"UN PLAN DE CONTINGENCIA NO ES UN PAPEL QUE NADIE LEE"
“Desastre es todo aquel evento que sobrepasa la capacidad de respuesta. Un plan de contingencia va a permitir tener ideas claras y roles definidos en el momento en que suceda un evento que pueda sobrepasar la capacidad de respuesta. Pero no es un papel escrito que, a veces, no lee nadie”. Con estos conceptos, simples pero fundamentales, se expresa Pedro Zuccarini, delegado regional para América latina de la Cruz Roja Alemana.
Venezolano, con 38 años de edad pero 20 de actividad en esa organización, como observador, voluntario o en la coordinación de proyectos -lo que le permitió cimentar un poderoso currículum que lo ubica desplegando actividades en toda América latina y central-, tuvo durante los últimos meses una estrecha relación con Santa Fe. La entidad que representa canalizó los fondos aportados por Unión Europea para la construcción de 400 viviendas para inundados. En diálogo con este diario reflexiona sobre aquella experiencia y admite que “llegamos a buen término pero podría haber sido mejor”.
-¿Hay algo en común entre los desastres en los que estuvo trabajando?
-Sí, que no hemos logrado una unificación de criterios y por eso es que se producen estos problemas al momento de atender a las comunidades. Hay gente con capacidad para poder atender la emergencia pero al momento de los recursos para activar los planes no saben, no existen o vienen otras personas a exponer criterios errados. Muchos de los problemas que se dan después de un desastre son de coordinación, por eso creo que es una excelente iniciativa buscar la unificación de criterios y la participación de la comunidad, y de todos los sectores para que al momento de la emergencia, los actores tengan su rol muy definido.
-¿En otros países había un plan de contingencia previo?
-Muchos de ellos tenían planes pero no estaban revisados. Muchas veces se hacen, se encabezan, se invierte una cantidad de tiempo y dinero, y luego quedan en bibliotecas.
-Eso no sirve.
-No tiene validez cuando la gente afectada no sabe lo que tiene que hacer y cuando los actores, que son las personas que tienen que tomar las decisiones, tampoco lo conocen. Muchas veces, los planes están hechos pero han fenecidos con los cambios de gobierno, cambian los funcionarios que no saben qué hicieron los anteriores. Tampoco se puede hacer un plan cada dos años. Hay países, sobre todo Estados Unidos, que tienen una continuidad porque las personas encargadas no cambian, aunque cambie el gobierno. En Europa, el sistema es similar.
-Usted sostiene que, si no hay participación de la comunidad, por más líneas que se escriban, el plan no va a dar resultado.
-Eso es definitivo. Desastre es todo aquel evento que sobrepasa la capacidad de respuesta; se sobreentiende que ningún organismo gubernamental o no gubernamental va a tener los mecanismos para una total efectividad en sus acciones. No existe algo perfecto. Siempre va a hacer falta ayuda de otras organizaciones y de la misma comunidad. Si no, los esfuerzos se superponen o, por falta de organización, las acciones no llegan a buen término. Aquí ocurrió: el desastre fue en abril y las viviendas para damnificados se entregaron nueve meses después, porque hubo ese pequeño problema de organización.
APRENDER DE LA LECCIÓN
“Todo desastre nos da una lección. Suena un poco tonto pero es una realidad. Decimos que los técnicos son personas que han cometido tantos errores que cuando lo hacen bien es a costa de tantas veces que metieron la pata. En el caso de los desastres, son eventos que se dan una vez cada cierto tiempo y cada evento es diferente”, remarca Zuccarini. “En Anatomía -abunda- los órganos son siempre los mismos, pero los desastres no. Ninguna cosa que se haya hecho se puede considerar un error cuando no hay antecedentes.
-Pero aquí no había un plan de contingencia tampoco.
-No lo había y quizá no hubo una asesoría técnica adecuada. Creo que eso fue lo más importante. Siempre hay que escuchar a los técnicos y a las comunidades. A la hora de poner el cascabel al gato y tomar la decisión tiene que se concertada entre un grupo de personas y no dejarle todo a alguien. La comunidad debe tener un nivel de preparación para saber que si algo le puede afectar, se debe tomar una decisión rápida. Si vemos que la situación es de alerta, la decisión más lógica es de evacuar. En el caso de Estados Unidos o el Caribe, cada vez que hay un alerta de huracán la gente toma lo que necesita, coloca maderas en las ventanas y se va a un lugar seguro. Si no pasa nada, dice íqué bueno! Si pasó algo, los daños se minimizan.
