UN CHINO DENUNCIA EN ROSARIO A UNA MAFIA DE CONNACIONALES
En una presentación con escasos precedentes ante la policía local, un comerciante chino radicado en Rosario denunció por prácticas mafiosas a personas de su misma nacionalidad en una comisaría del centro de la ciudad. En una escueta exposición, el inmigrante reveló que un grupo de connacionales le exige dinero a cambio de dejarlo trabajar. Lin Beini, tal el nombre del denunciante, precisó que “personas que tienen un grupo de mafia” lo obligan a depositar 20 mil pesos al año para poder “hacer negocios tranquilo”.
El ciudadano oriental precisó que quienes lo presionan se alojan en un hotel rosarino, aunque no los identificó. “Tengo miedo por lo que me va a pasar a mí o a mi familia”, expresó. Tras el crimen de un inmigrante chino ocurrido el año pasado en Rosario, varios comerciantes de esa nacionalidad acusaron por extorsión a una organización mafiosa que, según se presume, obliga a ciudadanos orientales a pagar protección informal no solicitada.
La denuncia fue radicada el sábado a la noche en la comisaría 2ª, de Paraguay 1123, por un ciudadano chino de 29 años que, según las fuentes, se presentó como secretario de la Asociación de Comerciantes Chinos de Rosario y precisó si realiza alguna otra actividad en la ciudad. El domicilio que fijó, de Alvear al 1000, es en realidad el de su hermana, quien en un castellano rudimentario se limitó a comentar a este diario que Lin Beini suele ir a visitarla por la mañana.
“Tengo problemas con personas que tienen un grupo de mafia. Son chinos y piden dinero para que hagamos negocios tranquilos”, reveló en la comisaría Beini, quien es secretario de la Asociación de Comerciantes Chinos de Rosario. El inmigrante dijo que los extorsionadores le piden 20 mil pesos al año a cambio de su tranquilidad. “Me llaman y dicen que me van a matar a mí o mi familia. Este grupo se encuentra parando en Rosario en un hotel o algo así. Así que tengo miedo por lo que me va a pasar a mi”, refirió.
Sin decir mucho más que eso, Lin se fue de la seccional y los investigadores ya no supieron de él. Ayer a la tarde una dotación policial fue a buscarlo al domicilio de calle Alvear, pero no estaba allí porque es un domicilio que sólo ocupa transitoriamente.
Los efectivos querían ubicarlo para que ampliara la denuncia y respondiera a una larga lista de preguntas. Pero Lin había viajado a Buenos Aires y recién va a regresar mañana o el jueves, cuando deberá ampliar sus dichos. Según un investigador, por mucho que se hable de la mafia china lo que sabe la policía de la organización está muy limitado por las barreras idiomáticas y culturales.
El comisario Sergio Coronel, titular de la comisaría 2ª, aseguró que Lin habla el castellano con bastante claridad. “La denuncia fue clara. Pero él dijo que no puede decir quiénes son” los hombres que lo presionan. En el caso interviene el juzgado Correccional Nº7.
En la casa de Alvear al 1000 vive Susi, quien dijo ser la hermana de Lin. Ella asegura que llegaron juntos desde China seis años atrás. La mujer planteó no saber dónde reside su hermano. Aseguró que Lin no trabaja en un supermercado sino que hace tareas para un abogado. En la esquina de su casa funcionó el supermercado chino Alvear, pero ella dice no tener relación con ese negocio. Lin, según contó Susi, tuvo en la Argentina “un hijo y una hija”. Sus limitaciones con el idioma sólo le permitieron añadir que ambos provienen de la ciudad china de Fuqing.
Las cuestiones económicas vinculadas a los supermercados chinos fueron el trasfondo de un violento crimen que se registró en Rosario siete meses atrás, cuando un ciudadano oriental fue asesinado, mutilado y su cuerpo arrojado a un descampado. Todo habría sido un ajuste por haberse quedado con parte del dinero que debía rendir a la mafia china de Buenos Aires. Cuatro de sus compatriotas fueron detenidos, pero todos recuperaron la libertad y quedaron libres de sospecha por el crimen. Dos de ellos, finalmente procesados por tenencia de armas, “eran en realidad víctimas de los aprietes de Gao”, dijo un informante policial.
La víctima de ese asesinato fue Gao Shen Feng, un chino de 28 años que era el “soldado” del dueño de un súper chino. Según los investigadores, su trabajo consistía en cobrarles protección informal a comerciantes chinos. El cuerpo de Gao apareció maniatado y mutilado junto a una colectora del acceso sur el 19 de julio pasado.
Gao había estado preso en Buenos Aires por extorsión y tentativa de homicidio. Al salir de prisión recaló en Rosario, donde “vivía en varios domicilios y actuaba por orden de alguien”, dijo la policía. Para los efectivos, Gao pensaba abrir un súper con otro oriental en Rivarola al 800, presuntamente con el dinero que recaudaba para la mafia china de Buenos Aires. “Es probable que se haya quedado con un vuelto y pagó por eso”, evaluó entonces un policía.
Tras su muerte, al menos tres comerciantes chinos denunciaron haber sufrido extorsiones o palizas por parte de sus compatriotas. “La cuestión de la mafia china siempre estuvo por lo bajo en la investigación. Es una organización que está relacionada con los circuitos de pago: al parecer lo que hacen es financiar la instalación de determinados lugares contra el cobro de intereses importantes, pero esto no se pudo desbaratar”, dijo a La Capital una fuente judicial.
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