UN DURO CRUCE QUE REAVIVA LA TENSIÓN ENTRE EL GOBIERNO Y LOS OBISPOS
La relación entre el Gobierno y la Iglesia volvió a tensarse en las últimas horas, a pesar de que de un lado y otro habían procurado aquietar las aguas luego del caso Baseotto.
Ayer, en efecto, hubo un nuevo pico de tensión: la Casa Rosada salió a responder, en términos muy fuertes, a los reclamos de la Pastoral Social por la situación de los más pobres y los cuestionamientos a la clase política a raíz del tema de los sobresueldos. Fue el ministro del Interior, Aníbal Fernández, el encargado de transmitir la postura oficial.
Fernández señaló que los obispos “sólo diagnostican” pero “a la hora de colaborar no se los ve muy decididos”. Fue mucho más gráfico el ministro, apelando a una metáfora náutica: “El remo no se lo agarran a nadie, no se suben al bote ni dicen ‘dejame el remo un rato a mí y yo también remo'”.
Fuentes cercanas a Fernández se encargaron de aclarar luego que el ministro se refería puntualmente al titular de la Pastoral Social, monseñor Carmelo Giaquinta, quien el fin de semana, en una jornada realizada en Mar del Plata, había asegurado que “no se hicieron reformas importantes desde 2001″1.
En la apertura de esas jornadas, donde participaron empresarios, políticos y gremialistas, Giaquinta se había manifestado preocupado por lo que definió como “pasividad ciudadana”. Según el obispo, eso “tiene consecuencias mucho peores que el insoportable peso de la deuda pública, que se puede renegociar, o las secuelas del terror de Estado de la dictadura, que se pueden llorar”.
Aquella frase le valió una primera respuesta del Gobierno, vía el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli. “Sólo un inconsciente o un irresponsable puede comparar la situación social actual con la dictadura militar. Nos hubiera gustado escuchar al obispo hacer este tipo de declaraciones cuando los militares asesinaban gente”, dijo el sábado último Parrilli.
El domingo, también en la jornada de Mar del Plata, la viceministra de Trabajo, Noemí Rial, dijo lo suyo: “Si el Gobierno no hubiera hecho nada, la Argentina estaría incendiada”. Fue otra respuesta al titular de la Pastoral.
Semejante contraataque oficial permite inferir que no se trató de declaraciones espasmódicas, lo que hace suponer que el presidente Néstor Kirchner haya hecho un guiño para que sus funcionarios salieran a hablar.
Giaquinta venía de tener otro choque con el Gobierno, cuando cuestionó la manera en que maneja la relación con la Iglesia y acusó a Kirchner de gobernar con “la ley del chicote”.
El caso de Antonio Baseotto, a quien el Gobierno le quitó el aval como obispo castrense por sus poco felices declaraciones contra el ministro Ginés González García, había tensionado la relación con el Vaticano. Luego Kirchner prefirió no concurrir a la exequias del papa Juan Pablo II pero sí visitó Roma cuando asumió Benedicto XVI.
Las fuentes consultadas ayer por este diario fueron muy claras sobre los motivos que derivaron en la decisión de salir a responderle a Giaquinta. “No podemos no contestar algo que nos hace daño y, encima, que no es verdad”, dijeron las fuentes, en referencia a los dichos del obispo.
Fue en esa línea que Fernández dijo ayer: “A mí como cristiano me duele mucho”. Y agregó: “No pretendo que alaben al Gobierno; solamente que colaboren”.
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