UNA MULTITUD EN LA PRIMERA MISA EN HOMENAJE AL PAPA EN EL VATICANO
Una multitud, que osciló entre las 130.000 y las 180.000 personas, colmó la Plaza de San Pedro para participar en la primera de las nueve grandes misas con que se rinde homenaje al papa Karol Wojtyla, fallecido ayer, a quien el ex secretario de Estado de la Santa Sede, cardenal Angelo Sodano, proclamó como “Juan Pablo II, el grande”.
La plaza frente a la mole de la Basílica de San Pedro fue ocupada por un río de gente que se desbordó por la amplia Via della Conciliazione y las calles adyacentes. Los apretones y el cansancio se cobraron la primera víctima fatal. La ucraniana Irina Zozuk de 54 años, cayó fulminada en medio de la misa y su hijo de 25 años comenzó a clamar por auxilio. De inmediato, personal sanitario la trasladó al Hospital de Santo Spirito donde falleció de un ataque al corazón.
Once veces la gente estalló en aplausos cuando en una gran pantalla apareció la imagen del Papa. A la ovación los jóvenes, incansables, le añadían cantos y palmas. En medio de un ambiente de gran emoción, donde las lágrimas estuvieron constantemente presentes, una gran cantidad de cardenales, obispos, autoridades italianas y el cuerpo diplomático se instalaron frente a la Basílica. La multitud fue un adelanto de lo que sucederá hoy cuando los restos de Juan Pablo II sean expuestos en la Basílica para recibir el homenaje popular.
“Confiamos a Dios a nuestro papa Juan Pablo II que nos ha guiado durante 27 años, proclamó el cardenal Angelo Sodano, al comenzar la misa que fue acogida de inmediato con grandes aplausos y nuevas muestras de dolor colectivo. Entre los asistentes había muchas personas en sillas de ruedas y familias con chicos pequeños, algunos sobre los hombros.
El Papa ha muerto sereno, indicó Sodano, “y de esa serenidad han sido testigos quienes estaban junto a Juan Pablo II, y es fruto de la fe”. Al finalizar la misa, se produjo un momento de gran emoción cuando monseñor Leonardo Sandri, el arzobispo argentino, “ministro” del Interior de la Santa Sede, leyó la homilía que había preparado el Papa para ayer, cuando se conmemoraba el Regina Coeli. “Lo leo sabiendo que es un gran honor pero también con mucha nostalgia”, dijo Sandri que en los últimos tiempos era “la voz” del Papa.
En medio de un estremecedor silencio, Sandri leyó: “Resuena hoy el alegre Aleluya de la Pascua. La actual página del Evangelio de Juan subraya que el Resucitado, la noche de ese día, se apareció a los apóstoles y les mostró las manos y el costado, signos de la dolorosa pasión impresos de manera indeleble en su cuerpo”.
Continuó diciendo el texto del Papa: “A la humanidad, que a veces parece perdida y dominada por el poder del mal, el egoísmo y el miedo, el Señor resucitado ofrece como don su amor que perdona, reconcilia y reabre el ánimo a la esperanza. Es amor que convierte los corazones y dona la paz. ¡Cuánta necesidad tiene el mundo de comprender y de acoger la Divina Misericordia!”.
Entre la multitud banderas de Italia, Polonia, Brasil, Venezuela, México y Argentina. “Trabajamos cerca de Roma y hemos querido rendir nuestro homenaje al Papa”, explicó Joaquín, un porteño de 26 años, acompañado de su novia italiana.
Farolas, las bases de las dos fuentes que embellecen la Plaza y hasta en el mismo suelo han sido convertidos en lugares cuajados de flores, cirios, e imágenes religiosas además de fotografías del Papa acompañadas de conmovedores mensajes. “La verdad es que mucha gente no se convence que haya muerto. Muchos mantienen la vista sobre las ventanas de su estudio (en el tercer piso del Palacio) esperando que se abran y aparezca otra vez”, explicó a Clarín una joven polaca que lloraba desconsoladamente.
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