UN SANTAFESINO EN BUSCA DE LA VACUNA CONTRA EL SIDA
A fines de los años 70, ciertos institutos de investigación en primates de los Estados Unidos colocaron accidentalmente en una misma jaula monos Rhesus asiáticos y monos africanos. Al poco tiempo, algunos macacos Rhesus –los originarios de Asia- desarrollaron linfomas y otros tipos de cáncer, y evidenciaron signos de una enfermedad desconocida hasta el momento, pero similar en sus efectos a otra que comenzaba a descubrirse: el sida.
El virus del Síndrome de Inmunodeficiencia en Simios (SIV, su sigla en inglés) es similar en su estructura genética al del HIV, causante del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (sida), responsable de la muerte de millones de personas en las últimas décadas. Es justamente esa similitud la que hace que el estudio del SIV y su desarrollo en macacos Rhesus sea una de las áreas de mayor interés a la hora de encontrar nuevas drogas y –por qué no- la tan buscada vacuna en contra del sida.
En ese camino se encuentra el doctor Luis Giavedoni, un egresado de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) que desde 1996 trabaja en la Southwest Foundation, una fundación dedicada a la investigación en biomedicina, ubicada en la ciudad de San Antonio, en Texas, Estados Unidos.
“El virus del SIV es diferente al HIV, pero muy parecido en su estructura genética: por eso es el mejor modelo animal que existe en la actualidad para conocer los procesos de la enfermedad y tratar de atenuarlos”, indicó el científico, que trabaja en los Estados Unidos desde 1989, cuando viajó a uno de los campus de la Universidad de California, en Davis, tras doctorarse en la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA).
“Los macacos Rhesus tienen su origen en Asia, y el virus que los infecta, el SIV, se encuentra naturalmente en monos del Africa”, comentó el investigador. Sin embargo, hay especies de monos africanos que se infectan con el SIV y conviven con él perfectamente, sin desarrollar enfermedades que sí desarrollan sus parientes asiáticos.
“Al estudiar el tipo de separación genética que tienen los monos de Asia y los de Africa, se detecta un ancestro en común, hace siete millones de años: esa distancia es similar a la que separa al ancestro del cual surgieron el hombre y el chimpancé”, explicó Giavedoni, y agregó: “Lo que se piensa es que los virus que se encuentran en estos monos africanos han evolucionado, al mismo tiempo que los monos, hasta llegar a convivir sin desarrollar las patologías que sí desarrollan otras especies de macacos”.
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