UN OASIS LLAMADO COLÓN
Colón es un oasis dentro de las golpeadas economías de los clubes del fútbol argentino. La institución santafecina es propietaria de los derechos económicos -totales o parciales- de casi todo el plantel profesional, además de ser el único club de primera división con las finanzas equilibradas. Durante el receso sólo vendió al arquero Leonardo Díaz en 1.500.000 dólares y en la actualidad solamente mantiene a dos jugadores en condición de préstamo: Gabriel Milgiónico y Jorge Martínez.
Con miras al Apertura próximo, Colón compró porcentajes de los refuerzos que incorporó: Iván Moreno y Fabianesi (adquirió el 30%), Adrián González, ex Banfield (50%); Héctor González, ex Olimpo (30%), y Geovanny Hernández, de Deportivo Cali (compró la totalidad del pase en 1.200.000 dólares).
“Hasta hace poco teníamos superávit, pero ahora arreglamos la cancha y trajimos algunos jugadores de renombre y más importantes en los papeles. Rompimos el chanchito. El 95 por ciento de los jugadores del plantel es nuestro”, se enorgullece José Vignatti, presidente de Colón.
El dato del estadio no es menor. A principios de mayo, la cancha soportaba casi dos metros de agua como consecuencia de la inundación que azotó a Santa Fe. El desastre le ocasionó daños valuados en un millón de dólares. Semanas después, mientras el plantel se trasladaba a Paraná para jugar ante Banfield y San Lorenzo, comenzaron las obras. El estadio quedó reacondicionado en poco tiempo.
“¿Por qué pudimos llegar a esta instancia? Como primera medida -continuó Vignatti-, no gastamos más de lo que tenemos. Hay que ser prolijos y mantener una economía equilibrada. Y también hemos apostado fuerte a las divisiones juveniles. En el último partido que jugamos en el Clausura, por ejemplo, 10 futbolistas de los 16 que estaban en la lista de buena fe eran chicos que nacieron en el club. Esto, a la larga, nos permite vender jugadores y tener un ahorro para usarlo cuando se necesite.”
Así fue, nomás. Una política de austeridad económica a rajatabla, con un control absoluto de las cajas chica y grande, le permitió a la entidad alcanzar el equilibrio. Si se dice que hay que justificar hasta el gasto de una fotocopia.
La apuesta de Colón, que causó mucho interés en el público local, también despertó mucha expectación entre los dirigentes sabaleros. “Esperamos hacer una buena campaña en el Apertura y también en la Copa Sudamericana. Para eso invertimos en jugadores que creemos que serán valiosos para el equipo. Veremos cómo nos sale la jugada. Pero, por lo pronto, sabemos que no estamos endeudados”, explicó Vignatti.
Renacer de las propias cenizas
Hace no muchos años, la historia de Colón no era tan feliz. En 1992, el club santafecino estaba en convocatoria de acreedores, con una deuda estimada en 3.000.000 de dólares, apenas 2500 socios y navegando por la intrascendencia deportiva, pues el equipo de fútbol jugaba en la primera B Nacional. Suena tan lejano… Hasta el mismísimo José Vignatti puso plata de su bolsillo (350.000 pesos) para levantar un pedido de quiebra.
Las cuentas se ordenaron de a poco. Y la pelea económica encontró un correlato cuando fue acompañada por el repunte deportivo. En 1995, el ascenso a la máxima categoría apuntaló el crecimiento, que también incluyó la remodelación del estadio Brigadier López, que amplió su capacidad a 32.000 espectadores. En buena medida, en el resurgimiento también influyeron las excelentes ventas de Cristian Castillo, Hugo Ibarra y Esteban Fuertes. Colón, como muchos otros clubes, sabe lo que es quedar de rodillas; finalmente, se puso de pie con calma y decisiones atinadas de sus dirigentes.
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