UN GOL DEL BURRITO LE PERMITIO AL EQUIPO DE GALLEGO ALCANZAR A RIVER EN EL PRIMER PUESTO
Pasaron nueve partidos. Más de 800 minutos de fútbol y Newell’s está ahí: mezclado en la pelea grande. Celebra, entonces, Gallego con la sonrisa ancha, desbordaba. Lo acompaña Ortega con gestos medidos, casi imperceptibles. Los dos saben de gestas y celebraciones. Y, a juzgar por los resultados, están empeñados en ir por más. No se conforman con repasar instantáneas del pasado.
Hay razones para entender por qué está puntero Newell’s, aunque más no sea hasta mañana. Encontró un arquero sólido, de esos que salvan partidos. La defensa por momentos parece inexpugnable (anoche Sebastián Domínguez fue figura) y en algunos pibes —Belluschi, Scocco, Marino— se adivina un regreso a las fuentes. Y claro, también lo tiene a Ortega. El as de espadas que quisieran atesorar todos los equipos del fútbol argentino.
Anoche la víctima fue Estudiantes. Toda una prueba superó Newell’s. De carácter y de fuego. Enfrente tuvo un rival incómodo, que llegaba invicto a Rosario. Y no lució Newell’s, le costó más de la cuenta, pero tenía que ganar y lo hizo. Y ahora mira al resto desde arriba junto a River.
Por el ritmo intenso, por las llegadas a los arcos, por aquel ida y vuelta, el desarrollo había generado ilusiones en el comienzo. Pintaba para gran partido por entonces. Pero de a poco, a medida que se fueron acomodando las piezas en el tablero, los espacios empezaron a achicarse. Y el nivel decayó. Y, de hecho, la primera etapa terminó envuelta en imprecisiones de un lado y del otro.
Estudiantes había cumplido bien su misión de desdoblarse. Con dos líneas de cuatro capaces de ubicar de pronto a nueve hombres por detrás de la posición de la pelota a la hora de defender. Y de golpe salía, a puro pelotazo, para buscar el contraataque vía Pavone y Maggiolo. Y así, en el comienzo, a toda velocidad, el equipo de Mostaza Merlo tomó mal parado al fondo de Newell’s. Y le dio unos buenos sustos al paraguayo Villar…
Emergió después Newell’s por una pizca de movilidad de Ortega (bien tomado en zona, con Meléndez a la cabeza), por Marino, por Belluschi… Pero se cerraba bien Estudiantes y entonces al equipo del Tolo Gallego no le quedaba otra que probar desde afuera. Y así lo hicieron Marino (tres veces), Belluschi (dos), Maidana y Scocco, cuyo disparo fue el más peligroso del primer tiempo: Herrera lo desvió al córner.
El Burrito fue de punta en el complemento y bajó Scocco para conducir. Pero Ortega no ejerció su influencia en el marcador a partir del cambio de posición. Lo hizo por otro motivo. Porque Cardozo lo bajó a Belluschi en el área y hubo penal. Y a los 10 minutos del segundo tiempo, entonces, Ortega volvió a gritar un gol en el fútbol argentino después de casi dos años y medio.
Y Newell’s, que andaba a media luz, se puso 1-0 arriba. Y se aferró a la victoria con uñas y dientes. Merlo movió el banco para exhibir un Estudiantes más incisivo con Carrusca, Sosa y Silvani, y Newell’s terminó peligrosamente cerca de su arco. Pero ganó. Y fue puro desahogo.
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