UN CHICO DENUNCIÓ UN CASTIGO BRUTAL EN UNA COMISARÍA DE ROSARIO
Un joven de 20 años denunció que policías de la comisaría 12ª de barrio Ludueña lo golpearon y dejaron preso cuando, tras entrar a avisar que habían intentado robarle, protestó porque no quisieron tomarle la denuncia. El muchacho afirma que estuvo preso desde las 6 del sábado pasado hasta las 19 de ese día, cuando lo liberaron en la Jefatura de Policía. En la declaración que prestó esa misma noche en Tribunales, precisó que lo golpearon con palos, que lo tuvieron encerrado con otros detenidos y que lo esposaron para dejarlo suspendido de una pared. Ante el tenor de la denuncia judicial, que describe una sesión de tormento, una fiscal ordenó que se instruya una causa contra personal de la seccional por el delito de apremios ilegales.
La versión de la seccional contraviene lo planteado por el chico. Aducen que el joven ingresó “en evidente estado de ebriedad” a la comisaría, que insultó al personal y que, en virtud de ello, se lo dejó detenido “por disposición del secretario del juzgado de Faltas Nº 2”, por infringir el artículo 64 sobre “actos turbatorios”, en este caso los insultos contra los empleados policiales atribuidos al joven. Así lo señaló el subcomisario Gonzalo Paz.
La denuncia del muchacho fue radicada en la fiscalía en turno de los Tribunales provinciales, a cargo de Cristina Rubiolo. Allí acudió Ramón Luis Rivarola, de 20 años, acompañado por su madre. El joven expuso que ese día estuvo retenido 13 horas en la comisaría de barrio Ludueña y refirió que un grupo de policías lo golpeó. Según una fuente judicial, el chico caminaba con dificultad y fue derivado a un médico forense para que constatara si presentaba lesiones producto de la golpiza que refirió.
Ramón trabaja como albañil, levantando paredes y poniendo techos con su padre. Estudió sólo hasta completar la primaria. Vive con la madre y dos hermanos en una casa de barrio Ludueña. La experiencia que denunció reproduce un caso de tortura: asegura que le rociaron los ojos con gas pimienta, que lo suspendieron esposado de una reja con los brazos hacia arriba, lo que lo obligaba a pararse en puntas de pie para no quedar colgado. Y que le descargaron golpes que, en esa posición, le hicieron saltar las lágrimas. “Lloré del miedo, pero también por cómo me garrotearon”, le dijo ayer a La Capital.
Además de solicitar la constatación médica de los golpes, la fiscal Rubiolo ordenó que se instruyera un sumario por la agresión. Ese expediente comenzó a tramitarse ayer en el juzgado de Instrucción Nº 4, a cargo de Jorge Eldo Juárez. Entre otras medidas, la fiscal requirió que se informe del episodio y sus posibles autores al Ministerio de Gobierno de la provincia. Y solicitó que, en caso de ser identificados, se les tome declaración indagatoria a los policías implicados por el delito de apremios ilegales, que prevé penas de 1 a 5 años de prisión e inhabilitación especial por el doble de tiempo.
Ramón refirió en Tribunales que trabaja como albañil y techista. Relató que a las 6 de la mañana del sábado salía de un baile cuando se le acercó un grupo de muchachos que intentaron asaltarlo cuando él caminaba cerca de la seccional de Pedro Lino Funes 247 bis. El muchacho contó que empezó a correr y que ingresó a la comisaría para resguardarse y avisarles a los policías que habían intentado robarle.
“Quise denunciar para que los buscaran y me atendió un policía que me dijo que no podía, que fuera al otro día”, refirió R. en su testimonio judicial. El joven sostuvo que, ante la negativa del policía, él insistió: “No, pará, ¿cómo que no me vas a tomar la denuncia?”. Luego, aseguró, los efectivos intentaron introducirlo en el penal, a lo que él se resistió.
“Empezaron a tironear y un policía me iba pegando. Me metieron en un cuartito donde meten a toda la gente que traen y ahí me enojé y les empecé a decir cosas. El policía grandote que me había pegado me tiró pimienta a los ojos, me agarró de la cabeza y me tiró contra las rejas. Entonces me re enojé y le empecé a decir cosas, lo insulté”, contó en la denuncia.
Según sostuvo, fue entonces cuando un grupo de policías lo retiró del penal para golpearlo. “Me llevaron afuera. Eran unos cuantos y me esposaron. Me pegaron palazos. Me tuvieron colgando de las esposas, una en cada muñeca, de una reja y contra la pared. Ahí me tuvieron un rato hasta que las 19 me soltaron. Me llevaron en un móvil policial a otro lado y finalmente me liberaron en una comisaría grandota (en referencia a la Jefatura)”, finalizó el muchacho, quien expuso que su madre y hermanos habían ido a verlo varias veces a la seccional pero les impidieron el contacto.
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