UN SUBOFICIAL DE LA UR II, A LOS TIROS EN PLENO CENTRO
Sin embargo, a partir del testimonio de la decena de muchachos que esperaban en San Luis y Maipú el colectivo, el quiosquero no tiró hacia la vereda de enfrente, por donde corrían sus agresores, sino que sacó la mano y apuntó hacia donde estaban sentados cuatro adolescentes –a unos quince metros por la vereda sur– y gatilló al menos cinco veces, al bulto. Dos chicas y un pibe terminaron baleados en las piernas, mientras que el policía, especialista en instrumentos de viento en la Banda de Música de la Unidad Regional II, quedó preso y en disponibilidad. “Ese tipo está mal de la cabeza, porque podría haber matado a mi hija”, señaló la madre de una de las víctimas.
Soledad F. tiene 16 años y vive en el barrio La Tablada. A las cinco y media de la madrugada de ayer salió junto con sus cuatro amigos (dos pibes y dos chicas) de bailar de un boliche de Maipú al 800 y caminó los 150 metros que la separaban de la parada del colectivo, en la intersección de esa calle con San Luis.
Diez minutos antes de las seis de la mañana Soledad y su amiga Analía, de 19 años, estaban sentadas en la puerta de un local de la vereda sur de San Luis, casi enfrente de la parada. A su lado se habían ubicado dos chicos que formaban parte de otro grupo: María Ángeles P., de 17, y Fabio G., de 16, que se encontraba con su hermano. En la esquina había al menos otros cuatro adolescentes.
“Escuchamos que dos pibes se peleaban a los gritos con el quiosquero, que estaba con su hijo. Pero no es verdad que fueran menores y que por eso el tipo no les quería vender vino, porque uno tenía como 25 años y el otro era apenas más chico”, describió Analía.
Siguió Soledad: “En un momento los pibes se van para la vereda de enfrente y de ahí le tiran con una botellita de Coca, de las chiquitas, para salir corriendo hacia Maipú”. Desde la reja del local, ubicado en San Luis 913, algunos de los pibes que esperaban en la parada vieron asomarse una mano que empuñaba un arma. Después, escucharon los tiros.
“«¡Vamos!», le dije a la Sole, cuando escuché los tiros. Fueron como seis o siete. Y entonces ella, cuando se estaba parando, me dice: «Ayudame»”, continuó Analía. Un plomo de nueve milímetros le había entrado a Soledad por el talón izquierdo, para atravesarle la planta y golpearle el pie derecho, donde la bala le dejó un magullón. “Vi que tenía un agujero en la zapatilla y que me salía un chorro de sangre, así que me senté”, relató Soledad ayer, mientras se reponía en el sillón del living de su casa.
Otros dos chicos que estaban sentados al lado de Soledad también fueron heridos. Fabio recibió dos disparos, uno en el muslo derecho y el restante en la pierna izquierda, mientras que María Ángeles fue herida en el miembro inferior del mismo lado y por la tarde fue operada en el hospital Provincial, donde quedó internada fuera de peligro. En tanto, las otras dos víctimas fueron dadas de alta.
Patrullas de la comisaría 1ª y de la Brigada de Orden Urbano fueron al lugar de los disparos y detuvieron a Jorge Yamil Ycari, de 40 años, dueño del quiosco y cabo primero de la policía provincial. “Estaba con carpeta médica por una operación inguinal y debía presentarse al trabajo el próximo viernes 8. Toca la tuba y otros instrumentos de viento en la Banda de Música de la UR II”, precisó un vocero policial.
Al policía, que reside en Capitán Bermúdez, le secuestraron su pistola reglamentaria con cinco vainas intactas, además de la misma cantidad de cartuchos servidos. “El hijo, de 19 años, estuvo demorado algunas horas, porque no se sabía bien quién había tirado. Pero como el padre se hizo cargo, el Juzgado de Instrucción 12ª ordenó que saliera en libertad”, añadió la fuente de la UR II, que a la vez señaló que el sumario fue derivado a la División Judiciales.
Según la versión del suboficial, en realidad la discusión comenzó porque él se negó a venderles una cajita de vino a dos pibes menores de edad, lo que contrasta con la versión de los testigos, que deslizaron que el policía habría “estado borracho”.
Dijo otro portavoz policial: “El imputado declaró que la botellita pasó entre las rejas y le pegó en la nuca, donde tiene una contusión leve”.
Anoche estaba preso en el penal policial de la Jefatura, cuyo titular, Luis Pogliese, ordenó su pase a disponibilidad.
Por otra parte, Zulma Mendoza, madre de Soledad, seguía ayer conmocionada por el episodio. “Ese tipo está mal de la cabeza, porque podría haber matado a mi hija. Me llamaron a las seis de la mañana y yo ya sospeché que algo grave había pasado. Mi esposo me llamó después desde el hospital y me dijo que no era nada, pero no sé qué secuelas le van a quedar en el pie”, cerró la mujer.
UN CABO SIEMPRE IRASCIBLE
Un veterano policía recordó ayer otro episodio que habría protagonizado Ycari: “Fue hace cinco años. Una madrugada iba en el auto con la mujer y atropelló en Juan José Paso y las vías a dos chicas que iban en bicicleta a trabajar a una panadería de Arroyito. Ya en la guardia de la comisaría 9ª sacó la pistola y apuntó a todo el mundo, pero los policías se le tiraron encima y lo redujeron, mientras la esposa quiso evitarlo pegándoles carterazos por la cabeza”.
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