UN DÍA DE FURIA
Mañana explosiva en La Boca, y no por cuestiones futbolísticas… Por primera vez desde que Carlos Bianchi asumió la conducción técnica del equipo xeneize, dos jugadores se tomaron a golpes de puño en pleno entrenamiento: Antonio Barijho y Raúl Estévez mantuvieron un entredicho que terminó en una pelea en la práctica que Boca realizó en el predio de Casa Amarilla. Fue ayer, con cercanas coincidencias con lo que puede suceder en un potrero o en una canchita de barrio, donde la intolerancia suele terminar en actitudes más violentas que profesionales.
El episodio, aislado dentro del buen clima que envuelve al plantel xeneize, comenzó poco después de las 10, cuando un grupo de jugadores, entre los que estaban Barijho y Estévez, hacía un trabajo con pelota bajo la atenta mirada de Julio Santella, preparador físico. De pronto, lo insospechado: Barijho cometió una infracción muy fuerte -y de atrás- en una acción contra Estévez y cuando éste cayó al piso rozó con la mano la cara del Chipi. Ante la queja de Estévez por la falta, Barijho lo increpó y de inmediato le tiró tres golpes de puño: el primero impactó en la nuca, al mejor estilo Tyson; los restantes no dieron en el blanco.
Diego Crosa, que participaba del ensayo futbolístico, intercedió en la riña y Santella le ordenó a Estévez que fuera al vestuario, mientras un puñado de hinchas que suele presenciar los entrenamientos no salía del asombro.
Paso siguiente: Santella llamó a Bianchi. “°Carlos, vení!”, le gritó para anoticiarlo de los hechos, pues el entrenador estaba de espaldas a la acción y trabajaba con los arqueros.
Se supo que en los vestuarios Bianchi dialogó con los jugadores y tras la práctica evitó hablar del tema. Estévez se fue, como de costumbre, sin hacer declaraciones.
“No pasó nada; no sé por qué me fue tan fuerte de atrás”, dijo con una sonrisa, pero no ante los medios de prensa. Barijho, en cambio, hizo retirar su vehículo del estacionamiento de la Bombonerita por un empleado del club para no enfrentar a los periodistas. Y se marchó por otra puerta.
“Esto pasa porque uno es fanático de Huracán (Barijho) y otro de San Lorenzo (Estévez)”, bromeó un allegado al plantel, refiriéndose a los futbolistas, que el miércoles último jugaron juntos como titulares en el empate ante Lanús, en la Bombonera. Por lo pronto, Bianchi no dispuso de un castigo para los jugadores, pero se supo que los dirigentes le solicitaron al entrenador un informe de los hechos y no descartan una posible sanción económica.
La calma de Boca se esfumó en un día de furia, con insultos y trompadas, como en un picado de potrero.
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