UN ESTUDIO ALERTA SOBRE EL RIESGO DE MUERTE SÚBITA SIN SÍNTOMAS CARDÍACOS
Las personas sanas cuya frecuencia cardíaca es demasiado rápida cuando están descansando y demasiado lenta cuando hacen ejercicio tienen más riesgo de muerte súbita que las personas con ritmos normales. Así lo reveló un estudio realizado en Francia y publicado ayer en los Estados Unidos.
La muerte súbita por causas cardíacas es un problema de salud considerable en el mundo occidental. En Estados Unidos, por ejemplo, cada año mueren entre 350 a 500 mil hombres y mujeres por esa causa, lo que significa entre un 5 y un 10% del total de fallecimientos. En la Argentina no hay estadísticas. Sin embargo, según el cardiólogo Roberto Pietro, miembro de la Sociedad Argentina de Cardiología, si existieran serían muy similares a las norteamericanas.
“Entre el 80 y el 85% de las muertes súbitas se producen por problemas cardíacos. Y en personas mayores de 40 años, como son las que participaron de este estudio, el porcentaje es aún mayor”, explicó Pietro. “Hasta ahora se creía que los estudios de ejercicio no tenían valor, pero este estudio demuestra que sí lo tiene. La novedad es poder mostrar algo después de tantos años de seguimiento”, agregó el médico especializado justamente en muerte súbita.
El estudio se realizó en París entre 1967 y 1972 y su dirección estuvo a cargo del doctor Xavier Jouven, profesor de Cardiología y Epidemiología del hospital Georges Pompidou de París. Durante esos años un total de 5.713 empleados públicos de la ciudad, de entre 42 y 53 años, fueron evaluados mientras realizaban ejercicio físico. Ninguno de ellos tenía enfermedades cardíacas. Los investigadores analizaron sus ritmos cardíacos, particularmente cómo aumentaban desde el estado de reposo al de mayor esfuerzo, y cómo disminuían después.
Durante el período de seguimiento, que duró 23 años, 81 participantes murieron repentinamente. Analizando los resultados los investigadores llegaron a la conclusión de que el riesgo de muerte súbita por infarto de miocardio aumentaba cuatro veces en aquellas personas que durante el reposo tenían una frecuencia cardíaca mayor a 75 latidos por minuto. Lo mismo sucedía con aquellos que al contrario, durante el período de ejercicio su frecuencia era menor a 89 latidos por minuto. En aquellos pacientes que una vez terminado el ejercicio su corazón no reducía lo suficiente sus latidos, es decir menos de 25 por minuto, el riesgo de sufrir un infarto aumentaba dos veces.
Pietro advirtió que los resultados del estudio son sólo una estadística, y por lo tanto, hay que tomarlos como tal. “Tampoco hay que pensar que por tener más de 75 latidos por minuto una persona va a tener un infarto. Es sólo un factor más, como lo son la presión alta, el colesterol y la diabetes. Hay que verlo en su contexto”, agregó. Sin embargo reconoció que este dato (el de la frecuencia cardíaca), que se obtiene mediante una simple ergometría, sí sirve para tomar medidas preventivas, como son controlar la presión arterial y el colesterol, vencer la obesidad y el sedentarismo, disminuir el consumo de grasas y abandonar el tabaquismo.
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