UNA MULTITUD LLEGÓ A PIE A LUJÁN
En la misa de cierre se leyó en la basílica una severa carta del arzobispo de Buenos Aires, cardenal Bergoglio, quien se encontraba en Roma participando del Sínodo de los Obispos sobre la Eucaristía
El mensaje de Bergoglio llegó hasta Luján mediante una carta enviada desde Roma.
La multitudinaria peregrinación juvenil a Luján, que concluyó ayer, fue el marco de una renovada denuncia política y social de la Iglesia en torno a la “situación de emergencia” que padece la niñez y la juventud en el país.
En un contexto nacional atravesado como nunca por las lecturas políticas de hechos concretos y simbólicos, el cierre de la peregrinación se constituyó así en un acto que excedió lo estrictamente religioso para convertirse en caja de resonancia de problemáticas que tocan directamente a la sociedad, como las 194 víctimas del incendio del boliche Cromanón y los desaparecidos de la última dictadura.
En ese marco, y a escasos 20 días de las elecciones legislativas, la Iglesia exhortó a las autoridades a no permanecer “indolentes o indiferentes frente al vía crucis de las familias” más postergadas.
El planteo estuvo en una carta del arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio –quien se encontraba en Roma participando del Sínodo de los Obispos sobre la Eucaristía– que fue leída en la misa de cierre de la peregrinación juvenil a Luján, frente a una multitud.
El encargado de su lectura fue el vicario general de Buenos Aires, monseñor Joaquín Sucunza, quien, en primer término, rogó “por los que no están con nosotros, especialmente por los chicos de Cromañón y los que desaparecieron”.
Bajo el lema “Madre, ayúdanos a cuidar la vida”, el mensaje de Bergoglio remarcó que “en los últimos años se han incorporado al paisaje ciudadano nuevas realidades: cortes de calles, piquetes, gente viviendo en las veredas. Una realidad, a mi parecer la más dolorosa, que se ha impuesto en este paisaje, que tiene como protagonistas a los niños”.
“La presencia de situaciones injustas y riesgosas de las que son víctimas nuestros niños, niñas y adolescentes nos golpean y conmueven”, agregó el arzobispo.
El cardenal mencionó además a niños y jóvenes “en situación de calle, mendigando, durmiendo en estaciones de subtes y ferrocarriles, en zaguanes y recovas; en ocasiones aspirando solos o grupalmente”. “Niños y adolescentes cartoneando y hurgando en la basura en búsqueda quizá de su única comida diaria, aun en horas entradas de la noche”, destacó.
“Debemos tomar conciencia de que cada chico marginado, abandonado o en situación de calle, con deficiente acceso a los beneficios de la educación y la salud, es la expresión cabal no sólo de una injusticia sino de un fracaso institucional que incluye tanto a la familia como también a sus vecinos, a las instituciones barriales, a su parroquia y a los distintos estamentos del Estado en sus diversas expresiones”, afirmó en una mixtura de denuncia, autocrítica y diagnostico político social.
Y agregó: “Muchas de estas situaciones reclaman una respuesta inmediata, pero no con la inmediatez de las luces de bengala”.
“Nunca la niñez abandonada en nuestra ciudad. Nunca la adolescencia y la juventud marginada en nuestra ciudad. Ningún cristiano, ninguna parroquia, ninguna autoridad indolente o indiferente frente al vía crucis de nuestras familias y de nuestros niños”, expresó Bergoglio, a modo de ideal, en la carta.
“Ningún egoísmo –continuó– o interés personal o sectorial menguando el esfuerzo y el compromiso que dilate la necesaria unidad y coordinación para el esfuerzo impostergable e inmediato”, postuló.
Sobre el final del texto afirmó que “los Herodes de hoy tienen muchos rostros diversos, pero la realidad es la misma: se mata a los niños, se mata su sonrisa, se mata la esperanza, son carne de cañón”.
Por último hizo un llamado a la esperanza al señalar: “Miremos con ojos renovados a estos niños de nuestra ciudad y animémonos a llorar. Miremos a la Virgen y digámosle desde el llanto de nuestro corazón: Madre, ayúdanos a cuidar la vida”.
Según estimaciones de la policía bonaerense, alrededor de un millón y medio de peregrinos llegaron a Luján en una fuerte demostración de fe en la que estuvo presente la oración y también el reclamo de justicia por los chicos que murieron en Cromañón. Frente a la basílica, junto al altar se ubicaron en primera fila familiares de las víctimas con sus fotos y remeras identificatorias.
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