UN QUERIDO HUMANISTA AHORA YA ES ILUSTRE PARA TODOS LOS ROSARINOS
Rubén Naranjo artista, militante de la vida, humanista, “anarco-trasnochado y hombre de izquierda” como se llama a sí mismo, soñador, amante incansable de la poesía y de los esfuerzos por transformar y ver la vida bella. Naranjo maestro fue declarado Ciudadano Ilustre de Rosario por el Concejo Municipal. Ayer durante un acto del que participó también su familia y los representantes del más amplio espectro de las organizaciones que actúan en la ciudad, estuvieron allí todos para homenajearlo y decirle gracias por su trayectoria, su generosidad y sus enseñanzas. Naranjo otra vez ofreció sabiduría a través de dos historias cuando narró sus primeros contactos con los más humildes y su amor por la educación como gimnasia para la libertad, opuesta al oscurantismo y la represión.
Naranjo caminó lento hacia el palco de los invitados en el mediodía de ayer mientras una barra compuesta por representantes del más amplio y representativo arco de organizaciones gremiales, sociales, políticas, comunitarias y de derechos humanos coreaba su nombre. “Rubén, Rubén…”. Naranjo estaba allí para que le entregaran los honores como ciudadano ilustre, los mismos que años atrás no había querido. Esta vez los impulsores, entre ellos uno de sus discípulos en la Biblioteca Vigil, Carlos Taruselli, se lo hicieron saber cuando la convocatoria ya estaba hecha. “Ya no pude decir que no”, dijo el maestro. Hasta allí lo acompañó su esposa Norma y sus hijas Ada, Elina y Marina Naranjo, esta última la secretaria de Cultura del municipio local (ver aparte). Y es que la primavera le permitió a Rubén salir de su obligado encierro invernal adoptado para proteger su salud y ya puede estar en las plazas-el mismo lo anunció- con los docentes, en la ronda de todos los jueves con las Madres de la Plaza 25 de Mayo, en las asambleas por la recuperación de la Vigil y con los pibes de la Asociación Chicos. En esas plazas sueña que se encuentra con los maestros Rosita Ziperovich, Mario López Dabat, con su amigo el abogado Rodolfo Shcoler que murió el año pasado.
Una sensación tan humana como común se instaló en el recinto a medida que una voz repasaba los datos-antecedentes de Naranjo: todos, o casi todos tenían algo de él, una experiencia, un trabajo, un trecho del camino recorrido en las artes, en la docencia, en la defensa de los derechos humanos, en hacer visibles las luchas y resistencias populares. Sólo un rato más tarde él y su humanidad ponían el valor agregado de palabras y sentimientos que como dijo “no figura en los currículums”.
Los concejales hablaron sobre Naranjo. Hubo admiración, agradecimientos a sus enseñanzas y pasión en las semblanzas. Para el presidente del cuerpo Agustín Rossi “hace mucho tiempo que Rubén Naranjo es ciudadano ilustre”. Alberto Cortés del socialismo auténtico lo ubicó en la lucha y la resistencia durante el onganiato, en las vanguardias artísticas, en El Rosariazo y desde 1983 en el abanico de los derechos humanos “para darle valor a la vida y a la dignidad humanas”.
Nire Roldán, desde el ARI le habló al maestro que acompañó las huelgas de hambre en 1983 en la universidad pública. Miguel Zamarini en nombre del bloque socialista marcó su actitud generosa, comprometida en lo social, en especial con los niños. Siguió el concejal Arturo Gandolla quien quiso detenerse en dos aspectos de su obra: “lo gigantesco que hizo en la Vigil” y en la lucha por los derechos humanos. Ricardo Marengo del PPS habló de su personalidad: “cuando la democracia retrocede en vez de achicarse se levanta con más fuerza aún”. La del concejal José Elmir fue la última y una intervención para olvidar.
El profesor Rubén Naranjo escuchaba, por momentos su rostro se quebraba, gesticulaba y brevísimos sorbos de agua le ayudaban a reponerse. Después de la entrega del diploma y la medalla el recinto del Palacio Vasallo pudo escuchar la voz del maestro.
Naranjo tuvo “una infancia feliz” y ayer contó en un par de historias su primera relación con la pobreza y los excluidos y también con el dolor y lo incomprensible de la represión. Recordó las meriendas de mate cocido y galletas marinas que su madre permitía que tomara con “trabajadores, no con basureros” en latas de granos envasados. Su “vinculación directa con la gente humilde” pudo reencontrarla cuando llegó a la Biblioteca Constancio C. Vigil y 20 años más tarde cuando se conectó con “la Asociación Chicos y con quienes provienen de historias trágicas, como parte del pueblo maltratado, violado, humillado”. Entonces ofreció, con la misma generosidad de siempre otro pasaje de su vida, aquel de cuando tenía 14 años y en 1944 París y todo el mundo festejaba la liberación de la capital francesa. Aquí, inspirado su hogar paterno en el espíritu de la abuela educada en Francia, Madame Adela, la familia salió a festejar la caída del nazismo. “Esa noche la guardia de infantería, los escuadrones, cargaron contra la gente. Nadie entendía por qué se castigaba. Conocí la represión esa noche, esa fuerza que destruye. Lo entendí después de muchos años, porque el nazismo había sido vencido”. Naranjo llevó sus memorias de la represión a los hechos de diciembre de 2001 y recordó a (Pocho) Lepratti “que está en todas las calles” asesinado cuando esta vez se quiso “castigar a quienes abrían la boca para pedir alimentos”. Naranjo eligió estar en la Comisión Investigadora No Gubernamental. Para él la primavera es inexorable.
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