UN PASEO POR EL MUSEO DE LA MONSTRUOSIDAD
Alberto Laiseca es uno de los escritores argentinos contemporáneos que más prestigio ha cosechado en los últimos tiempos. Su excelente novela “Los sorias” de 1.350 páginas, llevó a Ricardo Piglia a calificarla como “la mejor novela argentina después de Los siete locos”. Elegimos desgrabar la ponencia de Alberto Laiseca y ofrecérselas a nuestros lectores, porque este singular narrador cautivo con su lúcida e ingeniosa intervención al auditorio del foro cultural de la universidad que fue a verlo el viernes pasado por la mañana, y fue uno de los disertantes más aplaudidos por el público.
EL ARTE Y LOS MONSTRUOS
Yo siempre he creído que lo que no es exagerado no vive. Ese ha sido un principio rector en mi literatura. Eso me ha llevado a tomar conciencia de la importancia del monstruo en el arte. ¿Saben que quiere decir monstruo en el diccionario? Esta palabra significa único en su especie. Una chica que es excesivamente linda, es un monstruo. Hay muy pocos monstruos químicamente puros en el arte. La mayoría son yuxtaposición de otros monstruos. Si prohibiésemos en el imaginario las mezclas entre león, pájaros y hombres, nuestro museo fantástico quedaría despoblado, no sobreviviría ni la esfinge de Tebas.
Toda obra que no contenga monstruosidad, es decir que no sea única en su especie, no puede ser una obra de arte. Como dijo Oscar Wilde: “Solo la expresión es la que da realidad a las cosas” y nada puede ser más expresivo que un monstruo. Pensemos algunos segundos en Mobi Dick de Herman Melville. Si despojamos a ese libro de la ballena blanca y quitamos al loco del capitán, nos quedamos con una sencilla narración marinera, que ya habría sido felizmente olvidada. Pero no, tiene adentro dos monstruos. Uno de ellos Mobi Dick, la ballena blanca. Que no es malo el bichito, lo único que hace es defenderse. Mucho más monstruosos es el capitán con su obsesión. Por cierto todas mis simpatías están con el bichito.
Cada una de las obras que más admiramos están llenas de monstruos. Que decir de “La caída de la casa Usher”, de Poe. Esta llena de monstruosidad, por ejemplo la utilización de las comas. La manera de usar las comas que tiene Poe, ya en si misma es única en su especie, por lo tanto monstruosa. “Durante todo un día de otoño, triste, silencioso, cuando las nubes se cernían bajas y pesadas en el cielo. Crucé sólo, a caballo, una región singularmente lúgubre del país”. Fíjense como marca las comas. Yo siempre les digo a mis alumnos que en este cuento, el uso de las comas que hace Poe, es análogo al uso de los contrabajos que hace Johan Sebastián Bach en “Aria para la cuerda sol”. ¿Entienden a que me refiero?, acá hay música. Esta manera de usar los contrabajos de las comas es monstruosa.
Que decir de Usher, con su necrofilia, su incesto virtual. Y que decir del propio Poe, con su manija con el incesto.
Todas las obras de Poe son monstruosas, hasta las humorísticas.
Verenice, por ejemplo, es donde llegó más lejos con todas sus monstruosidades, donde se dio todos los gustitos. En primer lugar la pobre chica tiene que ser deliciosamente anoréxica, ya que es naturalmente enterrada viva. Si no es como que se desperdicia, como que falta algo. Una vez ya enterradita, es como que sigue siendo poco, entonces bajamos a desenterrarla con una pinza larga, para sacarle todos sus dientitos. Las treinta y dos piezas más lindas. “…Ustedes no se pueden imaginar como deseaba locamente los dientes de Verenice, eran como treinta y dos diosas desnudas…”, escribió Poe.
Cualquier gran obra, ¿quieren que tomemos el Ulises de Joyce? Pensar sólo en la menera de escribirlo de Joyce es una monstruosidad. Y todos sus personajes, Esteban Dedalus, el señor Bloom, Moris y su esposa que lo cornea muchísimo. El Ulises es un tratado sobre la humillación. Humillación racial porque Joyce era judío, humillación nacional porque Joyce era irlandés. Humillación económica porque no tenía un mango. Un genio como él tenía que andar mendigando. Y bueno, ya desde los primeros capítulos del Ulises te está diciendo de que va a tratar el libro, de monstruosidades. Un cretino le da para que se afeite un espejito de mano rajado. Ah, que bueno que es este espejo, muy simbólico, dice Esteban Dedalus, no será un símbolo del arte irlandés, el espejo agrietado de un sirviente. Ya desde el primer capítulo te esta dando con un caño.
Monstruos puros hay muy poquitos, como ya les dije, Por ejemplo, Frankestein, de Mary Shelley, no sé de donde sacó esa vaina, porque la verdad es que es una obra genial de la cabeza a los pies.
“La momia” es otro monstruo químicamente puro. Fíjense, cada vez que nos hablan de momias instantáneamente pensamos en el antiguo Egipto, no porque hayan sido los único que embalsamaron gente, sino porque nadie les dio tanta importancia como ellos a las momias. Ustedes saben que los antiguos egipcios tienen una gran literatura, sobretodo de cuentos de tipo fantásticos. Magos que se quieren vengar porque fulano se acuesta con mi mujer. A sí, ya vas a ver lo que te pasa. Entonces fabrica un cocodrilo de madera y se lo manda para que se lo coma. Para que el corneador sufra las consecuencias en su cuerpo. Sin embargo no hay un solo cuento egipcio con momias animadas por medios mágicos. Porque los egipcios lo hubiesen considerado una profanación, ni siquiera se puede hablar de las momias. Lo de las momias asesinas fue un invento occidental. Y hemos tenido la dicha de fabricar algunos monstruitos químicamente puro. En ese sentido amo a Christopher Lee perseguido eternamente por Peter Tasch. Cuando es al revés, ya que Christopher Lee transformado en momia lo quiere estrangula a Peter Tasch. Eso le pasa por andar violando sepulcros, bien hecho.
Después, una cosa que me apasiona y nunca insistiré lo bastante, todos los monstruitos de los cuentos infantiles. Por ejemplo “Alicia en el país de las maravillas”, está plagada de monstruitos. La reina de corazones, es uno de ellos, puede parecer muy simpática la reina simplemente porque sus órdenes no se cumplen, pero tiene malas intenciones. “Que le corten la cabeza, ese me miró mal”. Ya por cualquier vaina te hace cortar la cabeza. Felizmente sus órdenes no se cumplen, pero es despótica. Es un monstruito la reina de corazones, como lo es también el conejo, el te de locos es una maravilla, el lirón, la liebre de marzo y el sombrerero.
Los viajes de Gulliver, esos caballos que hablan, los gigantes, los enanos. Pero para mi los más monstruosos personajes de Swift fueron “Los matemáticos de la rueda voladora”. Siempre metidos con sus abstracciones, abstracciones, abstracciones, esos tipos no deben saber lo que es tomar un vaso de vino, comerse un lechoncito. Algunos alumnos me dicen “yo tengo un hipótesis sobre esas abstracciones”, y yo les respondo, basta ya de esa vaina, vamos a tener toda la eternidad para vivir en la abstracción, verdad, y nada más que este pedacito de materia, más vale que lo disfrutemos.
Bueno, estos son sólo algunos ejemplos, podría estar años hablándoles de la importancia de los monstruos en la historia del arte porque para mi son la esencia misma de la creación.
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