UNA MULTITUD DE JÓVENES PEREGRINA A LUJÁN POR LA VIDA Y LA JUSTICIA
Cuando hace tres décadas comenzó a barajarse la posibilidad de organizar una peregrinación juvenil a pie a la Basílica de Nuestra Señora de Luján, eran pocos los que creían que podía funcionar. Ayer, la marcha Nº 31 volvió a confirmar que se trata de la manifestación de fe más multitudinaria del país.
En un día primaveral, miles de jóvenes participaron de la caminata con reclamos de justicia por la tragedia de Cromañón y críticas a la “indiferencia” de los políticos por los más pobres. Según fuentes de la Policía bonaerense, a las 20 la columna —una masa compacta entre Paso del Rey e Ituzaingó— sumaba un millón y medio de personas, cifra similar a la del año pasado.
Poco antes de la partida desde la iglesia de San Cayetano, al mediodía, dos peregrinos “de la primera hora”, Rubén Mercali (47) y Juan Carlos Gastaldo (57) se suman al grupo del Colegio Episcopal de Villa Devoto que, como el resto de las delegaciones de todo el país, se preparan con petardos, bombos y cantos.
“Nos conocimos en los preparativos de la primera peregrinación, en 1975 —recuerda Rubén—. Recorríamos parroquias y escuelas donde pasábamos audiovisuales con la idea de invitarlos a caminar hasta Luján”. El autor de la iniciativa fue el padre Rafael Tello, un teólogo ya fallecido, que en la convulsionada década del 70, creía que hacía falta un hecho masivo que movilizara a los jóvenes, que habían perdido entusiasmo en la fe. En la primera peregrinación participaron 30 mil personas. Fue la única expresión masiva tolerada por la dictadura. Rubén es profesor de Historia del colegio San Cosme y San Damián, de Mataderos, está casado, tiene un hijo de 6 años, y luce con orgullo la viejita pero emotiva remera de la marcha de 1980. Cuenta que hace 30 años, todo era muy precario: “Sólo una mano de Rivadavia quedaba liberada para los peregrinos. Ahí surgió el famoso cantito ‘A la dere, a la dere, a la derecha por favor'”. Juan Carlos —asistente social, casado y dos hijos de 20 y pico—, apoyado en un bastón por las secuelas de la poliomelitis, recuerda: “En 1978, las autoridades ordenaron el corte total del tránsito”.
Ambos se contagian del clima eufórico de la multitud, la mayoría son jóvenes que promedian los 18, identificados por sus colegios y parroquias. Todos amenizan la espera con música de bailanta o de rock. Llevan botellas de agua, mochilas y gorros para protegerse del sol. Cada tanto, entre ellos aparece un vendedor de rosarios que los ofrece a un peso. Y en las esquinas, hasta los simpatizantes de Mauricio Macri y del ARI aprovechan el gentío para repartir su propaganda electoral.
A las 12.30 en punto sale del popular santuario de San Cayetano la llamada “imagen cabecera” de la Virgen de Luján, que acompañará a los peregrinos a lo largo de 65 kilómetros. El obispo auxiliar de Buenos Aires, monseñor Jorge Lozano, bendijo a los peregrinos y rogó a la Virgen que “proteja a los jóvenes de la violencia, la indigencia, la droga y el alcohol que golpea sus vidas”.
Este año, la peregrinación tiene el lema: “Madre, enséñanos a cuidar la vida”. Son los familiares de las víctimas y sobrevivientes de Cromañón quienes cargan la imagen y salen a la avenida Rivadavia. Llevan pancartas con las fotos de sus hijos, nietos o amigos muertos en la tragedia del 30 de diciembre y en sus remeras blancas se lee la lista de los nombres de las 194 víctimas.
“Es la primera vez que vengo”, cuenta Dora a Clarín, tía de Lucas Gavilán, de 17 años, que murió en el boliche de Once. “Esta manifestación de fe nos alivia un poco la terrible angustia que sentimos”, dice con lágrimas. Monseñor Lozano le pidió a la Virgen que acompañe a los familiares de Cromañón que “anhelan verdad y justicia”. También imploró que les enseñe a los jóvenes a discernir “qué hacer cuando los tiempos de la política no coinciden con los de los más indefensos y vulnerables, o cuando el calendario electoral marca qué verdades han de esperar”.
Muchos caminan hasta Luján para cumplir promesas. Rubén y Juan Carlos confiesan que varios años pidieron por la salud de sus familiares y que ahora prefieren dar las gracias. Después de 31 peregrinaciones, siguen conmovidos por la devoción a la Virgen.
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