-Un plan de contingencia necesita decisiones políticas.
-Siempre ha habido tres problemas: el político, el social y el comunicacional. Los mezclo a los tres: a veces las personas a cargo de un gobierno no quieren enfrentarse a la decisión de evacuar una zona de riesgo por cuestiones de derechos humanos, porque la gente no tienen dónde ir. Eso crea conflictos, no se justifica pero se entiende. Por otra parte, en países con problemas económicos, la gente no tiene alternativa de buscar cualquier lugar para vivir. Las crisis sociales se están metiendo en el lenguaje del desastre porque ocasionan cosas que sobrepasan respuestas de los gobiernos, porque conllevan desnutrición, enfermedades, proliferación de prostitución y alcoholismo. El tema comunicacional es importante: hay que hacer énfasis en que la gente no se instale en los lugares de riesgo. Todo el mundo tiene televisor, radio a pilas o algún medio. El mensaje tiene que formar parte de una estrategia de comunicación.
-Con todos estos elementos, ¿cómo define un plan de contingencia y para qué sirve?
-Es un trabajo que va a permitir tener una cantidad de ideas claras y roles definidos en el momento en que se suceda un evento que pueda sobrepasar la capacidad de respuesta. El término contingencia alude a algo no prevenible, que va por fuera del pensamiento lógico y la acción racional. Yo hablo de planes, no de un plan y pongo el ejemplo del partido de fútbol porque todos tienen un rol, que no es sólo el hospital y el tomógrafo. Por ejemplo, en alimentos la parte logística es todo, desde el contacto con el proveedor de los elementos hasta cómo hacerlos llegar al sitio, si las vías van a estar despejadas, si habrá quien las despeje, un vehículo para hacerlo, un chofer y combustible. No hago nada con tener alimento. Hay que tener un plan A, un plan B, un plan C o D que puedan solucionar el problema. No hay un plan de contingencia único, ni salvador. Los planes tienen el objetivo de mitigar, disminuir los efectos de la situación.
Y para que no queden dudas del sentido, sintetizó “un plan de contingencia no es un papel escrito que a veces no lee nadie; es un conjunto de acciones que hay que tener en cuenta antes de la emergencia, después y durante la fase de rehabilitación. Es evaluar cada posibilidad de la A hasta la Z”.
Autogestión sí, limosna no
“Hemos tomado como punto de enlace en nuestros proyectos que la persona no se sienta como que se le regala algo. Esto es para que lo hagan propio”, destacó Zuccarini. El criterio es el de la autogestión y ayuda mutua, con el sistema de alimentos por trabajo. “De la autogestión puede surgir un oficio o un microemprendimiento”.
Otra mirada sobre la asistencia
Cruz Roja Alemana estuvo a un paso de retirarse, con los 490 mil pesos de la Unión Europea para viviendas de inundados, en diciembre. Más allá de lo que representa el dato en cuanto a una clara falta de organización y decisiones dilatadas, Pedro Zuccarini tiene su propia opinión de las consecuencias que esas demoras tienen para la propia gente.
“Los afectados -advierte- empiezan a tomar que es responsabilidad de alguien que los atiendan. Se sienten cómodos porque de un sitio que tenía riesgo, van a un lugar donde les llega comida, la prensa los atiende y se sienten seguros donde están. En lugar de buscar alternativas a su vida, se quedan allí hasta que se les solucione el problema. Eso es contraproducente en cualquier país y hace estragos a la dignidad de la persona”.
La experiencia en Santa Fe
– La Cruz Roja Alemana estuvo a punto de irse de la ciudad y puso como plazo el 31 de diciembre para que se concreten las viviendas.
– Es una anécdota entre tantas. Porque el equipo de la Municipalidad entró después del 10 de diciembre. Nuestro primer enfrentamiento fue que si no teníamos una solución rápida nos íbamos. Es ilógico decirle a los donantes que venimos a un país a prestar una ayuda y que no podamos aplicarla porque no tenemos las condiciones para trabajar: no teníamos los terrenos ni los beneficiarios. Tuvimos un retraso serio y empezamos luego de que asumió la nueva gestión. Eso permitió en tiempo récord -dos meses y medio para 400 viviendas- hacer lo que debíamos hacer en seis y logramos el objetivo.
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