UN GOLAZO DE COUDET ASEGURÓ EL TRIUNFO POR 4 A 1, QUE ESTUVO EN PELIGRO EN EL SEGUNDO TIEMPO
La contundencia tapó todo. La falta de brillo en la elaboración del juego, las intermitencias, las dudas del segundo tiempo cuando River dejó crecer a un rival que estaba casi vencido. Todo. Absolutamente todo. Y Libertad no lo pudo impedir. Al final fue 4-1. Y las sonrisas de jactancia fueron las que terminaron adueñándose del Monumental.
Pese a recurrir a una búsqueda vertical, que por repetida carecía de sorpresa; pese a insistir por el medio y consecuentemente chocar una y otra vez; pese a que la sociedad entre Lucho González y el Rolfi Montenegro no terminaba de transformarse en el motor adecuado del funcionamiento colectivo; River se las había arreglado para erosionar al fondo de Libertad y empezar a ganar.
Y cuando quedó arriba en el marcador, también quedó mejor posicionado en cuanto a las respuestas espirituales de unos y otros. Tras la apertura con aquel cabezazo de Coudet enseguida tuvo el segundo Luis González. Y en realidad fue gol porque el disparo de Lucho dio en el travesaño y la pelota picó dentro del arco visitante antes de salir. Pero el asistente número 2, Cristian Julio, no vio nada y el árbitro Carlos Chandía mantuvo el 1 a 0.
La firmeza de Ameli atrás, la ubicuidad de Mascherano en el medio, y la permanente movilidad de Cavenaghi y Salas adelante, eran suficientes argumentos para que River justificase el triunfo ante un rival que no salió a esperarlo atrás. Incluso, sin ser bien abastecido, Cavenaghi siguió mostrando su lucidez también en el complemento.
Libertad le planteó la pulseada en el medio al equipo de Astrada y aunque no podía asustar a Costanzo, porque se trata de un conjunto con mucho esfuerzo y pocas luces, al menos le complicaba el proceso de construcción de juego a River. Ariel Garcé iba mucho pero aportaba poco. Hasta que sobre la expiración del primer tiempo metió un centro exacto para Cavenaghi y el implacable goleador no perdonó. Otro gol, fue el 2-0, y también de cabeza. Todo un mérito de River, al fin y al cabo, si se tiene en cuenta la histórica capacidad en el juego aéreo que suelen exhibir los equipos paraguayos.
Un rato antes Pedrinho había sacudido el travesaño de Costanzo con un remate desde fuera del área, y la pelota volvió a picar dejando dudas, aunque en este caso no ingresó en el arco y acertó el juez. Pero Pedrinho solo no alcanzaba para las pretensiones de Libertad. Por las dudas, salió atento Costanzo ante un arribo de Centurión en la secuencia previa al 2-0.
Cuando daba toda la sensación de que River ya había abierto las puertas de la goleada, en el segundo tiempo descontó Morinigo. Y entonces quedó expuesto River a un ida y vuelta peligroso. El golpe por golpe podía darle el tercero o bien estacionar el resultado en el casillero del empate.
Ya con José Sand por Salas, River iba y acariciaba el gol. Pero se exponía mucho en el fondo y Libertad no se conformaba. También iban y en masa los paraguayos. Acaso con más ímpetu que claridad, pero lo cierto es que a esa altura del partido el triunfo todavía era demasiado volátil como para que asomase la calma. Hasta que llegó el golazo de Coudet, que la picó por encima del cuerpo del arquero Villar. Y asunto liquidado.
Ese gol, que sirvió para el reencuentro entre la gente y Coudet (que aportó mucho despliegue y terminó siendo la figura de la cancha), representó además el alivio, el desahogo final. O casi, porque faltaba el cuarto, el de Lucho González en… ¿el día del adiós? El tema es que la contundencia tapó todo. Y por eso, en los últimos retazos de la noche River esbozó una sonrisa jactanciosa, la primera en esta Copa.
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