UN ROSTRO SIN NOMBRE QUE ASOLA EL CENTRO DE ROSARIO
Un día después de los cuatro ataques consecutivos del Loco del Cuchillo en diferentes sectores de la zona céntrica, el tema era de comentario obligado en cualquier comercio, vereda o ascensor entre los vecinos, entre quienes reinaba una psicosis sólo comparable con la de los sucesivos golpes del Asesino de la Escopeta. Mientras los dos heridos más graves habían mejorado su estado, la policía le pidió calma y ayuda a la población para poder identificar y atrapar al atacante, a la vez que intensificaba los patrullajes y difundía el fotofit con su fisonomía. Voceros de la pesquisa se inclinaban por un hombre con las facultades mentales alteradas, a juzgar por las características de los ataques seriales, al azar, sin pronunciar palabra y sin tener motivos racionales. Pero hasta anoche no había pistas firmas que llevaran hacia este atacante, que usó un pico de botella y un cuchillo o una cuchilla en sus agresiones.
“Hay más hechos anteriores, pero aún no fueron denunciados”, sostuvo anoche una fuente de la investigación policial, que lleva adelante la comisaría 2ª con la colaboración de la Agrupación Unidades Especiales, la Brigada de Orden Urbano, la Brigada Motorizada, el Comando Radioeléctrico y el Cuerpo Guardia de Infantería.
A partir de la descripción de las víctimas, la Unidad Regional II elaboró un fotofit que da cuenta de la fisonomía del atacante. Se trata de un hombre de entre 30 y 35 años, de un metro ochenta de estatura, robusto, atlético, cutis blanco, rapado, con un vendaje o yeso en el antebrazo izquierdo y que al momento de los ataques vestía una remera de mangas cortas blanca, pantalón jogging negro y zapatillas deportivas.
Por las características de las agresiones, la policía chequeó en los psiquiátricos que no hubiese habido alguna fuga y luego recorrió pensiones del centro, aunque hasta anoche no se habían desarrollado allanamientos en procura de dar con el paradero del Loco del Cuchillo. De todos modos, la policía recibió decenas de llamados de personas que creyeron ver en su vecino o en un transeúnte al atacante serial.
El titular de la comisaría 2ª, comisario José Luis Juárez, en cuya jurisdicción se sucedieron las agresiones, señaló que el autor “evidentemente no está en su sano juicio, ya que algún trastorno psíquico lo impulsa a cometer estos actos”. El oficial se mostró optimista con respecto al esclarecimiento de los hechos.
En los cuatro ataques, la víctima usó el mismo modus operandi: se cruzó de frente con la víctima y luego atacó por detrás y sin decir palabra. “Aprovechó que los domingos en la zona céntrica circula poca gente”, calculó Juárez, quien pidió a la población que acerque datos para dar su con su paradero al 101 del Comando o a la seccional que conduce: 4721762.
La saga –que duró siete horas– comenzó el domingo poco después de las diez de la mañana en Mendoza al 1800, por donde caminaba Gastón Bejarán, un pibe de 18 años. El agresor pasó a su lado y casi en el mismo instante le asestó un botellazo en el cuello (ver aparte).
Una hora después la víctima fue Alberto Uranga, de 50 años, que recibió un golpe en la cabeza con el cuello de botella –que al parecer el agresor había conservado de su anterior ataque– en Córdoba al 1900, en la vereda de la plaza San Martín y a poco más de una cuadra de su casa.
Fue atendido en el Heca, donde le curaron la herida que recibió en el cuello y fue dado de alta.
Por la tarde, el Loco atacó de nuevo. A las 15.30 una patrulla del Comando observó en Rioja y España a Federico Alfredso, de 23 años y que vive a tres cuadras del lugar del ataque, con una herida en el sector izquierdo del tórax, producida por un cuchillo o una cuchilla de gran porte. Fue trasladado al Sanatorio Americano, donde ayer pudo declarar ante la policía pese a que es el herido de mayor gravedad.
A las 17.15, otro móvil del Comando halló en Corrientes y Montevideo a Ignacio Stefano, también de 23 años, con una herida punzocortante –al parecer provocada con el mismo cuchillo del ataque anterior– a la altura del pulmón izquierdo. Fue operado en Heca, donde ayer seguía internado fuera de peligro.
El pico de una botella como arma
La primera víctima del Loco del Cuchillo fue Gastón Bejarán, un pibe de 18 años, a quien sin embargo el agresor atacó con una botella poco después de las diez de la mañana del domingo. “Yo iba caminando por Mendoza y Dorrego y a mitad de cuadra llegó este hombre y me dio un botellazo desde atrás, justo cuando pasaba al lado de una chica”, dijo ayer Gastón a LT3.
“Yo no sabía si me había boxeado, así que me di vuelta y este hombre estaba ya con la botella toda rota (en la mano). Primero pasó a mi lado y casi enseguida me golpeó con la botella. No me dijo nada, sólo me la partió en el cuello y yo me quedé quieto”, añadió la víctima.
“Él se quedó así, con la botella rota en la mano, como que me quiso desafiar a ver qué hacía yo. Me miraba con cara de furia, y yo me di media vuelta y empecé a correr nomás”, siguió Gastón, a quien ningún transeúnte ayudó: “La gente pasaba de largo”. El pibe consideró que su agresor “puede ser que esté loco o puede ser que esté drogado”.
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