”, remarcó la maestra.
Una vez que se avisó a la policía, efectivos de la seccional 13 llegaron hasta la escuela ubicada en Perón 3890, retiraron el arma y luego todos los involucrados en la situación concurrieron a la comisaría a prestar declaración. El portador del arma de fuego se encuentra en permanencia obligatoria (figura atenuada de arresto domiciliario) por decisión del juez Artigas y junto a sus padres deberá presentarse a las 11, ante el juzgado de Menores de la segunda nominación.
El revólver estaba en buen estado, no tenía la numeración limada, por lo que la dirección balística de la Unidad Regional II está abocada a identificar a su auténtico propietario.
Según habría relatado C. en el sumario policial, anteayer a las 20 dos pibes de barrio La Cerámica estaban ofreciendo un fierro a 90 pesos en la zona de Lima y Godoy. “Lo compré para que no me pase nada”, habría declarado el menor de 14 años. Primero la escondió en su casa de Lima al 2100 y luego la llevó a la escuela para que el padre no la encuentre.
Ayer y ya entrada la tarde, la maestra no encontraba explicación a lo sucedido. “Si me preguntan por qué trajo un arma a la escuela, no sé qué decir”, se sinceró aún asombrada la maestra. No hubo disputas, peleas, ni discusiones previas. Tampoco C. tenía un perfil de “chico conflictivo”.
Pero el silencio se hace prolongado cuando reflexiona qué hubiera pasado si sus alumnos no le avisaban “a tiempo” de esta situación. “Hubo chicos de 12 años que entendieron que esto estaba mal y supieron qué hacer”, remarcó.
EL FANTASMA DE PATAGONES
El 28 de septiembre del año pasado, “Junior” irrumpió en la escuela de Carmen de Patagones y con el arma reglamentaria de su padre (un miembro de Prefectura) mató a tres de sus compañeros e hirió a otros cinco.
La tragedia de esta masacre ronda como un fantasma cada vez que se conocen casos de violencia en las escuelas. Y la comunidad de la Nº 609, no está ajena a este amargo recuerdo. “Los chicos que dieron aviso tienen registro de lo sucedido en Carmen de Patagones, que está en la conciencia de todo el país”, consideró la vicedirectora del turno tarde, Graciela Colauti.
“Uno no puede revisarles las mochilas a los alumnos, por ende es imposible frente a un hecho así saberlo”, apuntó María Laura con 31 años y 5 frente a las aulas.
Pero la preocupación por lo sucedido persiste y se siente a flor de piel entre las docentes de la Florencio Zapata. Hoy habrá una larga charla de la maestra del séptimo A de la EGB con sus alumnos y el viernes habrá una reunión de padres.
“Si yo fuera un papá, me gustaría que me digan qué pasó frente a un hecho así, porque el desconocimiento lleva al miedo y además invitarlos a reflexionar sobre las causas que derivan en un hecho de estas características”, apuntó la maestra.
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