UNA EMPLEADA DE CONZI DIJO QUE RECIBIÓ ORDEN DE ECHAR A LOS JÓVENES
Una empleada del complejo gastronómico de Horacio Conzi afirmó esta tarde que recibió la orden de echar del local a Marcos Schenone y sus amigos, al tiempo que calificó al empresario como un hombre “acostumbrado a que se hiciese lo que quería”.
Marisol Ulloa, quien la noche del crimen trabajaba como coordinadora del local, hizo ante el Tribunal un pormenorizado relato. Y recordó que recibió una orden del gerente del negocio para echar del lugar -por pedido de Conzi- a los cuatro jóvenes que luego fueron atacados a balazos.
“Deciles que se retiren porque Horacio quiere que se vayan”, aseguró la chica que le ordenó el gerente. Según afirmó, momentos antes había visto a Paula Alonso, una de las chicas que estaba con Schenone, charlando con Conzi en el primer piso del local.
De acuerdo a su versión, para pedirles a los jóvenes que se fueron utilizó un argumento inusual: les dijo que el complejo estaba por cerrar. Según contó, cuando los acompañó hasta la puerta vio la camioneta de Conzi estacionada junto al local, aunque luego dijo no recordar si más tarde seguía en ese lugar.
Al ser consultada sobre si Conzi era irascible, la chica no dudó: afirmó que el empresario era un hombre con quien “no se podía discutir” y “siempre tenía la razón” en la discusiones. “Estaba acostumbrado a que se haga lo que él decía”, contó la joven.
El testimonio de Ulloa fue considerado como muy importante por el abogado de los Schenone. “En su primera declaración había negado que los invitados hayan sido echados del boliche”, precisó Marcelo Adamoli. “Hay una dosis de coherencia con lo que pasó esa noche”, completó el letrado.
Para más tarde, se aguarda con expectativa la presencia de tres testigos de identidad reservada, que en su momento complicaron a Conzi. Se trata de tres mujeres que durante la etapa de instrucción que habían visto cómo su jefe se alteró cuando vio a la víctima y a Paula Alonso -quien declaró el lunes- besándose en el boliche.
Según las testigos, Conzi no sólo dio la orden de echar de Dallas a Schenone, Alonso y sus amigos Gisella Carabetta y Gustavo Pacheco, sino que además escucharon cómo por handy le pedía al valet parking del local que prepararan su camioneta. Con ese mismo coche, de acuerdo a la investigación, el empresario los persiguió y luego atacó a balazos el remís en el que se retiraron los chicos.
La declaración de las tres testigos, sin embargo, aparece envuelta en la incertidumbre. Ayer, la fiscal Gabriela Baigún denunció que al parecer siguen trabajando en el complejo gastronómico de Conzi. Y expresó sus temores de que esos testigos, por miedo a perder sus empleos, no quieran declarar contra el empresario.
Por otra parte, la funcionaria judicial solicitó esta tarde que un empleado del empresario acusado sea procesado por falso testimonio. La fiscal fundamentó este pedido en que el joven, identificado como Sergio Colazzante, fue reticente a informar sobre un llamado realizado desde el local Dallas la madrugada del ataque.
De este modo, Colazzante quedó alojado en un recinto anexo a la sala de audiencias de los tribunales de San Isidro, hasta tanto los jueces resuelvan si aceptan o rechazan el pedido de la fiscal.
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