UN GESTOR DEMASIADO RÁPIDO
El designado secretario de gobierno de la Municipalidad de Santa Fe es el doctor Pablo Elías Abraham. Sin embargo más allá de su presentación formal y de que manejará justamente una cartera habitualmente dirigida por abogados, no lo es. Es médico. Es más, estudió durante algunos años en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario. Por aquí muchos recuerdan su paso, aunque no por su perfomance descollante sino por el modo como debió abandonar la facultad de avenida Francia y Santa Fe: expulsado por haber falsificado actas de exámenes. El delito no es menor y no quedó sólo en un sumario interno sino que derivó en un expediente en la justicia federal. Justamente el 18 de diciembre de 1996 (tal como se reproduce en el facsimil de Rosario/12) “el Tribunal Federal de Rosario condenó a la ex no docente Laura Alejandra Encina y al ex estudiante de Medicina, Pablo Elías Abraham, a tres años de prisión en suspenso, al encontrarlos culpables del delito de adulteración de actas de exámenes en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario”. Abraham fue condenado pero mantuvo su libertad, por haber estado en prisión 8 meses por “falsedad documental en forma reiterada y falsedad ideológica reiterada y en calidad de instigador”.
El Tribunal acordó, por mayoría y en forma definitiva, hallar a Abraham “autor plenamente responsable” de los delitos antes descriptos, fallo que su abogado Eduardo Jauchen -el mismos que patrocina el ex arzobispo de Santa Fe Edgardo Storni- solicitaron la absolución de culpa y cargo para su representado. Simultáneamente, tanto los padres como los imputados, coincidieron en señalar la existencia de “animosidad hacia ellos, y que fueron buscados como chivos expiatorios”.
Lo cierto es que Pablo Elías Abraham, será desde el próximo 11 de diciembre, el nuevo Secretario de Gobierno de Martín Balbarrey, el intendente electo de Santa Fe. Esta designación provocó minutos después de conocida, numerosos mensajes en las radios y las redacciones de medios santafesinos que recordaron el pasado judicial de Abraham.
Esto disparó que el propio Balbarrey saliera públicamente a defender a su designado secretario -que además exhibe el parentesco de cuñado- argumentando que “ya cumplió su condena, y no hay ninguna disposición legal, que le impida trabajar”, según publicó ayer el portal Notife.com.
A decir verdad Balbarrey no publicitó entre los méritos de su defendido y futuro secretario, su pasos por la Universidad Nacional de Rosario. En su presentación sólo reseñaba que tiene 33 años, el título universitario de Médico Cirujano, además de un posgrado en Management para profesionales de la salud en la UADE (Universidad Argentina de la Empresa). De igual modo en su curriculum vitae figura un “Curso de Perfeccionamiento en Organización y Gestión de Servicios de Salud” en la UADE, otro en la Scuola di Direzione Aziendale della Universita Luigi Bocconi, y un Curso interactivo de management para profesionales de la salud, un Seminario internacional “Soluciones Globales en salud” en la UADE, y otro en Administración estratégica de las ONG de salud”.
En tanto su actividad actual es la de director del Sanatorio privado San Gerónimo, así como de San Gerónimo Servicios de Salud – una empresa de medicina prepaga- y director del Sanatorio Santo Tomé y presidente de la Fundación San Gerónimo. También es miembro de la Comisión Directiva de la Asociación de sanatorios, clínicas y sociedades de asistencia médica de Santa Fe.
Cabe recordar que la causa en la que estaba involucrado Abraham tomó estado público a mediados del año 95 cuando el decano de Medicina, Oscar Schroeder, denunció ante la justicia federal irregularidades detectadas en actas de exámenes de esta carrera. El 9 de junio del año pasado, Schroeder presentó pruebas sobre la falsificación de actas y el presunto cobro de entre 300 y 500 pesos por la venta de exámenes en distintas cátedras, como Urología, Medicina Legal y Medicina Preventiva. Estas anormalidades fueron acercadas por alumnos que no entendían cómo algunos estudiantes, continuaban sus estudios regularmente pese a haber sido reprobados o no haber rendido determinadas materias.
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