UNA FIESTA A PURO SÍMBOLO
Parada en el palco de honor, de espaldas al río Paraná y de frente al Monumento a la Bandera, una intérprete de lenguaje de señas tradujo para aquellos argentinos que no pueden escuchar el discurso de ayer del presidente Néstor Kirchner.
En ese código de sordos, la palabra “bandera” es una secuencia de gestos con las manos incomprensible para los que no dominan el idioma. Junto a la chica que movía los dedos rapidísimo, las más altas autoridades de la Nación, la provincia y la ciudad hablaban su propio lenguaje de señas, símbolos y gestos, ese que entienden los que interpretan las reglas de la política argentina, en el contexto de un año electoral donde se plebiscita la gestión presidencial.
Las casi 50 mil personas que –según fuentes policiales– llenaron la zona del Monumento, y las muchas más que siguieron el homenaje a la bandera por radio, televisión e internet, sólo entendieron algunas de esas señales que se tiraban sobre el escenario de la ciudad, en uno de los mejores 20 de Junio que se recuerden. Sin una sola nube en el cielo, aunque algo frío.
En este día patrio, hubo mensajes simbólicos a rolete: una visita de Kirchner al flamante monumento a los caídos en Malvinas, un abrazo “armado” bajo el palco con Hermes Binner, un tiro por elevación en la arenga del gobernador Jorge Obeid al ex intendente rosarino por su “doble discurso” con respecto al mandatario nacional, un pito catalán del presidente (con gesto de manos incluido) al FMI, un ausente significativo en la figura de Carlos Reutemann y apenas un par de banderas partidarias que desafiaron la advertencia previa del propio senador por Santa Fe: “Si traen mensajes partidarios se pudre todo”. Esto, bajo el manto celeste y blanco del máximo símbolo patrio.
La metáfora con que el presidente arrancó su discurso es ilustrativa: “Así como miles de rosarinos van cosiendo una bandera para que tenga diez kilómetros, miles de argentinos trabajamos en todo el país para que ese manto celeste y blanco nos permita cubrir a todos y extender su protección al argentino que sufre, que lucha por vencer a la pobreza y la indigencia. Queremos que la bandera cubra a los empresarios nacionales, a los empresarios de otros lugares que vienen a invertir en esta tierra, a nuestra clase media que queremos que recupere su capacidad, y a nuestros trabajadores”, dijo el presidente.
Por si fuera poco, mientras en el palco se hablaba el lenguaje de los sordos y el de la política, a trescientos metros de allí, en Córdoba y Buenos Aires, los manifestantes de organizaciones de izquierda que iban a repudiar al presidente se encontraron cara a cara con los piqueteros oficialistas de Barrios de Pie y hablaron un idioma todavía más antiguo que las palabras: el de las piñas.
El palco de honor también fue el espacio elegido para otra incorporación reciente al código de los actos protocolares: mientras el locutor oficial leía la lista de fondos nacionales destinados por la gestión kirchnerista durante los dos últimos años –unos 1.700 millones, según datos de Presidencia– el intendente Miguel Lifschitz recibía una carpetita con los acuerdos firmados para obras en la ciudad. En esta ocasión, fueron 110 millones de pesos para la segunda etapa del plan Hábitat –la urbanización de las villas miserias locales– y 30 millones para reconstruir los muelles en peligro de derrumbe de la costa central. Otros 30 millones para obras que mejoren la capacidad operativa del puerto serán manejados por la provincia a través del Enapro.
No hay que dejar de lado, como síntoma de que el presidente quiere jugar fuerte en la cosa simbólica del poder, el tema de su desprecio a los horarios y protocolos, ya convertido en una marca de la gestión: Kirchner llegó apenas después de la hora anunciada de arribo al aeropuerto (a las 12), bastante tarde al Parque a la Bandera, más tarde aún al palco de honor y tardísimo al almuerzo del 40º aniversario de Canal 3 en la Bolsa de Comercio. A su paso por la ciudad, un ciclón de gente, funcionarios de la primera línea de ministros, políticos y periodistas se arremolinó en torno al núcleo presidencial, recibiendo distintos gestos de parte de Kirchner como premio al esfuerzo por acercarse: declaraciones, autógrafos, apretones de manos, abrazos y fotos.
