UNA CHANCE PARA BARREDA
Fue un recurso extraordinario presentado por la defensa del cuádruple homicida. El fallo consideró que el rechazo de la apelación a la sentencia condenatoria (dictado por un Tribunal Casación), no estaba ajustado a derecho y le ordenó que dicte una nueva sentencia y que trate la cuestión de fondo.
El 15 de noviembre de 1992, el odontólogo asesinó a escopetazos a su mujer, Gladys Mc Donald, de 57 años; sus hijas Cecilia, de 26, y Adriana de 24, y su suegra, Elena Arreche, de 86, en la vivienda que habitaban en la calle 48 entre 11 y 12 de La Plata.
Al ser detenido, Barreda expresó a un funcionario policial que “harto de cargadas, odios, indiferencia y desamor”, subió al primer piso de la casa, tomó la escopeta, bajó y comenzó a disparar a su esposa y a su hija menor, para luego asesinar a su hija Cecilia.
“Luego (disparé) a la vieja (por su suegra), que me arruinó la vida”, contó Barreda al policía en esa oportunidad. Durante el juicio, los peritos psiquiátricos jugaron un rol preponderante debido a que las audiencias prácticamente se centraron en determinar, tal como lo había solicitado su defensa, la imputabilidad o no del cuádruple homicida. De los tres jueces, dos lo consideraron imputable y el restante no. Hoy atiende la dentadura de sus compañeros de pabellón, estudia abogacía y recibe los fines de semana la visita de una novia que conoció por correspondencia.
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