UN PRESO AMENAZÓ CON UN SECUESTRO PARA CONSEGUIR TARJETAS DE TELEFONÍA
La policía logró desbaratar un secuestro virtual que intentó llevarse a cabo mediante llamadas extorsivas realizadas desde la cárcel de Rosario. Un interno de la prisión de Zeballos al 2900, quien cumple una condena de 14 años por un homicidio, intentó estafar a un gerente de la empresa Cerámica Alberdi mediante una serie de contactos hechos desde uno de los teléfonos públicos que hay en el penal. El preso, quien se comunicó por lo menos en tres oportunidades con la víctima, dijo tener secuestrado a un familiar del empresario y exigió tarjetas telefónicas “para poder comunicarse con el resto de la banda”. Trabajando sobre los numerosos antecedentes que existen sobre esta modalidad y en un trabajo conjunto, los uniformados pudieron identificar al recluso.
La mecánica del secuestro virtual tiene múltiples precedentes en esta ciudad. Los llamados extorsivos contra vecinos rosarinos realizados desde unidades carcelarias que anuncian el rapto de un familiar para exigir un rescate en claves de tarjetas telefónicas fueron detectados en varias oportunidades en el último año. Tanto, que motivó en febrero pasado que la empresa Telecom enviara varios informes a los juzgados que investigan los casos de este delito.
A partir de esos hechos, el fiscal de Cámaras José María Peña solicitó que los fiscales de primera instancia le den cuenta de los expedientes que tramitan por este tipo de hechos, como un modo de centralizar una investigación hasta ahora huérfana de imputaciones directas. La mayoría de las llamadas, según las pesquisas, se originaron desde la cárcel de Rosario, la prisión corondina y desde el pabellón 7 de la penitenciería de la ciudad de Córdoba.
Un gerente en la mira
El lunes todo era normalidad y rutina en la empresa Cerámica Alberdi, de Molina 2670. Cerca del mediodía Paola, una de las telefonistas, tomó uno de los muchos llamados que entran diariamente a esa empresa a través de sus líneas rotativas. Una voz masculina, que no se identificó, pidió hablar “con urgencia” con uno de los gerentes. La empleada trató de indagar los motivos del llamado “para poder derivarlo al área más indicada”. Pero el hombre le contestó: “Tengo secuestrado al hijo de unos de los gerentes”. En el reloj faltaban 20 minutos para el mediodía.
La voz en el teléfono, que en ningún momento identificó a su cautivo, le exigió a la empleada que comprara y le dictara las claves de diez tarjetas telefónicas que necesitaba “para comunicarse con su gente”. El hombre dijo que llamaría nuevamente en 10 minutos y cortó.
Fueron 15 los minutos que pasaron para que el teléfono volviera a sonar. “Dame los números”, habría requerido la misma voz masculina. La empleada le advirtió que aún no habían podido comprar las tarjetas y que necesitaba “un poco más de tiempo”. Del otro lado de la línea, la voz se tensó. El hombre le recriminó que eso era imposible “porque a dos cuadras hay un telecentro”, en Molina y Baigorria.
La telefonista volvió a pedirle que se identificara y que le dijera quién era el cautivo. Pero el hombre, con voz nerviosa, le contestó que tenía “al sobrino de uno de los gerentes” y que si llamaban a la policía “el pibe es boleta”. Quedó en llamar otra vez a las 13.15.
Alertados desde la empresa sobre la situación y presumiendo que se trataba de una “estafa”, efectivos de Seguridad Personal montaron un operativo en Cerámica Alberdi y aguardaron una nueva comunicación. Puntualmente a las 13.15 el teléfono volvió a sonar. La empleada atendió y la misma voz le dijo otra vez: “Dame los números”. La mujer obedeció y sin mediar más comenzó a dictarle las claves de las tarjetas. Pero cuando iba por la segunda, la comunicación se cortó.
Teniendo en cuenta los numerosos antecedentes de esta modalidad a vecinos rosarinos, los uniformados se comunicaron inmediatamente con las autoridades de la cárcel de Zeballos y Riccheri, quienes ordenaron inmediatamente una requisa en los pabellones del penal donde hay alojados unos 360 internos.
Como resultado de la requisa, en uno de los calabozos se le encontró a uno de los internos un papel en los que tenía anotados los números de las tarjetas que le dictara la empleada de Cerámica Alberdi. El interno, identificado por la policía como David Ismael Godoy, de 21 años, cumple una condena de 14 años por homicidio.
En su defensa ante la policía, Godoy expresó que había “levantado el papel del piso” pero ahora tendrá que dar las explicaciones ante el juzgado de Instrucción Nº 12.
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