UN JOVEN DEBIÓ SER HOSPITALIZADO TRAS INGERIR RESTOS DE UNA RANA EN UN HELADO
Un muchacho de 16 años estuvo internado por un cuadro de intoxicación por haber ingerido un helado que tenía restos de una rana. Su padre acudió a la fábrica y lo trataron de “negro inundado que come ratas y cucarachas”.
El hecho ocurrió hace unas semanas y se convirtió en un drama que la humilde familia debió sobrellevar hasta tener certeza del origen del estado de salud del joven. Su padre, Jorge Rodríguez, relató a La Capital que “después de cenar acostumbramos mirar televisión comiendo algún postre”, un cuadro familiar que en esta ciudad se vio fortalecido después de la tragedia del río Salado, principalmente en el barrio Alfonso, en el oeste de la capital, donde el agua sobrepasó los techos.
Los Rodríguez nunca pensaron que ese momento en que se juntan se convertiría en la noche del jueves 21 de octubre en una odisea que todavía no ha terminado.
En la tarde de ese día al regresar a su hogar, Jorge hizo su habitual paso por el almacén para comprar algo para cenar y tres bombones helados para sus hijos. “Después de comer nos acomodamos para ver algo de televisión, con la luz apagada mientras los chicos saboreaban sus helados. De pronto, mi hijo mayor, Fernando, me dijo que el suyo parecía estar relleno con granizado, o algo así. Lo muerdo para probar y mastico algo que no duro de cortar, pero no era granizado. Encendimos la luz y vimos una pata de rana con sus tres deditos”, explicó.
“Era lo que yo había mordido y no pude cortar -prosiguió-. Pero nos dimos cuenta que la otra parte de la rana que faltaba se la había comido mi hijo”.
Dolor estomacal
Al día siguiente, Fernando tuvo un fuerte dolor de estómago al que la familia no prestó gran atención porque el adolescente suele padecer esos síntomas con frecuencia. “Siempre fue de tener una digestión complicada, por lo que la madre le dio un té antes de irnos a trabajar y mis hijos a la escuela, pero nunca se nos ocurrió que podía ser una intoxicación relacionada con el helado”, señaló.
“Ese día le comenté al muchacho del almacén, con quien nos conocemos de toda la vida, lo que nos había pasado para que tuviera cuidado y avisara a los fabricantes. Incluso hice bromas sobre el hecho y le dejé el helado para que se lo mostrara al repartidor”.
El sábado y el domingo siguientes, Fernando los pasó descompuesto, con vómitos y diarreas, por lo que los padres redoblaron los pocillos de té. “El lunes, cuando vuelvo de trabajar me avisan que lo habían internado. Fernando estuvo en el sanatorio Garay hasta el 28 de octubre y mi esposa perdió el presentismo porque estuvo siempre a su lado”, recordó.
“Cuando nos informan que se trata de un cuadro de intoxicación lo relacionamos con el helado -resaltó-, entonces busqué los restos en el almacén y del envoltorio saque el teléfono de la fábrica. Me atendió un señor que dijo ser el dueño, al que apodan Roli, y le cuento lo que me pasó. Me preguntó qué quería y le aclaré que mi intención no era hacer problemas pero que tenía a mi hijo internado y que mi mujer había perdido el presentismo en su trabajo, por lo que pedía saber si ellos me ayudarían a afrontar los gastos”.
“Negro come cucarachas y ratas”
Jorge explicó a este diario que el dueño de la fábrica, cuyos datos no suministró, lo citó para el jueves 28. “Me dijo: «Traeme todo porque yo tengo que tener pruebas de que tu hijo está internado por haber comido un helado». Ese día lo llamé varias veces y no me atendió. Fui a la fábrica y me atendió acompañado de su padre, quien se presentó como contador público y responsable de la contabilidad de empresa”, explicó.
Rodríguez contó que esa persona le dijo: “Está bien todo lo que digas, pero me vas a tener que firmar un papel ante un escribano y en presencia de mis empleados para saber quién fue, porque a ese lo voy a echar delante tuyo”.
“Yo le dije que él estaba haciendo toda una historia con esas exigencias, y que pensara que lo que le pasó a mi hijo podría pasarle a los suyos o a sus nietos. Ahí el tipo se sacó y tuvo una reacción que no esperaba. Me dijo: «Estos negros inundados se han comido cucarachas, ratas, moscas y nadie se murió y tu nene está internado porque se comió una pata de rana»”.
“Entonces me entró una rabia enorme. Ese tipo me insultó del peor modo. Sólo los que estuvimos inundados sabemos lo que pasamos y estamos pasando. Me fui sin decir nada, porque era para terminar a las piñas. Pero me decidí a hacer la denuncia en la policía y en Defensa del Consumidor. El tipo no tenía derecho a maltratarme así. De hecho, desde ese momento nunca más me llamaron”, concluyó.
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