UN DOCUMENTAL HABLA DE LA SOCIEDAD QUE FUIMOS
Un hecho cultural, que debía servir para conjurar ciertos actos de censura, comunes hace 33 años —recortes de presupuesto y prohibición de trabajos realizados por alumnos de la Universidad del Litoral—, estuvo a punto de sucumbir y volverse… un acto de censura.
Fue por noviembre de 1970. Cineastas y publicistas porteños, habitués del Instituto Di Tella que integraban el grupo Underground, se reunieron y, en apretadas 72 horas, filmaron, revelaron, editaron y llevaron las latas de los cortometrajes hacia Santa Fe, donde, cuando los proyectaron, estuvieron a punto de ser linchados. El motivo: el ofuscamiento ante la libertad de expresión de los realizadores, que incluían un desnudo masculino frontal (el de Oscar Ferreiro, hoy acostumbrado a roles de malvado en telenovelas como Ricos y famosos y 22, el loco), por ejemplo.
La noche de las cámaras despiertas, un trabajo documental rico, por la historia y el material que rescata, termina con ese corto, polémico, de Alberto Fischerman. Los prejuicios de la época hacen que hoy no se lo vea con escándalo, ya que prima la metáfora: un hombre se va desnudando poco a poco, mientras otras manos lo atan, lo tapan, lo censuran.
A Fischerman (por entonces, director de The Players vs. Angeles Caídos —1968—) se sumaban Jorge Cedrón, Dodi Scheuer, Julio Ludueña, Miguel Bejo, Rafael Fillipelli, Luis Zanger, que dirigieron sus cortometrajes, además de Carlos Sorín, que ofició como director de fotografía. Salvo los dos primeros, fallecidos, todos participaron en este documental, además de otros privilegiados testigos en un local de la Unión Ferroviaria en Santa Fe, como el guionista Jorge Goldenberg.
La idea del debate, para lo que fueron hechos los cortos, se truncó ante la respuesta del público de lo que veía, obras experimentales de gente que provenía más del campo de la publicidad que del cine. Y entre militantes —recordar la ¿falsa? dicotomía entre el cine político que alentaban Solanas y Getino y el de vanguardia—, estudiantes y gente común, queda claro la efervescencia del momento, y la escasa predisposición por escuchar al otro. En ese sentido, el documental habla como pocos de una sociedad argentina.
La inclusión en el documental de las publicidades de Ford (Falcon, para más datos), como una suerte de separadores, no hace más que alimentar el fuego de la historia, a la que los protagonistas enriquecen pero también niegan… La memoria juega a favor y en contra, y precisamente contra la falta de memoria en general es que La noche de las cámaras ocultas es un filme necesario.
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