UN JUBILADO INTERNADO, TRAS SER ATACADO POR UN DOGO
Un jubilado de 69 años tuvo que ser internado ayer y continuará en observación tras sufrir el ataque de un dogo argentino que le provocó serias heridas en el antebrazo derecho y la frente. El animal, que es propiedad de su hijo, atacó “sin razón aparente” y cuando el hombre se encontraba solo en la casa que está construyendo en la zona noroeste de la ciudad.
Ricardo Snyder ingresó pasado el mediodía en la sala de guardia del Centro de Emergencia y Trauma Rosario (CER) con mordeduras en el antebrazo derecho y el rostro. Casi al mismo tiempo llegó su hijo Jorge, un empleado de la Universidad Nacional de Rosario, de 32 años, que no podía creer lo que había sucedido.
“Realmente no entiendo lo que pasó, Bartolo nunca había atacado a nadie”, aseguró a metros de la sala de urgencias, donde un cirujano plástico suturó las heridas de su padre y determinó que quedara internado en observación.
Bartolo llegó a la vida de los Snyder hace dos años. “Yo quería tener más seguridad y un día me aparecí con el perro”, recordó Jorge. Si bien no pudo precisar en realidad qué fue lo que motivó el ataque, aseguró que “en el momento en que lo mordió, mi papá estaba solo con el perro”.
Es que los Snyder están construyendo una linda casa en el barrio Fisherton Norte, un sector de la ciudad donde la inseguridad es moneda corriente y los perros suelen dar un poco más de tranquilidad a los vecinos.
Jorge y su padre llegaban todos los días hasta la esquina de Schweitzer al 8300 para levantar la casa. Bartolo, en tanto, se ocupaba de cuidar el predio y alejar a los curiosos. Pero ayer algo le sucedió al animal. “Una vecina me dijo que de repente saltó encima de mi papá y lo atacó. El había llegado antes que yo hasta la obra y había empezado a trabajar, pero no sé por qué el perro reaccionó así”, admitió el muchacho.
El director del Instituto Municipal de Salud Animal (Imusa), Adrián Santos, aseguró ayer que el organismo no recibió ninguna denuncia, pero explicó que “el animal puede ser tratado por un veterinario particular, no es una obligación que intervenga el Imusa. Lo importante es que quien lo trate lo mantenga aislado y sin contacto con otros animales durante diez días”, indicó.
Santos remarcó además que “cerca del 90 por ciento de los casos de mordeduras que se producen en la ciudad son producidos por perros que tienen dueños”.
Lo cierto es que la presencia de grandes perros que hacen las veces de guardianes es una constante en Fisherton Norte. El barrio se caracteriza por tener casas humildes pero también algunos chalés rodeados de rejas y custodiados por grandes animales.
“El problema es que acá tenemos una villa muy cerca, que es bastante brava”, contó un vecino mientras acariciaba a su pastor alemán.
Según narró una vecina de los Snyder, “hace un año entraron a robar en la casa que están construyendo y al dogo le pegaron mucho”.
Mientras tanto, Jorge siguió ayer buscando respuestas para entender por qué el animal reaccionó de ese modo. “Es un perro tranquilo, pero últimamente estaba medio raro y parecía que estaba como en celo”, dijo anoche, cuando llegaba al CER y se disponía a acompañar a su padre durante su internación.
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