UN DIPUTADO BRASILEÑO TENÍA ESCLAVOS EN SU HACIENDA
Su currículum es impresionante: médico, empresario y diputado desde 1975 hasta hoy. Pero la historia de Inocencio de Oliveira, quien hasta hace un mes fue vicepresidente primero de la Cámara Baja, tiene una mancha: la justicia brasileña acaba de condenarlo por emplear “trabajo esclavo” en una de sus haciendas.
La estancia, llamada Caraíbas, queda en el interior de Maranhao. Es uno de los estados pobres del nordeste brasileño. Por todo castigo, el Tribunal Regional de Trabajo decidió que el legislador pague una multa de 240.000 dólares por las condiciones degradantes en que fueron encontrados los campesinos esclavizados en sus tierras.
La biografía del parlamentario muestra que éste ya fue titular de la Cámara entre 1993 y 1994, durante el gobierno de Itamar Franco. Y en esa función le tocó en varias oportunidades presidir interinamente Brasil. Hasta el año pasado, fue uno de los líderes más renombrados del ultra conservador Partido del Frente Liberal, que ayudó a fundar.
La esclavitud en Brasil es un fenómeno muy difundido; mucho más de lo que podría esperarse en un país cuya economía es la décimo tercera del mundo. Hay números para cuantificar esta aberración histórica y es el que cuantifica los trabajadores libertados por un grupo especial del Ministerio de Trabajo y la Policía Federal. En 2005 la cifra fue récord: 4.133 obreros rurales fueron rescatados de 183 estancias donde eran mantenidos en condiciones esclavas. La ley brasileña no permite, por ahora, penalizar con prisión a quienes someten a sus semejantes. El año pasado, el castigo consistió en el pago de indemnizaciones de un promedio de 1.800 reales por cada campesino esclavizado. En los últimos tres años hubo, en total, 219 operaciones para rescatar esclavos.
El asesor de la Secretaría de Inspección del Trabajo, Marcelo Campos, sostuvo que el problema de la esclavitud laboral es más grave en aquellas provincias donde hay una fuerte expansión de la frontera agrícola. Es decir, hay más esclavos donde es preciso desforestar el Amazonas para sembrar pasto y criar ganado: “Nosotros tenemos como los principales Estados donde hay más casos de esclavitud a Pará, Mato Grosso, Tocantins, Bahía y Goiás”. Para los especialistas del Ministerio de Trabajo las víctimas de la esclavitud son en su mayoría hombres analfabetos, seducidos con la promesa de una vida mejor. Los intermediarios llamados “gatos” les prometen “buenos salarios, buenas casas y buenas condiciones laborales. Ilusionan a los trabajadores al darles como anzuelo algún dinero adelantado. Una vez en las estancias, son impedidos mediante la coacción y la violencia de abandonar el lugar —relató Campos—. Si los capataces descubren que el trabajador quiere dejar la hacienda pueden llegar a matarlo”.
En la Cámara de Diputados de Brasil tiene en su agenda aprobar una enmienda constitucional que eleva la penalización de la esclavitud. La propuesta es expropiar las tierras del esclavista y entregarlas a los esclavizados. Hace 15 años que se tramita esa ley.
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