UNA EXPEDICIÓN ARGENTINA-CATALANA LLEGÓ A LA CIMA DEL HIMALAYA
El mendocino Víctor Hugo Herrera, junto con el español Xavier Arias, llegó esta mañana a la cima del monte Dhaulagiri, que tiene 8.176 metros y está ubicado en Nepal. Se encontraron con fuerte viento, temperaturas de hasta 30 grados bajo cero y poca visibilidad. Esta fase se puso en marcha a las 19 de ayer desde el campamento III, montado a 7.400 metros de la ladera noreste, en condiciones climáticas inestables.
El primer grupo desistió en el arranque de su intento desde las tiendas del campamento III, cuando apenas habían dado “unos pocos pasos”, según se informó a Clarín mediante un enlace telefónico satelital con el campamento base (4.650 metros).
El catalán José Molins Gil, organizador de la expedición, afirmó que “las condiciones se presentaron muy drásticas”, con una sensación térmica de 30 grados bajo cero y “un viento estremecedor”.
Relató que los cuatro guías mendocinos, Víctor Hugo Herrera, Miguel Lotfi, Horacio Cunietti y el mayor del ejército Fabián Iribas, y el sherpa (porteador nepalés) Pemba, sufrieron las consecuencias de varios días de agotadora ascensión. “El viento no los dejaba caminar”, sostuvo.
El segundo grupo lo componen, además de Redmond, el catalán Xavier Arias, el sherpa Nigma y el mendocino Víctor Hugo Herrera.
Todos durmieron en las dos pequeñas carpas colocadas en un hombro helado, al final de la “arista interminable” de la ladera noreste, lugar pequeño e incómodo.
Remontaron rampas o pendientes de nieve continua de hasta 50 grados y luego el filo cumbrero, muy peligroso porque tiene pestañas de nieve que pueden desmoronarse con el peso de un hombre.
Los demás montañeros retornaron velozmente hasta el campo base en pocas horas. Los acompañó el catalán Agustí Turrens, que inicialmente estaba seleccionado para ir con el segundo grupo. El descenso estuvo facilitado por los más de mil metros de cuerdas fijas que ya habían sido instalados a lo largo de la arista.
El grupo argentino-español superó la llamada “arista interminable”, posiblemente el problema técnico más importante de la ladera noreste del Dhaulagiri. Después de los 7.400 metros el terreno allí es más dócil, con pendientes de nieve que, en general, no requieren recursos artificiales sino cierta autonomía personal. Se puede prescindir de los clavos y de las sogas. Sólo hay que cuidarse en el filo cercano a la cumbre, donde se acumula nieve frágil.
Hacia ambos lados están los abismos. Y el éxito o el fracaso dependen a veces de una delgada posibilidad
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