UNA CHICA DE 23 AÑOS MURIÓ ACRIBILLADA POR BALAS POLICIALES
Cuentan los vecinos de Flammarión al 5000 que ayer a la mañana vieron pasar una vieja combi Volkswagen blanca a la que no se le veía la patente. El vehículo pasó por allí dos veces. La segunda un poco más despacio, “como quien busca a alguien”, explicó un hombre. Eran las 7.45 cuando sonaron “por lo menos ocho disparos” frente a la casa identificada con el número 5027. La mayoría de esos balazos impactaron en el cuerpo de Verónica Soledad Garcilazo, de 23 años, quien con su cuerpo cubrió a su sobrino de 5 años que la acompañaba. Las marcas que dejaron los impactos demuestran que la mujer trató de cubrirse cerrando la puerta que da ingreso a su casa, pero la chapa sucumbió ante el poder de los proyectiles calibre 9 milímetros. En la combi viajaban dos policías de civil que trabajan, realizando tareas diferenciadas, en la Dirección de Medicina Legal de la Unidad Regional II. Ellos denunciaron en la seccional 21ª que fueron víctimas de un intento de robo y que, al recibir una perdigonada que les rompió la ventanilla del lado del acompañante, repelieron la agresión. La joven víctima no contaba con antecedentes.
Flammarión es una calle que parece estar condenada a la pobreza. Al menos eso es lo que se observa en las fachadas de sus humildes casas, la zanjas a cielo abierto, pasillos angostos y la basura que recubre las vías del ex ferrocarril Mitre que corre paralela al pavimento. La cuadra que va entre Olegario V. Andrade y Gutiérrez, al oeste de las vías, es un fiel reflejo de ese paisaje. Allí viven los Garcilazo desde hace dos años, cuando dejaron el barrio Molino Blanco para afincarse en Las Delicias. En esa cuadra vivía Verónica después de separarse. Y en la puerta de su casa murió baleada. “Lo único que sabemos es que salió a comprar facturas con mi nietito de cinco años, se escuchó el tiroteo y ella quedó tirada en la pasillo ensangrentada”, contó Amalia Isabel Garcilazo, la mamá de la víctima. Pero eso es parte del final.
Puntos oscuros
La historia de la muerte de Verónica tiene varios puntos incongruentes. Todos en el barrio coincidían en que la chica “era una piba que no se metía con nada ni con nadie”, pero murió acribillada en la puerta de su casa. ¿Quien la mató? Un pesquisa que trabaja en la investigación dio la versión oficial: “Dos policías que iban a tomar servicio en la Dirección de Medicina Legal se presentaron a las 8 de la mañana en la seccional 21ª para denunciar que en Flammarión y Andrade habían sido víctimas de un intento de robo calificado”. Es más, contó el oficial, “recibieron un impacto de perdigonada en la ventanilla del acompañante. Entonces, al repeler la agresión, mataron a la piba”. Los policías, vestidos de civil, viajaban en una combi Volkswagen color blanca sin patente a la vista. “La patente la llevaban suelta sobre el torpedo de la combi”, precisó el vocero.
Pero los vecinos de la cuadra vieron otra cosa. “La combi pasó dos veces, como quien busca a alguien”, comentó un hombre. “La segunda vez fue más despacio y se paró frente a la puerta de la casa de esta piba. Después se escucharon varios disparos”, comentó el hombre. “Sentí el ruido de la camioneta cuando chocó unos tachos y después varios disparos”, contó una mujer. Ninguno de los vecinos consultados, al menos media docena, dijo haber escuchado un disparo solitario y después una sucesión de detonaciones. “El que disparó fue el acompañante. No se bajaron nunca de la combi”, dijo uno de ellos. La puerta azul de pasillo donde vivía Verónica mostraba cinco impactos, todos por debajo de la línea del picaporte. Otro impacto estaba a centímetros del suelo, contra la pared. Y los vecinos hablaban de un séptimo proyectil que impactó en la tierra.
Tras la balacera, la combi desapareció del lugar y Verónica quedó tirada en el pasillo de tierra húmeda, bañada en sangre. Desesperados, sus familiares la llevaron casi 50 metros hasta la intersección con Andrade, “porque hasta acá la ambulancia no entra”, explicó una vecina. Verónica agonizó media hora en esa esquina y cuando llegaron los policías “la cargaron como si fuera un chancho”, precisó una mujer de la cuadra. La joven tenía cuatro disparos en su cuerpo, al menos dos en la espalda. La víctima no tenía antecedentes y la falta de asistencia es sólo un aspecto de un lugar de Rosario donde la vida parece valer menos que entre los bulevares.
“No sé qué dirá la policía, pero desde este pasillo nadie les disparó porque en mi casa no hay armas”, se defendió Amalia, madre de Verónica y de otros ocho hermanos de la víctima. “Incluso le diría, con todo el odio que tengo, que venga la policía y me revise las pocas hilachas que tengo. Armas no existen en este lugar porque jamás tuve un problema con la policía. Y mis hijos menos. Vivo trabajando para ellos”, explicó esta mujer de 55 años a la que ya le habían matado a otro hijo (ver aparte). “Los policías son muy imprudentes. ¿Por qué tenían que dispararle si vieron que venía con mi nietito en brazos? A mi Negra le pegaron los tiros en la espalda porque ella protegió a mi nietito”, dijo la mujer con lágrimas en sus ojos.
Detenidos e incomunicados
Los policías, identificados como el cabo primero Edgardo Peiretti, de 34 años y Jesús Acosta, de 38, quedaron detenidos a disposición de la jueza de Instrucción Alejandra Rodenas. Anoche, las fuentes se contradecían en torno a cual de ellos disparó, algo que esclarecerán las pericias. Ambos llevan más de diez años de servicio en la fuerza y, según pudo saberse, los dos están con tareas diferenciadas en las oficinas de Medicina Legal de Dorrego al 900.
Según los investigadores, sólo uno de los policías disparó. En la puerta de la seccional 21ª estaba ayer por la tarde la combi blanca en la que iban los efectivos. El vidrio del lado del acompañante estaba desintegrado. Sobre el pavimento de Arijón al 2300 había restos de vidrios que, según explicó un pesquisa, correspondían a los que quedaron en el interior del vehículo tras la perdigonada. A simple vista, no había impactos de perdigones en la puerta ni el interior de la cabina.
Tras la muerte de Verónica, varias son las preguntas que quedan abiertas. ¿Qué hacían dos policías de escritorio en Flammarión al 5000? “Uno de ellos vive en la zona. Iban a tomar servicio y tomaron por Flammarión para evitar una calle que está cortada”, explicó un vocero. ¿Quién les disparó el supuesto escopetazo? “Aparentemente un muchacho”, dijo el informante. ¿Por qué le dispararon a Verónica? Esa pregunta aún no tiene respuesta para la policía. “Estos tipos se confundieron de persona. Que la policía entre a la cuadra a los pedos, como si fueran los dueños, puede ser. Pero que entren y maten una piba así… ¿no te parece que es demasiado?”, se preguntó un vecino del barrio Las Delicias.
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