UN PREDICADOR SOLITARIO LUCHA POR IMPLANTAR EL SISTEMA MÉTRICO EN LOS ESTADOS UNIDOS
Se llama Brent Maynard, tiene 52 años, pesa 74 kilogramos y mide 1, 69 metros. Lo curioso es que, siendo estadounidense, lo expresa en esas unidades. Maynard –profesor de química en el Three Rivers Community College, en Norwich, Connecticut– opina que el sistema métrico es más sencillo porque se basa en múltiplos de 10 y conviene adoptarlo. El resto del mundo lo usa para los negocios y los asuntos militares, explica.
Sin embargo, hasta ahora sus iniciativas sólo han conocido el fracaso: en octubre pasado, durante la Semana Métrica Nacional, se sentó solo frente a la municipalidad de Norwich City con un cartel a favor del sistema métrico, y solicitó firmas para pedir al Servicio Postal que pese y mida los paquetes en ese sistema. Firmaron la solicitud seis personas. Igual suerte corrieron las dos asociaciones métricas que fundó, en 1993, en Plainfield y en York, Maine: ambas cuentan con media docena de miembros. “No son tan apasionados sobre el tema como yo. Se limitan a estar de acuerdo”, dijo.
El grupo de Maynard en Plainfield instaló carteles en kilómetros, pero para los residentes pasan inadvertidos. Marlene Chenail, de 70 años, que vive cerca de uno de ellos, dice no entender el significado de “Frontera estatal de RI (Rhode Island) a 8 km”. “Nunca le prestamos atención aunque sabemos que está allí”, agregó.
En los EE.UU. varias leyes reconocen el métrico como el sistema preferente de medidas y, por ejemplo, las gaseosas vienen en litros, los rollos de fotográficas en milímetros y la mayoría de los productos alimenticios lleva su peso en gramos. Pero el sistema no ha tenido mucha aceptación.
Pero así como Maynard es un entusiasta a favor de la metrificación, también están los opositores a la idea. Existe una organización llamada Estadounidenses por los Pesos y Medidas Tradicionales en Wiscasset, Maine, cuyo presidente, Seaver Leslie, dijo que no se debería obligar al uso de ninguno de los dos y sostiene que las unidades estándar (tal como se llama a las de uso tradicional en ese país) son superiores porque parten de medidas humanas y tienen historia. Por ejemplo, el furlong –octava parte de una milla– es la distancia que un agricultor puede arar en un terreno y estar todavía a distancia audible de su casa si hay peligro, explicó Leslie.
“Son muy prácticas y muy poéticas”, añadió Leslie. “Han funcionado bien para el agricultor en el campo, el carpintero en el taller, los grandes contratistas en la industria y nuestra industria aeroespacial”. Pero Maynard atribuye esa actitud como parte de la natural resistencia de los estadounidenses al cambio y por la impresión de que se trata de un sistema extranjero. “En nuestra cultura, parece que nos asusta que la gente piense”, concluyó.
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