UN ESTUDIO DE LA UNESCO CONFIRMA QUE EMPEORA LA CALIDAD EDUCATIVA
A una gran parte de los adolescentes argentinos le cuesta entender un texto, aunque sea bastante elemental. Pero más difíciles le resultan la matemática y las ciencias. Esto surge de un estudio realizado por la UNESCO y la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE) entre estudiantes de 15 años de edad de 41 países, desde los más ricos hasta otros de precarios recursos. En ciencias, los argentinos están ahí nomás de la cola: en el puesto 37°. En matemáticas apenas les fue mejor: quedaron en el 34°. Y en comprensión de textos, en el 33°.
El dato no sorprende. Hace tiempo que la calidad educativa viene barranca abajo. Hay, por supuesto, indicadores para explicarla. El presupuesto educativo tendió a la baja o a permanecer estable frente a un crecimiento vegetativo de la población en edad escolar. Se educan más chicos pero con menos fondos. En muchas jurisdicciones se pierden días de clase, con lo que se reduce la carga horaria. Por la crisis, los establecimientos se vuelven lugares de contención más que ámbitos de aprendizaje. Los docentes perdieron no sólo salario sino posibilidad de capacitación.
Las consecuencias son visibles. Ya la última evaluación educativa a nivel nacional divulgada sobre datos de 2000 señalaba que sólo un tercio de los alumnos secundarios que terminaba la escuela media estaba cerca de adquirir los conocimientos básicos e indispensables en ese nivel de educación.
La confirmación de este cuadro llegó ayer, esta vez de la mano de un estudio internacional. La investigación de la UNESCO revela que el 44 por ciento de los adolescentes argentinos de 15 años tiene serios inconvenientes para comprender textos sencillos. Es más: sólo el 2 por ciento de los alumnos evaluados aquí entendió a la perfección los materiales que debieron leer.
De la evaluación, lo que más interesaba medir era el ítem de comprensión de textos. Por eso, el 60 por ciento de las preguntas y ejercicios estuvo relacionado con esos temas. El 40 por ciento restante se dividió en partes iguales entre ciencia y matemáticas.
En ciencias, en promedio, los adolescentes criollos hicieron 396 puntos. Los de Corea y Japón, en cambio, sacaron un promedio superior a los 550 puntos. En matemática sucedió algo similar. Los chicos de aquí cosecharon en promedio 388 puntos. Los de Hong-Kong hicieron 560 y los de Japón, 557.
El ministro de Educación, Daniel Filmus, dijo anoche a Clarín que la baja performance de los alumnos “se revierte tomando a la cuestión docente como central, mejorando las condiciones de trabajo y de formación de base de los docentes”. Y agregó: “Hay desigualdades muy profundas entre distintas regiones del país. El ministerio tiene la responsabilidad de compensar esas desigualdades y apoyar a los que menos tienen”.
La primera evaluación de este tipo se hizo en 2000 en 32 países. A raíz del interés que despertó, al año siguiente la Argentina y otros ocho países pidieron que también se les tomaran estas evaluaciones. A estas pruebas se las conoce como “Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes (su sigla, en inglés, es PISA) y se las ideó para calibrar “en qué medida los jóvenes de 15 años que se aproximan al fin de la escolaridad obligatoria están preparados para satisfacer los desafíos de las sociedades de hoy”, según explica el informe realizado por UNESCO y OCDE.
Aunque ayer en las oficinas de la OCDE en París informaron a Clarín que en todos los países la cantidad de estudiantes evaluados variaba entre los 4.500 y los 10.000, en el Ministerio de Educación precisaron que en la Argentina se evaluó a 3.983 alumnos en noviembre de 2001. Estos adolescentes estudiaban en 156 escuelas y colegios de todo el país. Aunque los exámenes también se tomaron en establecimientos privados, se evaluó a la gran mayoría de los alumnos en escuelas estatales. ¿La razón? El estudio, así, sería más representativo, ya que la mayoría de alumnos del país va a establecimientos públicos.
En las pruebas de comprensión se les entregaron a los alumnos unos cuadernillos con textos “continuos” (un cuento, una nota periodística) y “discontinuos” (folletos, volantes, publicidades). Después, según el grado de comprensión que habían mostrado, se los evaluaba con notas que iban de 1 a 5.
La nota más baja indica que los estudiantes sólo pudieron completar la lectura de los textos menos complejos de todos los que se les dieron. Apenas lograron hacer una conexión elemental entre lo que habían leído y su conocimiento cotidiano. El nivel 5 indicaba que habían sido capaces de completar lecturas sofisticadas y de hacer una evaluación crítica del texto y hasta construir hipótesis. A aquellos que no alcanzaban ni el mínimo puntaje se los calificó con menos 1: ni siquiera fueron “capaces del tipo de lectura más básica que el programa pretendió medir”.
El 2 por ciento de los alumnos argentinos alcanzó el nivel 5. El 9 por ciento se ubicó en el nivel 4, el 20 por ciento en el 3, el 26 por ciento en el 2, el 21 por ciento en el 1 y el 23 por ciento en el menos 1.
Para el Ministerio de Educación, los resultados no fueron sorpresivos pero sí preocupantes. De todos modos, tampoco —dijeron— son para rasgarse las vestiduras. “Si se comparan con los resultados alcanzados por los chicos de otros países de la región, nosotros estamos mejor”, sostuvieron. La Argentina está 33ª, delante de México (35°), Chile (36°), Brasil (37°) y Perú (41°). En matemática, la Argentina también se ubicó —con el puesto 34°— delante de esos países. En ciencias, ocupó el 37°, detrás de México (34) y Chile (35) y delante de Brasil (40) y Perú (41).
La evaluación reveló que a las chicas argentinas les fue mejor que a los varones. Las estudiantes consiguieron hacer, en promedio, 44 puntos más en comprensión de textos, 14 más en ciencias y 3 más en matemática. Sin mayores precisiones, el informe sostiene que la Argentina es uno de los 8 países en los que se notaron “las mayores disparidades en aptitudes de lectura entre los alumnos de familias ricas y pobres”.
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