UN CHICO DE 9 AÑOS MANEJÓ 20 KM PARA BUSCAR A SU MAMÁ
Eran las 3 de la madrugada y se subió a un Renault Kangoo. Comenzó a girar por las calles de Rufino, hasta que resolvió buscar la ruta nacional 33. Es un chico conocido en las calles de la ciudad. Tiene 9 años, vive pidiendo plata y duerme en las veredas del centro. Y esta vez salió manejando rumbo a un pueblo cercano, Amenábar, donde su madre ha formado otro hogar. Pero no pudo llegar, ya que a los veinte kilómetros mordió la banquina, cruzó la ruta y el vehículo quedó del otro lado con una rueda rota. El hecho sucedió el 26 de julio pero se conoció ayer.
Luego del accidente, el chico, que milagrosamente salió ileso, dejó abandonado el vehículo entre las poblaciones de Lazzarino y Amenábar, y buscó llegar a casa de una familia que conocía para luego proseguir a pie hacia Amenábar. La Policía cree que iba en busca de su madre.
El vehículo fue encontrado por la policía, que le comunicó el hallazgo a su dueño, Raúl Francesetti. Según las declaraciones de Francesetti, el chico habría entrado por una de las puertas del vehículo y habría utilizado la llave de encendido del auto que estaba en un cenicero.
Los que conocen a este chico destacan que “es muy despierto”. Una persona que lo había observado cuando se iba de Rufino dijo que la camioneta parecía un vehículo fantasma, sin conductor: el pequeño no era visible detrás del volante.
Más de una vez el chico fue llevado al hospital provincial. Lo confirmó el comisario Rodolfo Gómez, quien dijo haber dejado esta orden: “Si lo encuentran en malas condiciones, se lo llevan de inmediato al hospital.”
El chico habría empezado a vivir en la calle hace poco más de un mes, presuntamente luego de haber sufrido agresiones de su padre. Hace dos semanas la policía lo había encontrado de noche en una estación de servicio. Lo llevaron a la comisaría número tres y de ahí al hospital Samco, donde lo bañaron y le dieron ropa y comida. En esa ocasión le contó a la policía que su padre se emborrachaba y le pegaba.
El pibe ahora vive en las calles de la ciudad de Rufino, no quiere estar con su padre y su madre, aparentemente, lo rechaza. Tampoco está viviendo con su abuela paterna, como lo ha ordenado la justicia.
Se lo ve con facilidad, en cambio, en esta ciudad de dieciocho mil habitantes pidiendo dinero de día y cobijándose generalmente en una galería por las noches.
Anda con un gorro, por lo que se desconoce qué color de cabello tiene. Usa siempre la misma la ropa y las mismas zapatillas.
Es un caso que llama la atención en esa rica ciudad del sur santafesino, ubicada a 250 kilómetros de Rosario.
Después de la insólita y accidentada aventura de la camioneta, el chico fue llevado a Venado Tuerto, donde quedó a disposición del juzgado de Menores. El juez Alejandro Prado y una asistente social se encontraron con él y le detectaron una “leve alteración psicológica”, según aseguraron fuentes judiciales.
El juez dispuso ponerlo bajo la guardia de su abuela paterna. Pero la orden del juez no se cumple. “La abuela no lo puede dominar”, comentó un vecino. Y el pibe volvió a la calle, según el testimonio de la gente del lugar.
Ya anteriormente habían surgido problemas con su custodia. Luego de que el chico denunciara agresiones reiteradas del padre, se decidió que fuera a Amenábar a vivir con su madre, que tiene 29 años y tres hijos de su nuevo matrimonio. Según declaraciones de los vecinos, esta orden tampoco se había cumplido. Aparentemente, ambos iban a la estación de ómnibus de Rufino. Luego ella volvía a su casa, y lo dejaba en la estación.
Estos episodios fueron los que determinaron que la Justicia ordenara que el chico se quedara con su abuela paterna. Pero no hubo caso. El siguió en la calle, pidiendo comida, y durmiendo a la intemperie.
Ahora, la situación se volvió más compleja: se ha abierto una causa por robo en el juzgado de Venado Tuerto, por la aventura con la camioneta.
La relación del chico con su padre, según vecinos, fue empeorando paulatinamente con el tiempo. El padre trabaja en un campo en la provincia de Buenos Aires, y retorna a Rufino los fines de semana, y sólo de vez en cuando. Mientras que su madre ha preferido dejarlo en la ciudad y no llevarlo a su pueblo.
Por otro lado, hay una denuncia del chico por maltrato contra el padre. Este es uno de los elementos —que puede ser decisivo— que debe estudiar la Justicia.
Lo cierto es que el futuro de este chico sigue siendo un enigma.
El continúa viviendo actualmente en Rufino. En la calle.
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