UN TEMPORAL EN BARILOCHE CAUSÓ CORTES DE RUTAS Y EVACUACIONES
Un fuerte temporal de lluvia, nieve y viento sacudió con fuerza a Bariloche, El Bolsón, Lago Puelo y un puñado de parajes cercanos en las provincias de Río Negro y Chubut.
Hubo ríos y arroyos que salieron de sus cauces e inundaron decenas de casas en los barrios costeros, a pesar del trabajo de operarios y máquinas viales.
Al mismo tiempo una serie de aludes de piedras y barro aplastaron a una despensa, arrastraron a dos vehículos y cortaron durante horas rutas y caminos.
Anoche más de 200 personas habían sido evacuadas o habían abandonado sus casas por sus propios medios en toda la región al ver que el agua entraba a sus hogares. Decenas de familias perdieron sus muebles y su ropa.
Pero las condiciones meteorológicas no sólo provocaron problemas. El cerro Catedral, a unos 20 kilómetros de Bariloche, fue la otra cara de la desgracia. La tormenta fue recibida como una bendición. La nieve cubrió todas las pistas y acumuló unos 20 centímetros en la base, lo que produce un impacto positivo en el turismo.
En los últimos 5 días había llovido en forma intermitente sobre toda la región. Pero el fin de semana se desató un temporal de lluvia helada que marcó un récord en la historia de la ciudad.
El meteorólogo Gilberto Tadeo dijo a Clarín que en sólo dos días casi se alcanza la marca promedio de lluvias correspondiente a todo el mes. Tadeo indicó que el promedio para junio es de 186 milímetros, y que entre el sábado y el domingo cayeron 154,3. A esa cifra habría que sumarle el agua caída ayer, con lo que en sólo tres días se supera largamente el promedio mensual.
En Bariloche se registraron problemas en diferentes sectores. La caída de árboles provocó cortes de luz, hubo calles y caminos cortados y líneas de colectivo que debieron alterar sus recorridos. La tormenta hizo suspender las clases en las escuelas públicas.
Esos problemas se solucionaron con relativa rapidez. Los inconvenientes más graves se registraron en inmediaciones del arroyo Ñireco, un curso de agua alrededor del cual creció parte del casco urbano de la ciudad.
En ese sector se vivieron momento dramáticos. El tranquilo y cristalino arroyo que nace en la ladera oriental del cerro Ventana se convirtió en un furioso río color marrón que saltó fuera su cauce. Desde el domingo los vecinos lo miran con temor, y muchos pusieron manos a la obra para improvisar taludes en los puntos más comprometidos.
Hubo vecinos que no durmieron para trabajar con palas y carretillas a la par de las cuadrillas municipales. Pero esas tareas resultaron insuficientes para frenar el desborde. Una treintena de casas quedaron bajo el agua. Algunas construcciones parecían un peñasco que surgía en medio del río caudaloso.
Las lluvias produjeron aludes de piedras y barro en las bardas que se elevan junto al arroyo. Uno de esos desprendimientos aplastó una despensa sepultándola por completo y provocó roturas a la casa contigua.
Luis Saluzzi, propietario del comercio y la vivienda, vivió momentos de desesperación cuando llegó al lugar y vio lo que había sucedido. “Pensé que mi familia estaba adentro y casi me muero”, dijo Saluzzi a Clarín. Su mujer, a punto de dar a luz, que estaba en la casa junto a sus hijas, sufrió un ataque de nervios y tuvo que ser internada.
En otros sectores de la ciudad la tormenta puso una vez más al descubierto las precarias condiciones de vida de una amplia porción de los vecinos de Bariloche.
Se trata de familias que habitan viviendas construidas con madera de descarte y chapas de cartón que no pueden atajar el frío patagónico. Son casas sin gas natural en las que sus habitantes intentan conseguir un poco de calor quemando ramas y raíces en una lata o una salamandra, lugares en los que viven chicos que no tienen calzado para poder caminar hasta la escuela o al comedor comunitario del barrio.
Para hoy se espera que disminuyan las precipitaciones y haya un respiro para el personal que trabaja en el manejo de los cursos de agua, aunque el pronóstico anuncia una semana agitada para toda la región.
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