UNA MONJA ASESINADA DESTAPA LA GUERRA POR LA TIERRA EN LA SELVA DE BRASIL
Sus verdugos tuvieron el atrevimiento de preguntarle, antes de dispararle nueve tiros a quemarropa, si llevaba armas. Dorothy les respondió mientras sacaba a relucir la Biblia: “Sí, llevo ésta”.
Hace 6 días, Dorothy Stang, misionera norteamericana, de 73 años, murió baleada en Anapu, una pequeña y apartada localidad selvática del estado de Pará.
La anécdota de la Biblia la relata un testigo del feroz homicidio, un hombre que por estos días siente, y con razón, que tiene las horas contadas por lo que presenció en Anapu que ni siquiera figura en el mapa del por sí poco visitadoPará. Al borde de la carretera Transamazónica, es un lugar tan ignoto que nadie hubiera sabido de su existencia de no haberse convertido en escenario de una renovada tragedia.
Eso es exactamente lo que representa la violenta muerte de esta anciana, que dedicó sus últimos 23 años de vida a quienes luchan por un pedazo de tierra.
Ayer, Anapu, de apenas 9.000 almas, se convirtió en una ciudadela fortificada.
Clarín estaba allí cuando comenzaron a llegar las tropas enviadas por el gobierno del presidente Lula da Silva y empezaron a instalarse en los alrededores del pueblo.
La operación contempla desplazar, este fin de semana, 2.000 soldados en todo el sur de Pará, una región históricamente conflictiva y abandonada por el poder central.
Lula y sus ministros, después de una prolongada reunión, decidieron la noche del miércoles un amplio paquete de medidas para intentar conjurar la violencia en el campo brasileño que amenaza salir de cauce.
Además de la religiosa, esta semana fueron masacrados otros tres dirigentes agrarios.
Así, sean de derecha, de centro o de izquierda, los gobiernos brasileños parecen destinados a cargar sobre sus espaldas y sus conciencias los asesinatos de campesinos y sus aliados.
Es “tierra de nadie”, definió antes de ayer, con llanto contenido, el senador Sibá Machado.
Ex campesino, formado en el Partido de los Trabajadores, este legislador era íntimo amigo de la religiosa norteamericana.
En la sala plenaria del Senado, Machado cuestionó la tradición de los gobiernos y los políticos brasileños de volver la espalda a estos crímenes sociales.
La muerte de Dorothy era apenas una “cuestión de tiempo”.
El senador Sibá Machado recordó que ese crimen se emparenta con el asesinato de Chico Méndes, un célebre dirigente de los trabajadores del caucho, ocurrido en 1988.
Según Sibá, tanto la religiosa norteamericana, como aquel sindicalista agrario brasileño, fueron víctimas de la misma situación.
En coincidencia con el legislador, el obispo Erwin Krautler, también amigo de Dorothy Stang, dijo que la religiosa “fue asesinada por quienes quieren explotar sin tregua las riquezas amazónicas”.
Prelado de Xingu, una zona predominantemente indígena y campesina de Pará, el obispo Krautler señaló: “Quién manda aquí es el revólver 38. Cuando las cosas no se pueden resolver por amenazas, simplemente eliminan a las personas”. El cuerpo de la religiosa fue enterrado, antes de ayer, en medio de la selva a las orillas del río Anapu.
“Dorothy no será sepultada, será plantada. La sangre de ella no fue derramada en vano”, dijo a modo de rezo, la misionera Julia Depweg, amiga de Stang. Para la Iglesia Católica el caso es un llamado de atención.
La Comisión Pastoral de la Tierra, que preside el obispo Tomás Balduíno, advirtió que la presencia de las Fuerzas Armadas no es más que un “paliativo”. Sin concesiones, fue a las raíces de los conflictos agrarios: “No creemos que las cuestiones sociales puedan ser resueltas sobre la base de la presencial policial o militar. Ese fue un método de la dictadura”.
Lo cierto es que la presencia de fuerzas militares tiene un sentido disuasivo. Según la propia Comisión Pastoral de la Tierra, hay una lista de 140 personas amenazadas de muerte por hacendados, madereros ilegales e individuos que sencillamente se apropiaron ilegalmente de enormes extensiones de tierras fiscales.
En ese terrible listado figuran dos obispos, Pedro Casaldáliga y Heriberto Hermes, uno de origen catalán y el otro norteamericano.
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