Una mirada diferente, una mirada para atender
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Cada 2 de abril se conmemora el Día Mundial de la Concientización sobre el Autismo. TGD Santa Fe agrupa a padres de chicos que deben convivir con este trastorno neurobiológico. Viviana Castro, una de las integrantes, narró su experiencia y remarcó: “Tratamos que los papás observen en los primeros tres años de vida del niño cómo mira a los ojos”.
El desconocimiento y la indiferencia se convierten en enemigos cuando lo que se pretende es concientizar y comprender. Tal parece ser la enseñanza de TGD Padres Santa Fe, la organización no gubernamental que agrupa a padres de chicos con autismo. Una de sus integrantes, Viviana Castro, explicó que “tener un hijo con autismo es tener un hijo que tiene un cerebro que funciona de una forma diferente porque ha tenido un trastorno neurobiológico desde el momento que fue la gestación en la panza de la mamá”.
Amable y precisa, esta madre señaló, en conversación con “Sol de frente” (de lunes a viernes de 16.30 a 19, por Sol 91.5), que “ese cerebro, funcionalmente, tiene afectadas ciertas áreas del desarrollo”. Es decir, “la empatía, ponerse en el lugar del otro, las emociones, interpretar las emociones del otro, trastornos en el lenguaje, no puede comunicarse, no puede mirar a los ojos”, detalló e ilustró: “Si posee lenguaje lo posee de una forma muy ritualista, estereotipada, tiene un repertorio de actividades muy restringido. No sabe jugar, imaginar en el juego y necesita siempre del apoyo de un adulto”.
Viviana también añadió que “algunos de estos chicos pueden estar aislados, pero el que se quiere comunicar le cuesta comunicarse y le cuesta entender al otro. Y ahí viene la frustración”, enfatizó en vísperas al Día Mundial de la Concientización sobre el Autismo que se conmemora cada 2 de abril.
Asimismo, hizo hincapié en que la etapa más dificultosa es “detectar el diagnóstico”. Su hijo, de 16 años, fue diagnosticado a los tres años y medio. “Lo que tratamos desde la concientización es que observen en los primeros tres años de vida del niño cómo mira a los ojos, si tiene un vocabulario mínimo, si está conectado”, esgrimió. Y subrayó: “Sabíamos que este hijo era diferente. Sabíamos que algo le pasaba y no sabíamos qué”. De esa manera se inició un periplo por consultorios de neurólogos, y muchos de ellos decían que era “hiperactivo o más lento, pero no se comunicaba, no tenía reciprocidad”.
Con absoluta seguridad, Viviana aclaró: “El autismo no tiene cura, no es una enfermedad, es un trastorno neurobiológico. Si se toma de chiquito y a tiempo, los trabajos terapéuticos les pueden dar una mejor calidad de vida tanto a los niños como a sus padres”.
En este contexto, los padres de chicos autistas luchan para que sus hijos “tengan los mismos derechos de cualquier niño. Luchamos mucho por tener una ley provincial de autismo, que la tenemos y está reglamentada. Eso abarca una protección integral. Porque el tema era conseguir un banco de escuela. Conseguir un equipo que esté preparado para la estimulación”, recalcó.
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