UN NENE ENTRÓ A UN VEHÍCULO Y MANEJÓ 20 KILÓMETROS EN RUTA A LA MADRUGADA
Era de madrugada. La Renault Kangoo recorrió el camino para salir de Rufino, accedió a la ruta nacional Nº 33 y avanzó hacia la vecina localidad de Amenábar. Uno más entre el tránsito, el vehículo comenzó a unir los 25 kilómetros que lo separaban de su objetivo. Dicen quienes fueron testigos de algunos de los tramos de la travesía que si bien en la marcha hubo algún zigzagueo, en líneas generales la trayectoria fue normal. Lo que no era normal era que conducía L, un nene de nueve años, que un rato antes había sacado el utilitario del frente del domicilio de su dueño.
La aventura comenzó cerca de las 3, cuando L encontró una puerta vulnerable en la Renault Kangoo que Raúl Francesetti había estacionado frente a su casa. Allí el chico descubrió un duplicado de las llaves y puso en marcha el vehículo. Después lo llevó hasta la ruta 33 y desde allí lo condujo hasta las proximidades de Amenábar. Justo antes de llegar a esta localidad, mordió la banquina, se cruzó de mano y terminó al costado de la ruta, con uno de los neumáticos destrozados.
A pesar de haber perdido el control del vehículo y del riesgo potencial de la maniobra, el accidente no involucró a ningún otro automóvil ni le produjo lesiones. Horas después la policía ubicó a la Kangoo abandonada entre las localidades de Amenábar y Lazzarino, a unos 20 kilómetros de Rufino, y de acuerdo a los testimonios recogidos comenzó a buscar a L, señalado como el intruso en el vehículo. El chico fue localizado recién en horas de la tarde, en la casa de un familiar, y el Juzgado de Menores de Rufino dispuso que regresara nuevamente con la abuela.
La travesía de L -que fue descripto como “un chico gordito, no muy alto y muy despierto”- no pasó desapercibida entre los pocos peatones que regresaban a sus hogares aquella madrugada. Los testimonios son variados pero todos dan cuenta del asombro. “Parecía que el auto andaba solo, no se veía a nadie”, dijeron unos. Otros vecinos alcanzaron a verlo de costado y comentaron que el pequeño apenas llegaba a los pedales. Unas horas antes, el chico había entrado a un bar a pedir comida y por eso fue reconocido por algunos de los testigos que también estaban en ese lugar.
En la ciudad de Rufino el desconcierto es grande. Nadie podía dar cuenta de si el nene sabía conducir, o de cómo pudo ingresar a la ruta 33 que a esa hora de la noche tiene abundante tráfico de camiones de gran porte.
Desdicha prematura
Para la policía el niño quiso llamar la atención sobre su situación de dolor y abandono. El pequeño vive en la calle a pesar de que la Justicia ordenó la guarda a uno de sus familiares. El padre trabaja en un campo de la provincia de Buenos Aires y fue denunciado por el chico por golpes y malos tratos. La madre vive en Amenábar, y según versiones policiales, días atrás desoyó la decisión judicial de hacerse cargo de L y lo habría dejado en la terminal de ómnibus. Se presume que el chico iba hacia la casa de la madre cuando sustrajo la Kangoo.
Según relató la policía, no fueron pocas las noches en que a L lo encontraron durmiendo a la intemperie. “En esas ocasiones lo llevamos al hospital, le procuramos abrigo y atención”, narró el comisario Rodolfo Gómez. Pero entre culpas cruzadas y abandonos reiterados el niño regresa a las calles y a deambular sin rumbo, añadió el oficial.
Días atrás la Justicia había decidido que L quedara bajo la responsabilidad de sus abuelos, lo que no se cumplió. Se alimenta de lo que consigue pidiendo y duerme donde lo encuentra la noche a pesar de tener familiares en la misma ciudad de Rufino, explicaron las autoridades que actuaban de oficio cada vez que encontraba a L vagando y en situación de riesgo.
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