UN TAXISTA DEVOLVIÓ MÁS DE 7 MIL PESOS QUE SE OLVIDÓ UN PASAJERO
Momentos después de dejar a un pasajero en la esquina de San Juan y Pueyrredón, un taxista se dio cuenta de que el hombre se había dejado un maletín. Para su sorpresa, al revisarlo se topó con un fajo de billetes, arriba de 4 mil pesos, y al seguir hurgando encontró más, en este caso “un toquito de verdes”. No era poca plata: a ojos de buen cubero, entre $7.000 y 9.000. El tachero, Emilio Ortega, de 56 años, ni lo pensó: tenía que devolver el dinero a su dueño. Por eso llamó a una radio, dio su propio teléfono y datos mínimos sobre el maletín, cuyo contenido sólo el propietario sabría describir. Minutos después, Ortega llegó con el taxi a la estación de servicio ubicada en la misma esquina donde había bajado a su pasajero, que no era otro que el titular del lugar.
“Cuando le di el portafolios no paraba de besarme y abrazarme”, recordó ayer el taxista. Sin embargo, para él fue un gesto natural. “Lo que no es mío, no es mío y no lo quiero. ¿Por qué me lo iba a quedar?”, se sigue preguntando sin descanso Ortega.
Que el taxista haya razonado así es por lo menos poco frecuente, pero tampoco un milagro aislado. Al momento del hallazgo, Ortega estaba en el taller mecánico de su amigo Hugo Neder, donde diariamente va a tomarse unos mates. Y fue el propio Neder quien ayer recordó que los cinco mecánicos que trabajan en el taller apoyaron la decisión de Ortega de devolver la plata.
Sólo que, para poder hacerlo, encima el taxista tuvo que trabajar. Y con su hija María del Luján se las ingenió para dar pistas por la radio al dueño del maletín. Cuando por fin se encontraron, Enrique Mignini -el propietario del dinero- no paró de agradecerle y le obsequió 200 pesos. Luego envió también una nota a la Dirección de Tránsito contando lo que le había pasado para que en la Municipalidad conocieran la ética de Ortega.
No es que al taxista le sobre plata. Trabaja “de lunes a lunes, 14 horas por día”, y de eso viven su esposa, tres hijos y cuatro nietos a cargo. Aun así, el hombre la tiene clara: “No era mi plata, así que si el hombre me decía «gracias y hasta luego» también estaba bien. Yo soy así”.
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