Un dolor en 3D
La despedida de la Argentina en Sudáfrica 2010 tal vez signifique el final de un ciclo futbolístico, pero en términos televisivos puede abrir una etapa extraordinaria. Ayer, el último partido jugado por nuestro seleccionado en el Mundial fue el primero que pudo verse en directo y en 3D en algunos de los cines de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires que venían emitiendo en pantalla grande los partidos del equipo de Diego Maradona. Ahora, a la imagen perfecta en alta definición y el sonido digital se agregó la herramienta tecnológica para el entretenimiento más poderosa de los últimos tiempos: la posibilidad de ver fútbol en tres dimensiones, con anteojos especiales.
A sala casi llena, periodistas e invitados especiales (entre ellos, La Nacion) siguieron el partido junto al público en el complejo Cinemark Palermo. Como en los partidos anteriores abundó el cotillón celeste y blanco (además de gaseosas y pochoclo por cortesía de los organizadores), pero en este caso se dejó de lado la emisión de DirecTVSports, con Pablo Giralt y Juan Pablo Varsky, que se venía ofreciendo hasta aquí en los cines. Ayer, la imagen llegó con el audio original del campo de juego, pero se agregaron, como hecho llamativo, relatos y comentarios realizados desde el propio cine a cargo del periodista Hugo De Cucco.
Hubo que colocarse los anteojos especiales mucho antes de que empezara el partido. Al entrar en la sala, desde la pantalla se proyectaban imágenes del campo de juego y las plateas con las clásicas imágenes distorsionadas que sólo se corrigen cuando se llevan puestos los lentes para ver en tres dimensiones. Los más madrugadores vieron, por ejemplo, que la toma preferida de las cámaras en el corazón de la parcialidad albiceleste coincidía con el lugar en el que estaba ubicado el peluquero Roberto Giordano.
Cuando se puso en marcha el partido, ese contacto inicial con el fútbol en 3D dentro de un cine dejó primeras impresiones únicas: los papelitos que vuelan en la cancha parecen hacerlo en el medio de la sala; los perfiles de los jugadores se recortan en el campo y entregan una sensación de profundidad asombrosa; el espectador se siente directamente dentro de la cancha cuando las cámaras eligen registrar de cerca una jugada.
Todas estas maravillas, únicas y asombrosas, imposibles de ver en cualquier otra transmisión convencional (aún las casi perfectas en HD de este mismo Mundial) constituyen un irresistible atractivo para todo aquél que quiera observar la magnitud y el colorido del fútbol como insuperable espectáculo visual.
Sin embargo, quienes quieran seguir un partido en 3D con espíritu más analítico podrían encontrarse con más de una complicación. Ayer quedó en claro que se hace muy difícil con este sistema seguir las jugadas cuando toman velocidad desde una perspectiva panorámica. Cuando la acción se acelera, los jugadores y la pelota se mueven de forma tal que el efecto 3D termina muchas veces deformándolos y convirtiéndolos en un puñado de rayos horizontales luminosos. La necesidad lleva así a concentrarse en planos mucho más cercanos e impactantes, pero que pierden de vista el cuadro general. Así ocurrió en dos de los goles alemanes, que con la transmisión convencional seguramente pudieron verse con mayor claridad. La misma claridad con la que se vieron las lágrimas de los hinchas argentinos al final del partido. La tristeza no era sólo de quienes estaban en la cancha. También recorrían el cine, a pesar de la oscuridad y de los anteojos. Un dolor en tres dimensiones.
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