UNA BANDA QUE TENÍA TODO PLANIFICADO CON GRAN DETALLE
Hay algunos puntos sobre los que los investigadores no dudan: los asaltantes que actuaron ayer en el Banco Río son hiperprofesionales, muy experimentados, tenían información y planificaron el golpe durante al menos tres meses. Además está la sospecha de que contaron con la ayuda de alguno de los rehenes, tal vez un empleado infiel de la sucursal bancaria.
“Montaron una verdadera obra de teatro. Y lo hicieron con seguridad y sin dudar. Tanto profesionalismo tal vez nos ayude a capturarlos: no son muchos los ladrones capaces de hacer un golpe como este”, dijo anoche a Clarín una alta fuente ligada al caso. Trataba de ver lo positivo en lo negativo.
De acuerdo a los investigadores, el primer dato que habla del profesionalismo de los ladrones es la información que tenían. Sabían que en el banco había 200 cajas de seguridad, que estaban todas ocupadas —había que inscribirse en lista de espera para obtener una— y que tenían un contenido importante: costaban 400 pesos anuales en promedio.
Los ladrones cavaron el túnel durante al menos tres meses —calculan los investigadores— con gran habilidad. Pero también sabían con precisión hacia qué punto dirigirlo. Este es un indicio de que un empleado infiel podría haberlos ayudado a orientar el tramo final de la obra.
A todo esto se suma la calma con la que actuaron. En todo momento supieron que la Policía los iba a cercar y no reaccionaron de modo alguno. No maltrataron a ningún rehén —como sí hacen los inexpertos— y se aseguraron de liberarse enseguida de los más molestos: el policía de la garita y el vigilador privado. Los “entregaron” a cambio de pizza.
Los investigadores también están sorprendidos por la sangre fría con la que uno de los asaltantes se comunicó con los negociadores profesionales del Grupo Halcón. En todo momento se mostró dispuesto a negociar la rendición de la banda y la liberación de rehenes, sin que nadie sospechara que estaban ganando tiempo para concretar el robo.
Otro elemento importante es la precisión horaria con la que actuaron. Los ladrones calcularon al detalle cuánto tardaría la Policía en rodearlos, cuánto se extenderían las negociaciones y cuánto tiempo necesitarían ellos para asegurarse el botín y escapar sin problemas.
Aquí aparece un punto clave que habla de la manera de manejarse de esta banda. Y es lo que tiene que ver con los explosivos: tenían acceso a granadas, algo no tan común de obtener, y habían armado bombas “cazabobos”, caseras.
Estas bombas, que estallan al manipularlas sin cuidado, son de difícil manufactura. Su instalación fue clave: si los especialistas las detonaban de forma errónea, derrumbaban el túnel y demoraban en varias horas el seguimiento del rastro de los ladrones. Es que la única forma de saber hacia dónde iban era entrar al pasadizo por el banco.
El propio superintendente Daniel Rago, jefe de la Policía Bonaerense, agregó anoche una valoración de la categoría de la banda. “Fue una banda debidamente conformada, que tenía programado un plan A y un plan B1”. No dio más detalles sobre ese plan de contingencia.
El último detalle tiene que ver con la cobertura final: los ladrones se aseguraron de que un cómplice se mezclara entre los rehenes para correr el mueble sobre la entrada del túnel y así ganar un tiempo extra, hasta que la Policía lo encontrara.
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