Un mes después
Hay tres empresas que han prosperado en el noreste: el Partido Justicialista, la Iglesia Católica y la Cervecería Quilmes. No hay ningún confín en que no aparezcan sus promociones. Ya invita a votar por un candidato de pueblo una, ya convoca a pedirle a Dios en la ciudad otra, ya indica que nos calmará la sed en la selva la tercera.
Tanto Quilmes, como el PJ han comprado a las competidoras más pequeñas que amenazaban con succionarle parte del mercado. En cambio -ha de ser de pura cristiana- la Iglesia Católica comparte el espectro con la incipiente Iglesia Evangélica.
Además también están las compañías madereras, yerbateras, tealeras y uniones transitorias de empresa que han licitado el manejo de los bosques y parques nacionales.
En medio de todos ellos, viven con la sobra los correntinos en Corrientes y los misioneros en Misiones.
Una rotaria que trabaja en estas dos provincias dice que no da abasto “porque me toca cubrir dos de las provincias más pobres de la Argentina”. Y es una verdad a medias. Por un lado, cierto es que no alcanzan los días para llevar asistencia donde falta de todo; pero, ¿pueden ser pobres dos territorios que reúnen el uno la reserva de agua dulce más grande del mundo y el otro una de las reservas verdes más importantes del globo?
En la Argentina que nos duele todos los días como un abrojo en la zapatilla, sí.
A juzgar por lo visto en Corrientes o Misiones, nos aparecemos como uno de los países más fáciles para el imperio, el modelo, el sistema o como se llame.
Sin gastar balas como en Irak, marines como en Afganistán o dictadores como en los ’70, con unos pocos dólares de por medio, los que quisieron hacer la orgía de la tierra vinieron y la hicieron. El menemismo les extendió la alfombra roja y aquí están.
Si para muestra basta un botón, en Iguazú, donde 22 mil personas pagaron 12 pesos durante Semana Santa para visitar las Cataratas privatizadas, el municipio reparte 6 mil raciones de comida diarias para paliar el hambre de una población de 40 mil habitantes.
Junto a la gente, al que más han ido degradando es al paisaje. Un tarefero que cosecha la yerba no resiste pero ya están fabricando en los ranchos pobres, donde no llegan métodos anticonceptivos, nuevos tareferos que morirán como los primeros para darle lugar a los que volverán a fabricarse. Pero el paisaje no tiene repuesto.
Donde llueven 3 mil milímetros por año acaban de afrontar la sequía más importante en tres décadas. Donde hay 36 saltos por fallas geológicas que aportan agua sana, no tienen agua potable en sus casas los chicos que cuando se quedan sin ropa limpia no pueden ir a la escuela.
Donde el Paraná es Alto Paraná ya no se pesca tanto porque a cada río le llega su Yacyretá. Donde hay agua dulce para tomar y guardar, las toman los yacarés pero las guardan los gringos inversores-invasores que tienen garras más afiladas que éstos.
Todos coinciden: son síntomas de que la tierra se anda enojando.
Misiones, naricita del país a la que le quitan el aire Paraguay y Brasil es un olvido grande como sus bosques. La influencia de los vecinos es inevitable. Porque el país ‘federal’ no llega con sus derechos al noreste y los misioneros tienen más a mano a sus vecinos para ir a pedir fiado una asistencia médica, un día, un sistema de canal de canal de cable, el otro.
Un vecino de Iguazú todavía está enojado con los gendarmes que hace unos años festejaron un aniversario de Gendarmería pero organizaron la fiesta en Foz, del lado brasileño.
Un guardaparque cree que hay que buscar un término medio entre el turismo indiscriminado de Cataratas y el ínfimo de Moconá, con diferencias tan abismales como el reparto de la riqueza.
Un maestro que cobra 280 pesos por mes dice que es tan necesario como el agua potable que se extienda la enseñana bilingüe como un modo único de preservar la identidad.
Un guaraní que tiene tan poquitos años que ni se le han caído los sueños dice que quiere ser jugador de fútbol, porque ya intuye que la pelota puede ser la única amiga que un día le haga las cosas redondas.
Entre todos ellos, en una tierra de calor y fábulas, de agua y leyendas, de inmigrantes lejanos y fronterizos, de aves libres y aves de paso, también sobreviven muchos de los que llamamos locos, refugiados de un cuento de Quiroga, escondidos en la selva, preservando y preservándose, sabiendo que tienen razón.
Partimos de Misiones sin visitar las Cataratas -a las que supimos conocer más castas- como un documento que certifique que Misiones no es sólo las Cataratas.
Queda dicho: tres empresas han prosperado en el noreste: el Partido Justicialista, la Iglesia Católica y la Cervecería Quilmes. Pero hace tiempo que ni Perón ni Cristo se acercan por aquí a pagar una ronda de cerveza a los parroquianos, o a hacerles zancadillas a los que se apropiaron de la tierra.
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