UN RELATO POCO INTERESANTE
Lo primero que llama la atención de Pabellón 5 (América, martes a las 23) es la ausencia de créditos. Apenas si un escueto “Conducción: Rolando Graña” completa, junto con el título del programa, la austera presentación. Austeridad que bien entendida podría ser tomada como una señal acorde con el tono de la propuesta: cruda, despojada, ascética; si no fuera que en el desarrollo, tanta “esencialidad” puede confundirse con pobreza de medios y, sobretodo, de ideas.
El nuevo programa de Graña (Punto doc, Informe central), acorde con los tiempos que corren que parecen empeñados en saturar la pantalla (y las paciencias) de realidades marginales, tiene su punto de partida en la esquina televisiva de Tumberos y No matarás. El problema de Pabellón 5 es que empieza en esa esquina y termina en el mismo lugar, porque no va a ningún lado.
Con la temática genérica del programa de Adrián Caetano para Ideas del Sur (la cárcel y sus protagonistas) y la estructura del de María Laura Santillán que sigue en la pantalla de Canal 13 (entrevistando convictos), Graña construye un espacio con muchas mejores intenciones que resultados.
El primer envío, grabado en el principal penal cordobés, trajo la historia de “Los guerreros de Jesucristo”, un grupo de fascinerosos —en el sentido literal del término— devenidos en pastores de una nueva religión “tumbera”. Un grupo de condenados a penas que oscilan entre los 25 años de prisión y la cadena perpetua que, cual émulos del pastor Giménez, eran lo peor (y sus prontuarios no los dejan mentir) hasta que se toparon con Jesús y el Evangelio. Y todo cambió. Aleluya.
De a uno y con un sonido lo suficientemente precario como para que costara entender lo que decía más de uno (a tal punto que en más de una oportunidad se recurrió al subtitulado) fueron desfilando, ante la cámara y Graña, los pastores-guerreros. Contando su pasado (homicidios, robos, crímenes y delitos surtidos), su conversión (“Gracias al Evangelio ha cambiado mi alma”, dirá José María Tello, a los 46 años un experto ladrón de bancos) y su presente: su militancia en esta suerte de “Nueva Cruzada” contra el incansable Demonio.
Si bien la precariedad de ciertos aspectos técnico-productivos (sonido, luz, edición, gráficas) atentan contra la buena factura general del programa, resulta mucho más preocupante la escasa consistencia y espesura de lo que se cuenta-muestra. Porque tan cierto como que no fueron personajes e historias de vida, dramáticamente ricas a su manera, lo que faltaron en este debut, es que con todo ello apenas si se construyó un relato documental de escasísimo interés que, en otras manos que las de Graña, no pasaría de ser de un tibio y ramplón oportunismo.
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