UN PROYECTO PARA DETENER EL ÉXODO DE LAS CIUDADES
Los santafesinos a veces soñamos despiertos. Lujos que todavía podemos darnos, eso de soñar con los ojos abiertos. Pensamos en una provincia sólida, en permanente crecimiento, sólo limitada por nuestras propias capacidades, que brinde a sus habitantes, propios o extraños, un estado de bienestar digno del primer mundo.
Al fin y al cabo vivimos en una zona privilegiada por su ubicación geográfica, su clima, su abundancia de recursos, la fertilidad de su suelo y un sin fin de otras ventajas naturales que harían palidecer de envidia al más próspero habitante de cualquier otra latitud del planeta.
Sin embargo, al despertar de esos sueños que, se sabe, sueños son, la realidad es otra muy distinta y golpea. La gran mayoría de los santafesinos soporta estoicamente su condición de tales, con las grandes ciudades superpobladas, agobiadas por necesidades básicas insatisfechas en materia de seguridad, educación, salud, vivienda, trabajo, alimentación, entre otras no menos importantes, y los pequeños pueblos y núcleos rurales inmersos en esa sensación de abandono que parece no tener fin y sepulta las esperanzas.
¿Cuál es la causa o las causas que han provocado la división del camino, que nos hacen sufrir la travesía en vez de disfrutarla, que nos obligan a soportar en vez de gozar? Décadas de administraciones cacheteadas por el fracaso, ingenierías sociales que nunca debieron ponerse en práctica, intereses mezquinos sin otro norte que injustas transferencias de recursos y riquezas, maquiavélicas operaciones políticas para favorecer a oscuros factores de poder en detrimento del bienestar general, son sólo las más evidentes.
Pero tal vez la más importante sea que los santafesinos, y quienes sin serlo decidieron compartir nuestro suelo, hemos olvidado los grandes temas que llevan a las grandes realizaciones. Hemos dejado de lado los grandes objetivos, por ocuparnos de las urgencias, de lo coyuntural, y eso tiene su precio.
Salvo en el cordón oriental de la provincia, donde gracias al boom de la producción sojera se han concentrado anuncios de multimillonarias inversiones privadas en dólares, nada se ha hecho para aprovechar el superávit de la balanza comercial de la provincia.
Otro tanto sucede con el balance fiscal favorable que muestran las finanzas provinciales, que provocó hasta ahora las luchas de los sindicatos y gremios estatales por lograr una mayor tajada en materia salarial o, en el mejor de los casos, sirvió para subsidiar al teatro municipal de la ciudad de Santa Fe.
La realidad del interior
En el interior de la provincia se sigue mirando de lejos como los dineros públicos se reparten en los grandes centros urbanos sobre el Paraná, mientras los pequeños pueblos y localidades se desangran con el éxodo masivo de los que todavía se pueden ir en busca de mejores horizontes y nuevas oportunidades.
La prueba más contundente surge, espontánea, de la comparación de las cifras de los censos de población realizados en 1991 y 2001. En apenas diez años, un centenar de pueblos diseminados en distintos departamentos de la provincia han visto decrecer su número de habitantes alarmantemente. En el departamento Las Colonias, por ejemplo, las localidades de Ituzaingo y Soutomayor perdieron en esa década 45,66 y 26,65 por ciento de sus pobladores, respectivamente, mientras en el departamento San Cristóbal las cifras del desarraigo llegaron a 44,06 por ciento en Portugalete y 26,17 por ciento en Curapaytí.
El análisis más superficial de las cifras muestra indicios muy precisos en otros departamentos muy disímiles, como San Gerónimo, donde la localidad de San Eugenio perdió 22,83 por ciento de sus habitantes, y San Martín, donde el pueblo de Traill vio partir el 32,65 por ciento de sus pobladores. Y los ejemplos siguen: en San Francisco de Santa Fe, en el departamento General López, la población cayó 39,19 por ciento, mientras en Ingeniero Chanourdie, en el departamento de General Obligado, los que se fueron suman 40,35 por ciento.
Los números, fríos, exactos, son el fiel espejo de la realidad de las muchas decenas de pequeñas localidades santafesinas, que han visto partir a sus mejores esperanzas en busca de parajes más provisorios, recibiendo a cambio la resignación de sus afectos, la nostalgia, el recuerdo y, lo peor, el olvido de los funcionarios de turno que desmorona la oportunidad de revancha y deja pegada para siempre la impotencia.
Afortunadamente, no todos piensan igual en los estamentos de poder. Los diputados provinciales del Partido Demócrata Progresista (PDP) Gabriel Real y Héctor Jullier han presentado a la Legislatura provincial un proyecto de ley por el que proponen la creación del Plan de Recuperación Productiva y Poblacional que tiene como objetivos la realización de estudios, planificación y ejecución de políticas de desarrollo productivo y social en los pueblos y localidades de la provincia que en los últimos diez años hayan tenido una disminución considerable de su población y su actividad productiva.
Créditos blandos para pymes
La iniciativa tiene la finalidad de “brindar la apoyatura institucional, económica, logística y tecnológica necesaria que permita coadyuvar a revertir la situación existente en esas poblaciones”, apoyando todo tipo de iniciativas y emprendimientos privados o de comunas y municipalidades.
También contempla la realización de convenios con las universidades públicas y privadas para recibir asesoramientos y estudios sobre la realidad social y económica de cada localidad, previendo el acceso al crédito nacional e internacional para poner en marcha el programa.
En esta línea está prevista además la posibilidad de otorgar créditos blandos para pymes de las localidades afectadas que necesiten recuperarse, o a aquellas que deseen radicarse en el lugar. Para desarrollar y financiar estos créditos, el gobierno provincial deberá gestionar ante organismos nacionales e internacionales la toma de préstamos por cuenta de la provincia, cuyo destino específico será el fomento de las pymes de esas localidades.
Otros de los objetivos que contempla el proyecto son la búsqueda de una recuperación de actividades productivas con el asentamiento de pequeñas y medianas empresas e instalación de nuevos emprendimientos, el mejoramiento de la infraestructura vial existente y la habilitación de ramales ferroviarios actualmente cerrados para facilitar el transporte de personas y productos zonales.
El dilema está planteado: tomar la decisión política de largo alcance que permita encarar las soluciones que necesitan las pequeñas localidades y municipios de la provincia para desarrollarse y volver a crecer, o seguir como hasta ahora, soñando despiertos. Aunque, se sabe, los sueños sueños son.
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