De los abrazos, el que tuvo alto valor simbólico fue el de Kirchner con Binner. El candidato a diputado nacional por el socialismo esperó paradito detrás del palco, con una sonrisa de oreja a oreja, la llegada del presidente al lugar, tras recibir el mensaje de que el mandatario nacional quería saludarlo públicamente. Una hora antes de ese encuentro físico y político, el gobernador Obeid había dicho en el aeropuerto que Binner debía terminar con “el doble discurso de enfrentar a los candidatos del PJ en la provincia de Santa Fe y al mismo tiempo decir que está con el presidente”. La misma figura del “doble discurso” utilizó el mandatario provincial en sus palabras a todo el público presente en el Monumento. Sólo que esta vez evitó nombrar al destinatario de sus acusaciones, dejando afuera a gran parte de los concurrentes en una suerte de discurso con sujeto tácito.
Así como Kirchner habló de la bandera, el eje metafórico de los dichos de Obeid fue el río Paraná. “Este río, el de Belgrano, el de la bandera, para los santafesinos y los rosarinos no es el del pasado, es para todos el río del futuro. Por este río salieron el año pasado 7 mil millones de dólares en exportaciones. En la costa de este río, desde Timbúes a Arroyo Seco, el año pasado se fueron 1.270 millones de dólares en inversiones. Nuestro futuro es el río”, dijo el gobernador, antes de pedir fondos para el plan Circunvalar, el calado a 40 pies del Paraná y terminar con una encendida defensa de su proyecto para que el 20 de Junio sea feriado nacional inamovible, en virtud –como no podía ser de otra manera– del alto valor simbólico de la fecha para los rosarinos.
Antes de Obeid hablaron el arzobispo Eduardo Mirás –con un discurso de contenido más religioso que político– y el intendente Miguel Lifschitz, que sólo tuvo palabras de agradecimiento para el presidente por los fondos para obras enviados por la administración central.
Después del último orador, el propio presidente Kirchner, llegó la hora del desfile. A lo largo de más de tres horas, batallones militares y policiales, organizaciones civiles, ex combatientes de Malvinas –como siempre, los más festejados– y otras instituciones pasaron frente al Monumento, ante los aplausos de las casi 50 mil personas presentes. Mientras desfilaban todos, el mandatario nacional y su mujer, la senadora Cristina de Kirchner, se enfrascaron en un ida y vuelta de gestos con los que se acercaron al palco luego de la orden presidencial de levantar algunas vallas que los separaban del público. En el momento exacto en que Celeste, la hermana del fallecido militante social Pocho Lepratti, hablaba por la radio sobre su desilusión con el presidente, Kirchner mostraba una bandera que le habían acercado, con las caras de los asesinados en la represión de diciembre de 2001.
En ese circo gestual de cartas, papelitos y obsequios varios que le alcanzaban al presidente, se destacó Amílcar, un chico de 13 años que empezó pidiendo una birome para firmar una bandera que quería darle a Kirchner y terminó abrazado al matrimonio presidencial, saludando a la gente y a los fotógrafos con el símbolo internacional del “fierita”, el dedo pulgar e índice abiertos en forma de una “v” amplia debajo de la cara, como la de una sonrisa gigante. Otro gesto, otra señal, en otro lenguaje simbólico, en un lugar donde parece que todos hablaban el mismo idioma, pero no tanto.
Obeid por el feriado y el dragado del río
Dos pedidos al presidente y un anuncio incluyó el gobernador Jorge Obeid en su discurso de ayer en el Monumento. Entre los primeros, uno se reitera cada Día de la Bandera: que el 20 de Junio vuelva a ser feriado no trasladable. El otro es un reclamo tradicional de los sectores empresarios de la ciudad: que se lleve el calado del Paraná, dragado mediante, a 40 pies para que Rosario se convierta, directamente, en puerto de ultramar.
El anuncio es que hoy se abrirán en Buenos Aires las ofertas de la licitación de la que saldrá la consultora que se encargará de elaborar el proyecto ejecutivo del Plan Circunvalar, impulsado por los mismos sectores que quieren que se drague el río hasta llegar a 40 pies.
Antes, claro, el mandatario provincial abrió amablemente: “Es para mí un verdadero orgullo dar la bienvenida a un presidente que por novena vez está en suelo santafesino desde que asumió en su cargo”. Después, sí, llegaron los mangazos.
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