UNA CHICA DE 13 AÑOS FUE OBLIGADA POR OTRAS A METERSE EN UNA TUMBA EN EL CEMENTERIO LA PIEDAD
Fue un juego de niños, pero un poco tenebroso. Una premeditada travesura con un trasfondo pasional, por más que los protagonistas apenas lleguen a los quince años. El problema surgió cuando una chica de 13 años comenzó a salir con el novio de otra, de 15. Herida en su orgullo, la perdedora del triángulo amoroso quiso venganza y la planificó: junto con dos amigas invitó a su rival al cementerio para encontrarse con el caballero en cuestión, también de 15 años. Pero el galán no estaba en el cementerio. Las muchachas caminaron un largo trecho hasta que una de las amigas de la novia despechada sacó un revólver –en apariencias, calibre 32– amenazó a la víctima y la obligó a introducirse en una tumba, de las conocidas como “perpetuas”. Luego, la taparon con la losa superior y huyeron. La adolescente logró abrir la tapa y liberarse. El origen del problema, el codiciado muchacho, en su casa, muerto de risa y agrandado.
El episodio en cuestión ocurrió el 16 de abril, alrededor de las seis de la tarde, pero fue denunciado un día después en la comisaría 32ª por Ernestina, una mujer de 34 años que concurrió a la dependencia policial con su hija de 13 años, Pamela, la víctima de esa historia.
Según fuentes policiales, la adolescente salió de la escuela ubicada en Provincias Unidas y White, y se encontró con Betiana, una quinceañera que es su vecina y que estaba acompañada por otras dos muchachas también menores, que ahora la policía trata de identificar.
Fuentes policiales explicaron que Betiana y sus amigas (que asisten a otra escuela) invitaron a Pamela a ir al cementerio La Piedad, de 27 de Febrero y Provincias Unidas, a encontrarse con Jonathan. Ellas le habían dicho a ésta que el muchacho en discordia quería hablar con ambas.
Las cuatro jóvenes tomaron el colectivo y fueron hasta la necrópolis, donde caminaron hasta el final sin que el codiciado muchacho apareciera.
Una de las amigas de Betiana sacó un arma –de acuerdo a la descripción, se trataría de un revólver calibre 32– con el que amenazó a Pamela. La agresora y sus dos compañeras sacaron la tapa que cubría una tumba subterránea, y la obligaron a Pamela a meterse allí. Luego volvieron a colocar la tapa y se fueron. La chica agredida dijo a los uniformados que se trata de una tumba “larga y profunda”, pero cuando escuchó que sus amigas ya se habían ido, la destapó y se marchó.
En la puerta se cruzó con varios policías que realizan vigilancia adicional en el camposanto y les preguntó por las otras jovencitas, a lo que los agentes le respondieron que ya se habían ido.
Pamela volvió a su casa, le contó a su madre lo sucedido y, al otro día, denunciaron el hecho en la comisaría 32ª. Como logró identificar a una de las agresoras, la muchacha fue citada por el juez de menores en turno y se presentó el sábado.
Según las fuentes, el magistrado ordenó que se le tomara declaración informativa y la mandó a su casa, con su madre. De todos modos, aclararon que no hay hasta el momento secuestro de ningún arma y que ayer trabajaban para dar con el resto de las chicas, ya que la víctima no conocía sus nombres.
Una fuente allegada a la investigación destacó que, por fortuna, esa clase de tumbas tiene ventilación y que el cementerio está custodiado por muchos guardias para evitar el robo de placas de bronce, que hasta hace poco tiempo era muy común. “Si la chica gritaba, la iban a escuchar”, destacó.
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