Una joda para Marcelo Tinelli
Mauro quiere llegar caminando al Parque Nacional Los Alerces. Él vive en Esquel. Cualquiera diría que habita la ciudad cordillerana más importante del Chubut, en la República Argentina. Pero a Mauro lo recorre sangre reivindicadota y polémica, de modo que el preferirá que digan que va caminando por la nación mapuche que no fue, la que entiende que le arrebataron a sus antepasados.
Mauro tendrá que caminar dos días para llegar al Parque, uno de los más grandes y bonitos del país, el del alerzal milenario y los lagos inconcebibles para la imaginación humana. No le importa demasiado porque es hijo de la tierra y en ella se siente fenómeno. Piensa en la Agrupación 11 de octubre, que él fundó o en aquella vez que fue a Italia a pedirle al mismísimo Luciano Benetton que deje ya de joder.
Cuando Mauro llega a la zona conocida como la Laguna del Toro, queda petrificado. Un hombrote al estilo de los patovicas de los boliches de las ciudades, rodeado de una jauría de perros y con un fusil calzado en su mano derecha le niega el paso. Le dice a Mauro que ese terreno “es privado”, de modo que no se puede pasar. Y cuando Mauro logra sobreponerse le espeta que no es legal cerrar una laguna.
Finalmente el hombrote deja pasar a Mauro pero le hace prometer que no se detendrá en ninguna parte de ese todo que ya no es nuestro. Cuando Mauro vuelva a Esquel se enterará que el jefe del que empuña el fusil no es otro que Marcelo Tinelli. Es uno más de los nuevos dueños de la patagonia. Los otros: Benetton, Lewis, junto a apellidos más criollos pero igual de hostiles.
La tierra que se compra casi siempre tiene una característica saliente: está bien rodeada de agua o incluye lagos o lagunas de deshielo. Por eso Mauro y otros habitantes de Esquel tienen miedo que un día les pase como a los mexicanos con Texas, que sin que medien balas, pasó a poder de los yanquis por tanta inversión que los norteamericanos habían hecho en la zona. No exagera Mauro.
Antes de Esquel hay una estancia que se llama Leleque. Es un museo ahora y están dentro del millón de hectáreas que tiene Benetton. Es común que en Chubut, cada tanto muera alguna persona y sus deudos prontos vendan a poco precio lo que le correspondió al muerto, como pasó no hace tanto en Epuyén. Hay veces que los favorecidos son gringos, en otras, algunos apellidos menos forasteros.
Los compradores de la tierra en ocasiones aducen causas ecologistas, en otras, directamente no dicen nada. En todos los casos, alambran y ponen seguridad propia. En esto, Benetton es un adelantado. Cuando los pobladores originarios entran a Leleque, la custodia del bueno de Luciano los sigue bien armada a distancia regular. Todo sea por cuidar el medio ambiente.
Mientras, desde los carteles de publicidad y desde las campañas de turismo, los gobiernos ofertan la Patagonia “Argentina” a quienes quieran llegar a observar las grandes extensiones de reservas naturales. Mientras crece la inversión turística y gastronómica. Mientras se incrementa el valor de la hectárea como jamás imaginaron los que estuvieron por aquí siempre. Todo como si fuera una joda para Marcelo Tinelli.
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