UN EMPATE QUE MOSTRÓ LAS DOS CARAS DE RIVER
Está permitida la contradicción en el fútbol. Por ejemplo, se puede decir que River debió ganarle con comodidad a Gimnasia. Porque tuvo doce o quince oportunidades netas para marcar (incluso una triple). Porque el equipo de Griguol llegó al Monumental con la exclusiva intención de aguantar, replegado sobre su campo, con ocho integrantes dispuestos a defender, y apostando a la seguridad del arquero Olave. Pero se puede agregar que, a pesar del dispositivo de cautela, el primer gol lo hicieron los visitantes. Y que el rendimiento general de River no fue bueno. Que no tuvo actuaciones individuales destacadas (apenas la levantada de Mascherano en el segundo tiempo y algunos aciertos de Lucho González) y que sólo exhibió temperamento ganador profundo en los últimos minutos, tras recibir el tanto de Germán Castillo y aun luego del propio, de López, cuando el partido estaba en los tramos finales y las tribunas atronaban de aliento y de exigencia.
¿Se pueden crear tantas situaciones de gol sin jugar bien? Todo es posible en el mundo del fútbol. Si se aclarara, por ejemplo, que Gimnasia le cedió, peligrosamente, la iniciativa y el terreno, apretándose sobre su área, y esto posibilitó las llegadas reiteradas —más en el segundo tiempo que en el primero— del equipo local. Pero la repetición de la fórmula a través de la proyección vertiginosa de Ariel Garcé le quitó claridad y sorpresa a los intentos. Coudet se corría hacia el centro para abrir espacios y se encimaba con Montenegro y el retroceso de Cavenaghi. Y éste, al contrario de su mejor virtud, acertaba mejor en las cesiones que en las jugadas de definición. Y algo parecido le ocurría a Montenegro, quien iniciaba bien las maniobras y se diluía en la llegada al área. Así fue que tuvo la chance Juan Fernández, a los 25, tras una pared con Cavenaghi. Pero lo trabaron. Y un centro de Cavenaghi (?) que Sand se llevó por delante y neutralizó Olave. Y un tiro de Cavenaghi desviado.
Mereció sacar ventaja River en esa primera etapa. Sólo la calma y la ubicuidad de Yllana le daban refrescos esporádicos al movimiento de Gimnasia. Por lo demás, sólo un tiro cruzado de Rueda que cortó Costanzo, abajo, fue la única cuota ofensiva que aportaron los visitantes. En la segunda, el vuelco de River sobre la zona de Olave se hizo furioso. Gimnasia esperaba en su área y se conjugaron tres factores para que no se produjera el gol de River: el azar, principalmente, pero también el apuro para concretar, aun en posiciones incómodas y el creciente rendimiento de Olave (falló al salir en un par de pelotas cruzadas) bajo los palos, hasta transformarse en figura.
El arquero salvó ante Lucho González, a los 6. Enseguida falló Coudet en inmejorable posición. Luego se produjo la triple salvada. Remató Coudet y rechazó Olave. Otra vez Coudet y la sacaron casi de la línea. Insistió Cavenaghi y nuevo rechazo salvador. Enseguida, un disparo de González pegó en el travesaño y el rebote lo conectó Montenegro, de cabeza, por encima del arco. Las oportunidades se reiteraban. Gallardo entró por Sand, pero quedó lejos de su nivel-promedio. Sin embargo, el gol de River se olía. Hasta que llegó el lapso de la relajación, quizás como consecuencia de las frustraciones. Fue entonces cuando Gimnasia se animó a salir de la cueva. Y, sorpresivamente, llegó al gol, a los 39. Bartelt (había entrado por Rueda) peleó la pelota ante Ricardo Rojas y Germán Castillo (reemplazante de Cristian, su tocayo) metió el derechazo milagroso. Aparecieron, entonces, los minutos de la desesperación. Hasta que tras una media vuelta de Cavenaghi (al borde del offside), rechazada por Olave, le permitió a Maxi López (sustituto de Coudet) empujarla hacia el empate, que alivió pero no alegró.
Gimnasia se fue feliz. Y River, con el temor de que estos puntos perdidos se paguen después.
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