UN REGRESO CON GLORIA
Con el debut, ahora sí oficial, de la nueva dupla conductora, integrada por Sebastián Wainraich y Gabriel Schultz, antenoche inició su octava temporada en el aire —la primera en Canal 13— TVR (sábados a las 21.30). Con Ernesto Tenembaum de crítico invitado y un par de nuevas secciones, volvió a la pantalla lo que, a esta altura, ya se ha convertido en un auténtico clásico televisivo.
Después de un 2005 bastante complicado para el ciclo, el año lo habían terminado a mediados de diciembre, con un especial en donde se presentó a la yunta Wainraich-Schultz. Es que si el año ya había empezado bastante mal, con la fallida elección de Listorti y Schultz para reemplazar a los históricos Fabián Gianola y Claudio Morgado, siguió peor, con el sonado tema de la censura a Pontaquarto, la desafortunada intervención de Rolando Graña y el portazo de Diego Gvirtz en América.
En oportunidad del especial que se emitió en diciembre, señalábamos que más allá del peligro de envejecimiento de una fórmula, quedó muy claro que lo que el programa tenía asegurado era una nueva dupla conductora impecable. Y eso quedó sobradamente corroborado en el arranque de esta nueva temporada del ciclo.
En términos de contenido, el programa mostró en la noche del sábado la incorporación de nuevas secciones que se inscriben dentro de la máxima, televisivamente legítima, de “cambiar algo para que nada cambie”. Porque el mayor desafío, a esta altura, para Televisión registrada (como lo sería para cualquier otro ciclo con una permanencia de tantos años en pantalla), es cómo cambiar sin perder identidad.
En tal sentido, las incorporaciones de “Buchones 3.1”, un programa de chimentos del futuro; de “Sociedad Registrada”, para mostrar cómo somos; y una suerte de “Servicio al consumidor” bajo el eslogan “No deje que le roben, haga valer la ley”, funcionaron como bocanadas de aire fresco en el clásico y rendidor contexto del programa hecho de informes, contradicciones, paradojas, absurdos, fallidos, Tino, Gargamuza y las canciones ad hoc.
Aunque lo mejor de la noche, por lejos, fue el informe sobre el nuevo look de Cherasny. Luego de que Chiche Gelblung comentara, sin dar nombres, que le había sorprendido ver cómo un colega se había puesto pectorales, la sucesión de imágenes de Cherasny “antes y después” o, como se las identificaba en pantalla, “Cherasny con tetas” o “Cherasny sin tetas” fue sencillamente insuperable.
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