UN SALTO POLÍTICO QUE UNOS DISFRUTAN Y OTROS MALDICEN
El martes 17 Miguel Paulón entró al despacho de Carlos Reutemann y le comunicó su decisión de acompañar a Hermes Binner en la fórmula opositora. Entre jueves y viernes, en su última jugada por frenar al primero en saltar el cerco, Reutemann dijo que no había sido avisado. Desmintió lo que era cierto. La furia se apoderó de los justicialistas que no midieron qué tan funcionales estaban siendo al golpe de efecto que el socialismo buscaba para instalar a su candidato, con problemas de inserción en el centro norte de la provincia. La medida de la jugada socialista la dio la reacción del PJ, que salió desbocado a fustigar a un dirigente que, hasta que no se conocieron sus planes, nadie tenía en cuenta. Nadie puede aún evaluar cuál será el balance de la incorporación, aunque algunas informaciones invitan a no quedarse con la versión de mínima que se limita a que el socialismo buscó mojarle la oreja al oficialismo.
“Yo lo conversé con el ministro del Interior Aníbal Fernández, y seguramente el intendente Binner lo habló con otros funcionarios del gobierno nacional”, reveló Paulón pocas horas después de la presentación junto a Binner en Rafaela. Fueron pocos los que le prestaron atención a este dato y son más los que no quieren creer que los que tienen certeza de que fueron los vientos patagónicos los que llevaron a Paulón del otro lado del alambrado. Pero si es por creer o reventar, ya es fácil suponer lo que sintió el gobernador cuando Paulón entró el lunes al teatro rafaelino. Para más datos, el ex ministro del Lole volvió el viernes a Buenos Aires, donde se reunió con el titular de un ministerio nacional en el que no se atienden los asuntos políticos y electorales pero en el que en esta coyuntura hay mucho interés en los comicios en Santa Fe.
Los candidatos justicialistas saben que de Reutemann no se pueden fiar. Héctor Cavallero, Jorge Giorgetti y Jorge Obeid hace seis meses que escuchan de su boca que el apoyo va a ser para todos por igual, pero faltó a su palabra: el miércoles prestó su figura y la Casa de Gobierno para el lanzamiento de su delfín, Alberto Hammerly. La decisión de que Prensa de la Gobernación informe con más amplitud de la sesión fotográfica de los candidatos que de la presencia del delegado de la ONU, Carmelo Angulo, quien llevó un informe sobre las pérdidas por la inundación, fue en el mismo sentido. A fuerza de comprobaciones empíricas, Obeid, Cavallero y Giorgetti ya no confiaban en la palabra de Reutemann. La última fue el 19 de abril, cuando después de haber propalado la prescindencia en la elección presidencial, el gobernador viajó a Rosario para formar parte de la escena que el dueño de un multimedio local había armado para que se diera el abrazo con Carlos Menem, a la postre derrotado. “Yo lo recibí como a cualquiera; después con la foto hicieron lo que quisieron”, intentó despegarse el Lole, que obvió contar que una de las condiciones del encuentro era que el único fotógrafo que participaría del encuentro lo ponía él. De hecho, en todos los diarios del país el crédito de la foto estaba adjudicado a “Prensa de Gobernación de Santa Fe”.
Paulón buscó el respaldo de Reutemann, quien le dijo lo mismo que a todos: que se presente, que cuente con su apoyo, que la ley de lemas le daba oportunidades a todos. Paulón se sinceró: “Yo no tengo aparato ni estructura política porque jamás me dediqué a eso”, dijo, y buscó otro rancho donde cobijarse. En la opinión pública la reacción lógicamente fue de otro orden y bien podría formularse como un interrogante. ¿Es lo mismo ser reutemista hoy y aliarse con el socialismo mañana? La aspiración de llegar a un lugar de poder, al margen de cualidades y capacidades de la persona en cuestión, ¿justifica pasarse a la oposición de un día para el otro?
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